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Murió Lorenzo Quinteros, un actor ilustre

Dueño de una máscara única, lo suyo parecía ser el drama, pero, en realidad, lo que más definía a Lorenzo Quinteros era su versatilidad para el género que fuera. Nacido en 1945, murió este martes, a los 73 años, arrinconado por una salud frágil como consecuencia de un ACV que había sufrido en 2015.

 

Apenas se conoció la noticia de su muerte, sus colegas y ex alumnos lo despidieron con admiración y dolor en las redes sociales. La Asociación Argentina de Actores también utilizó Twitter y Facebook para darle el adiós a un grande de la escena nacional: “Falleció el actor y director Lorenzo Quinteros. Su trayectoria de más de medio siglo incluye destacados trabajos en cine, teatro y televisión. Nuestras condolencias a sus hijos, familiares, amigos y compañeros de trabajo”.

 

Quinteros había nacido en Monte Buey, provincia de Córdoba, donde comenzó a coquetear con la música. El creía, en un principio, que su camino seguiría detrás del trombón y del clarinete, los instrumentos que mejor manejaba en la banda de su pueblo. De todos modos, fue ahí donde dio sus primeros pasos como actor, con la puesta amateur de Los árboles mueren de pie, clásico de Alejandro Casona. A los 18 se instaló en una pensión porteña para comenzar a dibujar su oficio.

 

Honestamente brutal y profundamente admirado por sus pares, en las entrevistas ponía todas las cartas sobra la mesa, aún las que otros hubieran escondido. En 2007, en charla con Clarín, reconoció: “A mí me ha llegado la noticia, por ejemplo, de que no soy un tipo tratable, que soy difícil. Y no es cierto… Te lo pueden decir todos los directores que tuve. Me da bronca, porque eso te quita trabajo, te saca espacio. Me molesta cuando alguien queda excluido por un rumor”.

 

Brillaba por un humor exquisito, un manejo de la ironía que lo destacaba en una mesa de café, en un alto de grabación, en un reportaje, donde fuera. También confesaba que “no soy un tipo de un humor permanente, a veces lo pierdo con cierta facilidad. Hay cosas muy ingenuas con las que me divierto mucho”.

 

Tenía cuatro hijos (los tres primeros fruto de su matrimonio con la actriz Tina Serrano) y con el menor pudo, según su propio relato, hacer cosas que con los mayores “no tuve el saber para hacerlo”.

 

Hablaba muy claro, Quinteros. Algunas notas, más allá de la coyuntura que las dispararan, terminaban con cierto aroma a sesión de análisis, con un “paciente” muy conversador y autocrítico.

 

Egresado de la Escuela Nacional de Arte Dramático en 1968, rápidamente hilvanó una sucesión de actuaciones que casi siempre despertaron el elogio de la crítica. Como cuando en 1986 compuso a ese médico clave de Hombre mirando al sudeste, película de Eliseo Subiela, que coprotagonizó con Hugo Soto.

 

Contaba que cuando “me recibí de actor”, no siguió los pasos de la mayoría de sus compañeros, que “fueron a pedir trabajo a la televisión”. Optó por armar su propio grupo de teatro. De todos modos, siempre que pudo dejó en claro que no despreciaba la pantalla chica: “Sólo pienso que hay que hacerla mejor. Si me ofrecen un buen programa no me niego al oficio”. A los poco meses de esa declaración era un actor más del elenco de El hombre que volvió de la muerte, miniserie del viejo Canal 13.

 

En la TV tuvo un paso glorioso por unitarios como Culpables, Por ese palpitar y Zona de riesgo. La pantalla grande también le permitió lucirse en Las puertitas del Sr. López y El Censor, entre otras. En teatro fue dirigido por otros grandes, como en Los invertidos (a las órdenes de Alberto Ure), El amante (Raúl Serrano) o El campo (Augusto Fernandes).

 

El mes pasado, en el festejo por los 100 años de la Asociación Argentina de Actores, recibió un homenaje y una ovación por sus 50 años de afiliado. Y unos cuantos más como artista.