La Vía Navegable Troncal del Paraná quedó en manos del consorcio Jan De Nul-Servimagnus por 25 años tras una licitación cuestionada por la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA) y organizaciones ambientales, que advirtieron sobre irregularidades en el proceso y riesgos severos para el ecosistema.
Uno de los puntos que más alarma genera es la decisión de profundizar el cauce a 40 pies. La Fundación Humedales/Wetlands alertó que esa obra aumentará la contaminación y la presión sobre un sistema de humedales ya golpeado.
Las tareas de dragado se concentrarán en el tramo comercialmente más relevante del río, desde el polo portuario del sur de Santa Fe hasta el Río de la Plata. Se trata, describieron, de una “mega obra con impacto sobre el sistema de humedales del Paraguay-Paraná, un corredor de 3.400 kilómetros que es fuente de agua y servicios para millones de personas”, advirtieron.
Irregularidades en la licitación y cuestionamientos legales
La organización internacional remarcó que “la información sobre los costos ambientales de la llamada Hidrovía es parcial y está desactualizada”. Y añadió: “Según un informe de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA), la licitación avanzó sin Evaluación de Impacto Ambiental y en incumplimiento del Acuerdo de Escazú. Además, nunca se presentó ninguna evaluación de impacto ambiental acumulativa, solo informes parciales y desactualizados”, afirmó.
La Fundación recordó que esas “irregularidades generaron varias presentaciones de organizaciones ambientalistas ante la Justicia pidiendo que se suspendiera la licitación, algo que, si bien fue denegado y ahora se apeló, contribuyó a visibilizar las flaquezas normativas del proceso privatizador”.
La PIA, órgano específico del Ministerio Público Fiscal (MPF) para investigar hechos de corrupción e irregularidades administrativas de los agentes del Estado, ya había advertido en febrero de 2025 que el primer intento de licitación no estaba a derecho por esa falencia y otras tantas.
Aun así, y sin corregir lo que se considera una falla de origen, el Poder Ejecutivo avanzó con la concesión, tal como había explicado en su momento el abogado ambientalista Fabián Maggi.
“Todo esto ocurre en un contexto de crisis climática acelerada, con el Paraná atravesando ciclos de bajante más extremos que en el pasado y altos niveles de intervención antrópica en toda la cuenca”, advirtió ahora un informe de la Fundación Humedales/Wetlands.
Un corredor fluvial clave y cada vez más presionado
El corredor fluvial Paraguay-Paraná es uno de los sistemas de humedales más productivos y diversos del planeta: provee y depura agua, regula temperaturas y pulsos de inundación, y alberga una enorme diversidad de especies vegetales y animales.
En ese marco, la nueva profundización a 40 pies se interpreta como un factor que pondrá mayor presión sobre ecosistemas ya fragilizados por el cambio climático y el aumento de la contaminación por usos antrópicos.
“Cambios drásticos en la estructura de los humedales del corredor fluvial pueden generar cambios drásticos en el ecosistema, con pérdida de medios de vida de las poblaciones locales”, señaló la Fundación especializada.
¿Adaptar los ríos a los buques o los buques a los ríos?
El debate de fondo se resume en una pregunta: ¿hay que adaptar los ríos a los buques, o los buques deben adaptarse a los límites naturales de los ríos?
“Tiene que haber un equilibro razonable. Pretender que barcos diseñados para la navegación transoceánica salgan cargados de los ríos con la excusa de disminuir los costos del flete beneficia a un puñado de empresas exportadoras. Esos costos no desaparecen, sino que recaen sobre el ambiente y las poblaciones más vulnerables que viven de los recursos del río y sus humedales”, explicó Nadia Boscarol, bióloga y coordinadora nacional del Programa Corredor Azul de Humedales/Wetlands International.
La especialista fue más allá sobre el proceso administrativo: “El proceso licitatorio estuvo viciado desde el origen: no se presentaron estudios de impacto ambiental actualizados, sino información parcial y desactualizada que data de 2011. Una vez más, los intereses económicos de unos pocos parecen primar sobre el bien común y las comunidades que habitan las costas de estos ríos”, dijo Boscarol.
Riesgos geomorfológicos y estudios insuficientes
Los impactos no se limitan a la superficie. “Hay zonas del lecho con acortamientos donde el dragado modificará localmente la pendiente. Eso puede disparar cambios por erosión y sedimentación. No lo podemos anticipar con seguridad porque el comportamiento del río ya no es el natural por los cambios que viene teniendo en su morfología desde los años ’60””, opinó Carlos Ramonell, geólogo e investigador de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).
Para el científico, “los estudios de impacto ambiental presentados tienen una mirada muy parcial, sin contexto. Están utilizando la misma matriz de análisis que usarían para la obra de un aeropuerto o una ruta, no hay variables que den cuenta del dinamismo del sistema. Evalúan al río como si fuera una foto y no una película”.
Consecuencias sobre biodiversidad, costas y comunidades
La modificación artificial del cauce impacta directamente sobre la biodiversidad, la calidad del agua, las costas y la forma de vida de los pobladores de la zona. Además, la deposición del sedimento extraído puede modificar los ciclos de inundación y reproducción de los peces, mientras que el aumento del tránsito naviero y la instalación de nuevos puertos elevan el riesgo de contaminación e introducción de especies exóticas invasoras.
El mayor oleaje generado por los barcos, a su vez, acelera la erosión costera y puede provocar desmoronamientos, con efectos directos sobre viviendas, infraestructuras y actividades productivas ribereñas.
La vida y la salud de millones de personas que viven sobre la cuenca del Paraná dependen del buen estado de este sistema de humedales. “Acumulamos presiones antrópicas a una velocidad mayor que la capacidad del sistema para adaptarse. Profundizar aún más el canal pone en riesgo la conectividad transversal, la permanencia del agua en la planicie de inundación y la salud de los humedales, que es lo que garantiza la vida del sistema fluvial. Conservemos estos humedales, aún podemos evitar llegar al costoso punto de tener que repararlos”, concluyó Boscarol.


