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¿Renace unísono clamor? Bahl gobernador…

El rumor no surgió de su entorno eminentemente político. Tampoco circuló en los pasillos de la Vicegobernación. Se generó desde el Interior profundo entrerriano y en especial repercutió fuerte en Concordia. Si bien Adán Bahl es el más firme candidato a dirimir en el 2019 la presidencia del municipio capitalino, en varias localidades le han transmitido el popular clamor que vaya por la gobernación.

 

Todo parte de algunos carteles apreciados en distintos puntos de la provincia, pero se afianza con las consultas primarias que hemos acometido. Y no hablamos del dictamen de la militancia… Es el parecer de vecinos de la Costa del Uruguay que confían en la calidad de gestión del actual vicegobernador.

Ya en el 2015 Bahl había sido bendecido para recorrer Entre Ríos, pero un enroque “sugerido” cambió la fórmula y el hoy presidente de la Cámara Alta debió resignar aspiraciones.

 

La amargura de las bases en la Costa del Paraná y la Campaña fue honda. Un mazazo que caló profundo en la confianza que se había depositado en sus principios, en sus valores, en su experiencia a lo largo de tantos años en altos cargos de la Casa Gris.

 

Es que Adán Bahl había dado señales inequívocas de eso que el Pueblo necesita: políticos que transmitan confiabilidad.

A lo largo y ancho de Entre Ríos, en cada acto donde Bahl fue el principal orador de aquella Campaña, se vio no solo a militantes o seguidores partidarios sino fue halagüeño apreciar a familias, a vecinos comunes, interesados en escuchar su propuesta transformadora.

 

Y con su pragmática sinceridad, con su distintiva franqueza, Bahl consolidó la idea inherente a que los políticos no solo son personas comunes sino que deben ser lo más parecido a una persona común, esgrimiendo ejecutividad eficiencia en la gestión de las soluciones que la gente demanda garantizando una recta administración.

 

Bahl ha sido en cada rol encomendado un ejemplo de trinchera cívica. Incorruptible. Insobornable. Ha ocupado con plena dignidad, de manera impecable, irreprochable, los más altos cargos ministeriales y hoy es un sostén de trascendencia en el gobierno de Bordet.

El paranaense ha sido legítimamente rotulado como un luchador por la decencia y el Federalismo esgrimiendo loable erudición, admirable idoneidad para dominar como pocos todas las materias de interés público.

 

Ahora bien, una imagen es el conjunto de significados por los que llegamos a conocer a un candidato o determinada organización política, y a través de la cual las personas la describen, recuerdan y relacionan. Es el resultado de la interacción de creencias, ideas, sentimientos e impresiones que sobre los candidatos tiene una persona (o un conjunto de personas)

 

Para generar imagen no basta desarrollar un poster bonito, utilizar colores electrizantes e inundar los medios de comunicación de slogans y jingles. La mejor imagen es aquella que comulga íntegramente con los valores y las creencias que el candidato desea promover.

En política, la imagen es la representación, o proceso físico-psicológico, que el elector se hace de un partido o candidato. La imagen del candidato es la manera como es percibido, no necesariamente como es en realidad.

 

De nada sirve ser un gran activista político, un organizador de masas o un hábil operador, si la imagen pública que trasmite es mala, pobre o mediocre.

La imagen de un candidato es la percepción que tienen los ciudadanos de su carácter interno, una impresión construida a partir de su apariencia física, estilo de vida, porte, acciones, conducta, modales y discurso.

 

Bahl encarna un símbolo de honestidad, de pureza que no solo se trasluce en el manejo de las cuentas públicas, sino en una actitud de corrección constante que lo acompaña en todas las instancias de su vida, asumiendo una concepción de la política basada en las prácticas éticas y la moralidad de la acción pública.

 

Lamentablemente la experiencia nos enseña que la política es un cementerio repleto de personas con buenas ideas y nobles intenciones. Muchos políticos saben exactamente qué es lo que está mal en sus países, provincia, ciudades y tienen ideas muy convincentes e innovadoras para solucionar estos problemas, pero pierden en la arena de la lucha política.

 

No es la primera vez que lo expresamos… Los políticos exitosos saben lo que quieren y planean sus campañas estratégicamente. Una de las reglas básicas de la política es que uno puede utilizar cualquier plataforma para promoverse a sí mismo y a su carrera. Existe, sin embargo, un prerrequisito: hay que tener un mensaje.

Hay que tener algo que decir que sea relevante para las personas, que lo distinga de los demás contendientes y presentarlo de una manera tal que parezca nuevo e interesante.

 

Los buenos políticos consiguen convencer a los electores de que trabajarán en su beneficio, saben expresar sus mensajes de forma que las personas entiendan lo que ellos quieren y se convenzan de que, una vez electo, el político cumplirá lo que prometió.

Los políticos exitosos no tienen miedo de los ataques de sus oponentes políticos. Saben que necesitan a esos contrincantes para generar perfil y credibilidad.

 

Los políticos exitosos tienen conciencia de lo que sus electores quieren, y se exponen ante ellos y ante los medios de comunicación. Ellos saben identificar y utilizar los recursos para hacer que sus campañas despeguen.

Mientras, el elector pensante, cree cada vez menos en una casta que pareciera –mayoritariamente- haber perdido todo vestigio de lo ético, de lo veraz, del compromiso, de la palabra, deshonrando un cargo que supo tener ilustres personalidades y nada menos que caudillos, admirables patriotas.

 

Que hoy se vuelva a hablar de una potencial candidatura de Adán Bahl a la gobernación no es descabellado.

El vicegobernador está comprometido con el futuro de una gran Argentina y con convicciones profundamente democráticas.

 

La presunta irrupción de Adán Bahl como precandidato a gobernador promueve el renacer esperanzado de esa percepción en lo inherente a que se puede llevar adelante una gestión sana, sin tanto disenso interno, sin tanta división, sin tantos intereses particulares, sin aroma a traiciones, a mezquindad, a ambiciones espurias.

La conducta serena y cordial, la prudencia en su expresión, en los modales, la mesura en su gesticulación, revela la paz interior de un tipo humilde como Bahl quien a su vez eleva la calidad del debate político aportando ideas y soluciones posibles y sostenibles, trasuntando una postura de plena disposición a resolver los problemas y no a seguir enredados en ellos.

 

En el 2015 Bahl cautivó al electorado de ésta Costa y también lo hizo en cada punto de la provincia que tocó. Era hasta aquellos primeros días de junio EL GRAN CANDIDATO de la gente, interpretando con excelsa congruencia el desafío con sus años de experiencia como ministro de Busti y después de Urribarri, absorbiendo la premisa en cuanto a que se debe y puede administrar bien, creativamente, prolijamente. Ser eficientes, aceptando limitaciones, prescindiendo de promesas incumplibles o sueños improductivos.

Bahl percibió con eminente sapiencia que la bravura, el coraje de la clase política entrerriana está en exponer no solo capacidad de lucha, sino -de modo esencial- potencial de entendimiento. Y con valor asumió el reto de edificar un proyecto profundamente democrático y diverso que una lo que somos y lo que podemos ser, rehusando las visiones típicamente egocéntricas de la política.

 

No obstante, Bahl volvió a ser leal. Robusteciendo su hidalguía, su quijotismo. En cada uno de sus actos esgrimió responsabilidad, innovación, vocación de servicio, valoración de ideas, compromiso, y motivó a que lo acompañen con trabajo conjunto, esfuerzo convergente, estableciendo objetivos ambiciosos pero con los pies sobre la tierra.

Bahl interpretó el contexto en cuanto a que para fomentar dicho bienestar ello requerirá sacrificios y decisiones que no necesariamente serán del agrado de todos, pero sí para beneficio de todos.

 

Su campaña impulsó el dogma en cuanto a que se debe persistir en el diálogo, en la apertura y la participación. Pregonando que es insoslayable trabajar unidos en cada rincón de la provincia como si fuera el propio frente y/o interior de nuestra casa. Por ello fue más leal que nunca, aún en su propio desmedro.

Con una fidelidad paradigmática, abogó por la unión, esgrimiendo la bandera del respeto probo por todos, en especial por el Modelo.

 

Bahl sigue representando el más claro ejemplo de que las personas íntegras pueden ser verdaderos agentes de cambio y transformación, manteniendo hasta el día de hoy dentro del Peronismo el compromiso de edificar, desde donde le tocara, la construcción de un futuro argentino mejor.

¿Qué actitud tomará? Lamentamos no tener la más ínfima pista…