Maran Suites & Towers

¿Cuánto puede afectar a un país que su presidente no salude a Fin de Año?

Discrepamos abiertamente, desde nuestro advenimiento para ser más específicos, con ciertas actitudes, conductas, posturas, comportamientos, medidas de nuestra presidenta de la Nación. Basta repasar nuestros Archivos para constatarlo. Pero siempre fundamentamos, dimos argumento contundente a las reprobaciones, jamás incurriendo en la crítica caprichosa o peor aún, de intereses espurios. Hoy, reprobamos tajantemente la posición de algunos medios de Prensa en querer, de modo permanente, buscarle la quinta pata al gato y NO SER CLAROS. Como desde su asunción ocurre, por estos días se le pega a la mandataria a raíz de su no saludar ante las Fiestas Navideñas y de Año Nuevo. Apuntan (¿logísticamente?) mal en la detracción.

 

A diferencia de otros presidentes, Cristina Fernández de Kirchner no saluda en las fiestas de Navidad y Año Nuevo. ¿Es un pecado? ¿Causa algún daño a la ciudadanía? ¿Provoca algún perjuicio cívico? ¿Vulnera Derechos? ¿Quebranta la Constitución?

 

Las respuestas son NEGATIVAS, obviamente. A lo sumo, CFK puede continuar resquebrajando su propia imagen, esa que solo cobra adeptos en su entorno presidencial y/o de militancia.

 

Más allá de su LÓGICO gesto compungido, cabizbajo, desconsolado, afligido, tras la muerte de Néstor Kirchner, de sus piruetas danzarinas en distintos actos o celebraciones, en sus ademanes ampulosos teniendo a los “aplaudidores” atrás para conferirle un efecto eufórico a sus palabras, el Pueblo cuando ha votado en favor de CFK lo hizo NO POR SU CARISMA sino por gestión, actos de gobierno y ESENCIALMENTE por algunas decisiones de alto impacto POPULAR que beneficiaron con DERECHOS lucrativos, híper ventajosos, a determinados sectores de la sociedad argentina.

 

Pero estamos SEGUROS que en sus distintos porcentuales productivos, tras cada comicio en el que estuvo en juego su GOBERNABILIDAD, MUY, PERO MUY POCOS la votaron por su “ángel”, por sus procederes magnánimos, obsequiosos. Hubo argentinos convencidos en que era lo mejor para el país la continuidad del kirchnerismo, hubo otros que emitieron su voto positivo por mantener ciertos “beneficios”, desde lo social a lo singular, como no olvidemos que también se plasmaron sufragios “castigo”.

 

Basta analizar, en una fría estadística de ingresos per cápita, cómo se estructuran los nuevos sectores de la sociedad, mutando en absoluto los antiguos estratos de clase “alta”, “media” y “baja”. Así, podrá dilucidarse cómo se ha dado la consolidación de la Era K en la Argentina.

 

Por ende, REAFIRMAMOS, Cristina Fernández NO consiguió seducir, encantar a las masas por sus rictus pletóricos en cordialidad, simpatía. La empatía consolidada en su momento NO FUE por devoción hacia sus mohines o muecas cariñosas, campechanas.

 

CFK LEJÍSIMO estuvo del don, de la gracia de un Néstor Kirchner que se salía de todo protocolo para abrazarse con cualquiera. Por consecuencia, ¿hasta cuándo van a seguir los periodistas porteños hablando que la presidenta no dio un mensaje navideño ni de Año Nuevo???

 

Dilma Rousseff, Michelle Bachelet, el saliente Sebastián Piñera, el colombiano Juan Manuel Santos, potenciaron el contraste con Cristina, o el uruguayo José Mujica organizó en su residencia oficial un almuerzo para cientos de invitados, en su mayoría niños y adolescentes de bajos recursos. Listo… ¿Qué se le va a hacer???

 

Barack Obama (con una foto con su esposa en Twitter) y Vladimir Putin, por cadena nacional también remarcaron la disparidad de criterios presidenciales en estas Fiestas.

 

Pero el matrimonio Kirchner, durante sus más de 10 años de gobierno, NO acostumbró a dar saludos de Fin de Año. De hecho que la presidenta grabó una sola vez un mensaje, en 2010, que se emitió la noche del 30 de diciembre, a poco más de dos meses de la muerte de su esposo.

 

Pareciera que la prensa porteña se inmolara ante la opinión pública al no reflejar el alarmante error de protocolo de Cristina. El inquietante desliz de NO CONDUCIR los operativos frente a los gravísimos padecimientos de tantos argentinos sin luz ni agua.

De eso había que hablar. Ese fue el yerro, el desacierto que realmente COMPROMETIÓ la imagen de la mandataria.

 

Cristina mostró una indiferencia preocupante ante la angustia, la desazón, la congoja, el desconsuelo de miles de argentinos que una vez más purgaron por los HORRORES de un Estado nacional incumplidor.

 

Lo que menos interesa hoy es si saludó o no por las Fiestas. Lo que VALÍA era actuar oportuna y adecuadamente para, mínimamente, PALIAR la tristeza de tanta gente que ha soportado profundos perjuicios de toda índole por una crisis energética INDISIMULABLE que sigue sin ser RECONOCIDA APROPIADAMENTE por un Estado que en esta problemática continúa sin dar en la tecla, como desde el mismo retorno de la bendita democracia.