En la piel de Barsanti…

Por estas horas, un reconocido coach de prestigio mundial, habla en las Redes Sociales acerca de “la soledad del entrenador”. Una Columna Editorial interesante, aunque con un tinte subjetivo particular, apropiado a la habitual escasa o nula autocrítica de muchos directores técnicos, sobre todo de alta competencia. El escrito, sencillo, sucinto, nos contagia a focalizar la atención en Ignacio Barsanti, head coach de Echagüe. El joven guía del peor equipo de la Liga Nacional 2016/2017 tiene la compleja misión de evitar la pérdida de la categoría. Si en 20 juegos no logró modificar la esencia de un conjunto inconexo, es casi ilusorio pensar que podrá consumar esa misión en tan breve lapso desde el último revés ante Libertad y el inicio de los Playoffs por la Permanencia.

 

Barsanti fue el elegido para dirigir TNA y armó la columna vertebral pensando precisamente en esa División. Luego, la dirigencia encaró el desafío de adquirir plaza de Liga, puso sobre Barsanti a Daniel Maffei, quien con algunos retoques de personal pasó a conducir el barco.

Tras 18 partidos, el nicoleño fue desplazado y otra vez Barsanti, contra viento y marea (rechazado por sus propios colegas al estar “flojo de papeles…”) asumió la misión, con una plantilla soportando variados problemas psicofísicos y con menos chances de recambios por todo lo usufructuado por el saliente.

 

Luego de 11 noches con diferentes sensaciones, optó por hacer caso a la CODITEP/ATEBARA y le dejó el timón a Najnudel quien con 18 confrontaciones se percató que el conflicto interno del “Negro” lo excedía. Así, en otra turbulenta coyuntura, Barsanti consintió la oferta directriz y se puso otra vez el traje de DT con puros resultados aciagos.

Nada mutó. Nada varió. Más lesiones, bajos rendimientos singulares, individualismo remarcado, y lo peor… Declaraciones y actitudes necias, porfiadas…

 

Esa terquedad fue la que hundió a Maffei, a Najnudel y a tantos entrenadores en la historia del básquet mundial, que no supieron hablar con la llaneza, con la naturalidad de quien sabe reconocer limitaciones propias y ajenas.

Específicamente, el escrito al cual aludimos en el encabezamiento se refiere a que “Cuando hablamos de un entrenador, siempre pensamos y creemos que es capaz de todo. Le vemos o lo reflejamos como alguien con poder y capacidad para soportar situaciones difíciles y complicadas.

El entrenador, imaginamos, que tiene una personalidad que le permite estar ajeno, a todos los problemas que suceden y a toda la presión que se le imponga…”.

 

Grosera confusión del autor… Eso es lo que justamente MUCHOS entrenadores conciben o descifran. Sin embargo, la imagen global que se tiene de los directores es la de su equivocada omnipotencia, discutiéndose sus posiciones soberbias, arrogantes, despóticas.

Son los propios técnicos quienes deben profundizar su HUMANIDAD y deben reconocer las problemáticas, recapacitando acerca de sus proporcionadas responsabilidades.

 

Inútil es “situar un escudo, para que a su grupo no le afecte”. Es racional que sufran, y esa ansiedad, esa angustia, debe erigirse en una situación límite que le permita discernir con coherencia, aceptando sus negligencias o insuficiencias para propender a una profunda metamorfosis.

“Encerrarse en uno mismo” solo promueve el desacertado criterio de considerar que “poca gente le de ayuda…”.

 

Y allí acentúa su pifia, su desliz. Esa “soledad” no sirve en “las noches de análisis, la búsqueda de porqués, la búsqueda de soluciones”.

Un entrenador sagaz, vivo, CAPAZ, debe saber leer y escuchar. Debe aprender a comprender y/o hasta desentrañar críticas y mensajes hasta de aquellos que lo enjuician.

 

Ese aislamiento es contraproducente pues surge la autocracia, el absolutismo. Y esto es un verdadero drama para él, como para sus dirigidos.

Suponer que “nadie vendrá ayudarnos en esos momentos, seremos nosotros solos los que tendremos que manejar estas situaciones…”, es un VERSO absurdo, RIDÍCULO, PATÉTICO de quienes NO quieren aguzar el oído, NO quieren atender la sana crítica, el noble consejo de quienes pueden tener menor o mayor erudición.

 

Se pueden “manejar y dominar” situaciones partiendo desde la HUMILDAD.

 

Lo que tratamos de explicar es que no debemos olvidar de dónde venimos ni lo que cuestan las cosas; por ello conviene tener en cuenta a los demás y poner los pies en la tierra para no fantasear con delirios de grandeza.

Ser humilde implica conocer, reconocer y aceptar nuestras debilidades, limitaciones y defectos, que van de la mano de nuestras capacidades, aspiraciones, retos, propósitos e intenciones.

 

En definitiva, tener un conocimiento realista y no sesgado de los que somos. Conocernos de tal manera que no exageremos lo que no tenemos.

 

No se trata de aceptar las debilidades y limitaciones y estancarse. Tampoco se trata de obviarlas y actuar como si no existieran.

Ser humilde es entender que vivimos en continuo proceso y cambio y que siempre se aprende de todo y de todos. Que, conociéndonos, somos capaces de trabajar esos límites y debilidades y avanzar.

 

Ignacio Barsanti es quien oriente a Echagüe a continuar en Primera o quien lo conduzca a otro irremediable descenso.

Desde esta Hoja han sido INNUMERABLES los mensajes codificados enviados procurando su recapacitación. Resultó improductivo, estéril.

 

Con franco, con sincero aprecio, por él, por el plantel, por la dirigencia, por el HINCHA que tanto ama a Echagüe y ha dado muestras cabales de ello, esperamos que en ésta ocasión, el “Titi” acepte su compromiso y proceda en consecuencia.

No tenemos que repetir nada más… Nuestro Archivo, NO MIENTE. Y así terminó Echagüe.