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San Martín al final: tierra de nadie…

ESPECIAL (por Francisco Pancho Calderón).- Nadie discute la preocupación del gobernador Sergio Urribarri porque no solo en Paraná, sino en todo el territorio entrerriano, impere un marco de seguridad ideal. En el caso de la capital provincial se aprecia un desvelo por el mejoramiento de las condiciones en las que el personal policial patrulla las calles y/o puede actuar ante ilícitos de diversa índole. Sin embargo, ya no sabemos como ROGAR que extremen recaudos en una zona ya harto peligrosa como calle San Martín entre Villaguay e Ituzaingó.

 

En realidad es en cuatro manzanas a la redonda donde se reiteran los ataques perpetrados o por una dupla de malhechores que andan en moto, o por jóvenes delincuentes, digamos que hasta adolescentes, quienes se mueven de a pie con una velocidad similar a la del jamaiquino Bolt.

Ya nuestro Diario Digital ha hablado extensamente de la INSEGURIDAD que impera en el barrio, a solo dos o tres cuadras como máximo de la Peatonal San Martín. De hecho que anticipamos el cierre de un comercio y ocurrió con la despensa que estaba ubicada en San Martín y Sebastián Vásquez, siendo sus propietarios víctimas en CINCO oportunidades de asaltos a mano armada.

 

Hemos contado lo que le ha ocurrido al Drusgtore del Apart Hotel Entre Ríos, sobre calle Montevideo, a escasos metros de San Martín, y también narramos la angustia de vecinos que han tenido que apelar a armarse para defender sus propiedades, habida cuenta que, sin ir más lejos, hace poco tiempo ladrones ingresaron a primeras horas de la mañana a un domicilio particular lindante con la Peluquería Julio César. O hablando de dicho local, en no menos de un par de veces, en dicha esquina han sido arrebatadas personas mayores.

 

Ahora, o más precisamente el lunes cerca de las 22 le tocó el turno a la pizzería Qué Pizza, ubicada en la esquina de San Martín e Ituzaingó.

En breves minutos, dos cacos entraron con cascos puestos y ambos portando armas redujeron al personal, encerrando a la encargada, el cadete y dos cocineras en un baño, mientras ellos tomaban cerca de dos mil pesos, un celular y una cartera con pertenencias particulares de la responsable del local.

Luego, raudamente, se dieron a la fuga y más allá de la rápida llegada de personal policial no se logró ubicar a los delincuentes.

Si bien se realizó la denuncia del caso y se tomaron huellas dactilares en el procedimiento habitual ante éstos ilícitos, NADA se pudo hacer y el propietario del comercio no tendrá más remedio que imitar a colegas de calle San Martín entre Sebastián Vásquez y Montevideo, quienes decidieron atender tras las rejas.

 

Al parecer, NO HAY DERECHOS HUMANOS para comerciantes o vecinos de ésta zona. Hay que vivir atemorizados, salir de los hogares con lo justo y temiendo al atraco en cuestión de segundos, atender negocios encerrados, o lisa y llanamente tener un arma a mano para sentirse PROTEGIDO.

 

¿La Policía?… Bien gracias… Siguen las rondas, los jóvenes egresados de la Escuela Salvador Maciá ubicados en esquinas en horarios de comercio, pero a la siesta y a la noche, SÁLVESE QUIEN PUEDA.

Quizás se esté esperando una TRAGEDIA, que maten a alguien o por qué no… QUE ALGUIEN REACCIONE Y TERMINE UN LADRON MUERTO a manos de Justiciero/s.

 

Hemos pedido por éste medio PROTECCIÓN las 24 horas, coordinar patrullas, establecer puntos de verificación de datos a transeúntes, QUE A NADIE DEBERÍA MOLESTAR si se haya encuadrado dentro de la ley. O por qué no, instalar una garita en la esquina de San Martín y Feliciano.

 

Pero NO… Reiteramos… Muy buena voluntad en poner guardias de 8 a 12 y de 16 a 20. Después, “ADELANTE SEÑORES CACOS… HAGAN LO QUE QUIERAN…”… ¿Cuántos robos van?… Hasta una vez se asaltó y se quiso sacarle el arma reglamentaria a un policía que custodiaba un edificio donde vive una familiar de un colega.

Honestamente, nos extraña la actitud de los amigos de la Policía de Entre Ríos. Hemos hecho público nuestros respetos y aprecio hacia Roberto Massuh, como hacia otros Comisarios como el caso de Carlos Schmunk, pero NOS SENTIMOS CADA VEZ MAS SOLOS en ésta céntrica zona.

 

Al parecer, estamos CONDENADOS a vivir temiendo por nuestras vidas.