En medio de las tensiones diplomáticas con el Reino Unido, un grupo de veteranos argentinos viajó a las islas Malvinas para rendir homenaje a los soldados caídos en el cementerio Darwin. En el lugar desplegaron, por primera vez, una bandera con la leyenda “las Malvinas son argentinas”, de similares características a la exhibida históricamente tras vencer al combinado inglés.
La delegación estuvo integrada por 11 veteranos argentinos que participaron del conflicto bélico de 1982 y familiares de caídos, todos pertenecientes a la Agrupación 2 de abril de Avellaneda. Para varios de los integrantes, se trató de la primera vez que pisaban el suelo insular.
Durante una semana entera, el contingente recorrió diversos montes, playas y campos que fueron escenario de combate y que actualmente constituyen propiedad privada. El momento más conmovedor ocurrió al ingresar al predio donde descansan los restos de los combatientes, donde 230 cruces blancas irrumpen en el medio de la nada.
El acceso al camposanto requiere transitar un extenso camino de ripio que se inicia exactamente donde concluye la base militar de Mount Pleasant, levantada por las fuerzas británicas tras la finalización del conflicto armado.
Excombatientes regresaron a Malvinas 44 años después de la guerra para despedirse de sus compañeros. https://t.co/W3qyUUjjoF pic.twitter.com/bueNmQ2dN2
— Crítica Sur (@CriticaSur) September 20, 2026
Homenaje, recuerdos y dolor en las tumbas
Al llegar al predio, los integrantes se dispersaron en silencio para ubicar a sus seres queridos entre las lápidas. En el lugar depositaron cartas, flores, banderas, camisetas y rosarios en medio de un clima de profunda emoción. Uno de los miembros, Ramón Robles, trasladó las cenizas de un excombatiente fallecido hace un año que pidió descansar junto a sus compañeros.
El propio Robles, quien lideró la comitiva y combatió a escasa distancia de donde hoy se emplaza el cementerio, remarcó la trascendencia del viaje. “Es un viaje humanitario, para cerrar etapas y librarse de fantasmas”, afirmó.
Por su parte, Eduardo Albornoz recordó que tenía apenas 18 años y escasas tres semanas de instrucción militar al ser enviado al frente. Ante el cerco británico, la alimentación diaria quedó reducida a una mínima porción matutina y nocturna de sopa de sémola, lo que provocó que al regresar al continente pesara 14 kilos menos.
Albornoz rememoró la crudeza de aquellos días en las islas. “He llorado acá, he llorado en el Monte Longdon, porque fue una guerra tan absurda, en un territorio tan grande, tan mal cubierto, con un ejército tan pobre como el nuestro”, relató sobre el conflicto que provocó la muerte de 649 argentinos.
En esa misma línea crítica, Robles evaluó las consecuencias políticas posteriores para el archipiélago. “Nuestro gobierno de ese momento le hizo un favor a los habitantes de las islas”, advirtió respecto a las medidas que permitieron a la administración británica consolidar su presencia desde 1833.
El reclamo de soberanía y la memoria viva
Al ser consultados sobre la postura del gobierno de Javier Milei respecto a la soberanía, los excombatientes consideraron que las declaraciones constituyen una postura intrascendente que no genera avances concretos, en sintonía con administraciones previas.
En ese sentido, Robles fijó la postura del grupo hacia el futuro. “Nosotros vamos a tratar, dentro de lo que nos toca a los excombatientes, de seguir sembrando memoria para que algún día las próximas generaciones tomen la recuperación de las islas de otra manera, a través de la negociación política”, sostuvo el dirigente, quien además renueva su pasaporte tras cada visita para no conservar el sello de las autoridades locales.
La comitiva incluyó también la presencia de Miriam Gramisci, quien viajó para conocer la sepultura de su hermano Donato, abatido en combate tres días antes de la capitulación nacional.
El cuerpo de Donato permaneció durante décadas sepultado bajo la leyenda “Soldado argentino solo conocido por Dios”, hasta que en 2018 los cotejos de ADN a cargo del Comité Internacional de la Cruz Roja permitieron identificar plenamente sus restos mortales.
Frente a la tumba de su hermano, Gramisci reflexionó sobre su descanso definitivo. “Pienso que este es su lugar. Por más que esté lejos de su familia, lejos de lo que fue su casa, es el lugar donde él, sin elegirlo, eligió estar”, expresó.
Dicha posición se alinea con la doctrina oficial del Estado argentino, que históricamente descartó la repatriación bajo la premisa de que los soldados caídos ya descansan en su propio territorio nacional.
Respecto a la convivencia temporal con los pobladores locales durante la estadía, Gramisci subrayó el marco de respeto mutuo. “Estamos todos pagando las consecuencias de una guerra. Ellos seguramente nos deben odiar y nosotros los odiamos a ellos, que no sé si tienen directamente la culpa”, señaló, y completó: “Más allá de lo que uno pueda sentir, ellos están, por lo menos algunos, en la misma situación que yo”.
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