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Servini de Cubría y un fallo tan infausto como “oportuno”

ESPECIAL (por Francisco Pancho Calderón).- La determinación arbitraria y riesgosa para la democracia, adoptada por la jueza Servini de Cubría, interviniendo el PJ nacional, constituye un claro avasallamiento a la vida interna del Justicialismo argentino. No obstante, quizás sea el acicate clave para reconsiderar distintos aspectos contradictorios y perniciosos.

 

Una sentencia tan despótica como oscura que pone en vilo la libertad política de la República, teniendo por objeto deteriorar la imagen de un Partido que, precisamente, busca reformular su esencia pero por los canales intrínsecos, no mediante una intervención humillante, proclive a sojuzgar, a oprimir, a someter y solapadamente persecutoria.

Es obvio que ya nada nos debe sorprender en este Gobierno autocrático, de un presidente manipulador como Mauricio Macri.

Se judicializa la política con un extremo peligro de tiranizarla, con el malicioso propósito de lograr divisiones ventajosas para fines espurios.

El PJ tiene un sello indeleble, de lucha, resistencia, tenacidad, firmeza. Y obviamente, se han cometido errores, algunos de ellos, que precisan tan profunda como oportuna conversión, volviendo a las fuentes, repensando las raíces que lo llevaron a hondos replanteos, a sensibles restauraciones luego de derrocamientos y/o proscripciones.

Sin embargo, hoy, no debe solo repudiar y apelar un dictamen infame… Es imprescindible restituir el orden íntimo y regenerar la unión hoy quebrada por objetivos ególatras, claramente visibles desde hace muchos años.

El Justicialismo precisa más sano debate introspectivo. Es insoslayable movilizarse entrañablemente para recuperar el loable atributo de constituirse como la más genuina expresión de consensuada convocatoria popular.

Servini de Cubría, en un laudo “oportuno”, aplastó a un Partido fraccionado, roto.

No lo neguemos. Es ineluctable admitir la insalubre fragmentación sufrida por apetencias mezquinas, por ambiciones miserables, prescindiendo, excluyendo en vez de ensamblar, soldar ideas renovadas sustentando las bases, los principios de una doctrina incuestionable.

La juez, en una operación astuta, actuó con su habitual conducta polémica pero atenta a una denuncia desde las entrañas del PJ, acicateada por traiciones que no asombran.

El escenario estaba planteado y/o diagramado por sectores proclives a resembrar la desintegración.

Días atrás… Previo al desembarco de Pichetto enuncié el maquiavélico dogma “divide y vencerás…”. No me equivoqué. Basta mirar la foto de La Cumbre de Gualeguaychú. Miren las caras, los rostros, los gestos de quienes rodeaban a un avieso Pichetto.

Lo anuncié… Repasen uno por uno… Evalúen sus historias. Sus antecedentes. Qué supieron jurar. Tomados de qué mano llegaron a ocupar pomposos cargos, lucir investiduras diplomáticas.

¿Y hoy? ¿Qué pasó? ¿Qué sucede Compañeros?

¡Autocrítica YA!!! Basta de especulaciones, cavilaciones. Terminen de elucubrar y formulen URGENTE una honda introspección.

Hay que tomar consciencia de lo que ha ocurrido. Meditar sensiblemente. Y obrar con prudencia, raciocinio, sensatez.

El gobierno democrático argentino está en juego. Urge recuperar cuanto antes la cualidad sustancial de la Justicia Social perdida.