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Home Economía

Un Gobierno que celebra el crecimiento de la informalidad laboral

El empleo en blanco se vuelve más frágil, crece la informalidad y el cuentapropismo pese a la recuperación de la actividad

Redacción by Redacción
11/08/2026
in Economía, Información General, Lo más leído, Política, Tendencias
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Un Gobierno que celebra el crecimiento de la informalidad laboral

En el mercado laboral argentino se consolida una paradoja inquietante: la economía crece alrededor de un 7% pero se destruyeron más de 235.000 empleos privados formales en dos años y medio.

Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 se perdieron más de 235.000 puestos asalariados del sector privado registrado, una caída del 3,7%, según el último informe de la Gerencia de Estudios Económicos de Banco Provincia.

La comparación histórica vuelve el cuadro todavía más preocupante. La contracción del empleo formal supera incluso la de la crisis 2018-2019, cuando el trabajo privado en blanco cayó 2,7%.

Pero hay una diferencia clave con aquel período: en 2018-2019 también se desplomaba la economía; ahora el nivel de actividad sube.

Entre diciembre de 2023 y abril de 2026, el nivel agregado de actividad creció cerca de un 7%. Es decir, la economía recuperó terreno, pero el empleo privado registrado no acompañó.

El fenómeno se enlaza con otras señales sobre lo que está ocurriendo con el empleo en Argentina, en medio de una transformación profunda de las condiciones laborales y de contratación.

Menos asalariados registrados, más monotributistas y empleo público en baja

Los 235.000 empleos privados registrados destruidos son apenas una parte de la historia.

En el mismo período desaparecieron además 73.000 empleos públicos y unos 20.000 puestos en casas particulares, lo que amplía el deterioro del trabajo en blanco.

Del otro lado, se incorporaron alrededor de 150.000 monotributistas, figura que suele combinar menor estabilidad y menores coberturas que el empleo asalariado registrado.

El resultado agregado fue una pérdida cercana a 180.000 puestos de trabajo en los últimos dos años y medio, equivalente a una caída del 1,4% del empleo total.

Esa dinámica abre una pregunta más compleja que la simple tasa de desempleo: ¿qué ocurre con una persona después de perder su trabajo privado en blanco?

Banco Provincia intentó responderla utilizando los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, que permiten seguir la situación de una misma persona a lo largo del tiempo.

El empleo en blanco se volvió más frágil

Allí apareció uno de los números más fuertes del informe. De cada 100 asalariados privados registrados observados durante el primer trimestre de 2025, solo 76 seguían teniendo un empleo privado formal doce meses después.

Es la proporción más baja de toda la última década. Incluso durante la crisis 2018-2019 ese número había sido superior: 79 de cada 100 trabajadores conservaban su condición.

En términos simples, tener un empleo en blanco se volvió más frágil y menos perdurable en el tiempo.

El dato gana peso en momentos en que el Gobierno busca abaratar la contratación formal mediante un nuevo régimen de formalización laboral.

El problema no es solo perder el trabajo, sino a qué se pasa después

Acá aparece probablemente el punto más sensible del informe. El trabajador que abandona un empleo registrado no necesariamente queda desempleado: muchas veces consigue otro ingreso.

El problema es qué tipo de empleo consigue.

En comparación con 2018-2019, aumentó la proporción de trabajadores que pasan desde un empleo privado formal hacia un puesto asalariado informal o hacia el cuentapropismo.

De los trabajadores que modificaron su modalidad de contratación, más del 60% permaneció dentro del mercado laboral.

Pero casi todos lo hicieron en condiciones de mayor precariedad, con menos derechos y más inestabilidad.

La cuestión se conecta directamente con el debate sobre qué sectores de la economía pueden generar puestos privados de calidad, especialmente frente a una industria que muestra crecientes dificultades.

En algunos rubros manufactureros, la pérdida de empleo formal ya se cuenta por miles de puestos por mes, lo que agrava la tensión entre recuperación macro y deterioro laboral.

El debate volvió al centro de la escena tras las polémicas declaraciones de Luis Caputo sobre la industria argentina y la discusión sobre el modelo productivo que puede sostener el país.

Menos trabajadores en blanco, más informales y cuentapropistas

Los números sobre la composición del mercado laboral muestran con claridad el cambio en curso.

Entre el primer trimestre de 2024 y comienzos de 2026, los asalariados registrados del sector privado pasaron de representar 32,4% a 30,5% del total de ocupados.

En paralelo, los asalariados informales avanzaron de 26,4% a 27,2%, ganando peso dentro del universo de trabajadores.

Y el trabajo por cuenta propia tuvo un salto todavía mayor: pasó del 25% al 28% del empleo total, consolidando el avance del cuentapropismo.

Esto no implica necesariamente que todas esas personas estén desempleadas o sin generar ingresos.

Significa algo distinto y más difícil de capturar en una estadística general: una parte del mercado laboral argentino está migrando desde empleos relativamente estables hacia modalidades más frágiles.

La transformación coincide con el diagnóstico de Martín Tetaz, quien identificó cuatro factores que están golpeando y modificando el mercado laboral argentino: el cambio estructural de la economía, el shock tecnológico, la debilidad coyuntural y el nivel del tipo de cambio real.

Es otro elemento que ayuda a entender la distancia entre el entusiasmo que por momentos muestran algunos activos financieros y una economía real que sigue jugando en contra para buena parte de los trabajadores.

La informalidad alcanza el máximo de los últimos 20 años

El resultado final de este proceso es contundente. Según Banco Provincia, los asalariados informales representan hoy la mayor proporción del total de asalariados de los últimos 20 años.

Y el informe advierte que, lejos de moderarse, existen razones para pensar que el fenómeno podría seguir avanzando si no cambian las condiciones macro y sectoriales.

Esto genera una aparente contradicción con la foto de la desocupación.

La tasa de desocupación subió de 6,9% en el primer trimestre de 2023 a 7,8% en el primer trimestre de 2026. La suba existe, pero puede parecer moderada frente al deterioro del empleo formal.

¿Cómo se explica esa brecha?

Porque una parte importante de quienes pierden su trabajo no pasa a engrosar inmediatamente las filas del desempleo: acepta un trabajo peor, muchas veces informal o por cuenta propia.

La preocupación no se limita al empleo. La industria viene reclamando medidas ante una reactivación que todavía no alcanza a todas las empresas y la UIA ya advirtió al Gobierno por las dificultades que atraviesa el sector productivo.

La mitad de los desocupados consigue trabajo, pero en condiciones más precarias

El informe siguió también el recorrido de las personas que estaban desempleadas.

Y encontró otra señal inquietante: aproximadamente uno de cada dos desocupados de 2024-2025 consiguió algún tipo de empleo durante el año siguiente.

Hasta ahí, la noticia podría parecer positiva.

El problema aparece al mirar qué clase de empleo consiguieron.

El 80% se incorporó al mercado mediante trabajos informales o por cuenta propia, y apenas el 20% logró ingresar al empleo registrado.

En otras palabras, el mercado de trabajo está absorbiendo personas, pero muchas veces lo hace a costa de la calidad del puesto laboral.

La Argentina evita así una parte de la suba del desempleo abierto, pero traslada el problema hacia la informalidad, la inestabilidad y, en muchos casos, menores ingresos.

El deterioro tampoco es homogéneo. En actividades industriales específicas el impacto es particularmente visible: el sector autopartista, por ejemplo, perdió 4.100 puestos de trabajo en apenas un año.

Más gente sale a trabajar porque un sueldo ya no alcanza

Hay un último fenómeno que ayuda a completar el cuadro del mercado laboral argentino.

La tasa de actividad pasó del 48,3% al 48,6% durante los últimos tres años.

Vista aisladamente, podría interpretarse como una buena noticia: hay más personas trabajando o buscando activamente empleo.

Pero Banco Provincia plantea otra explicación: la pérdida de poder adquisitivo del principal ingreso del hogar obliga a que más integrantes de la familia salgan a buscar dinero.

Es lo que los economistas llaman el “efecto trabajador adicional”.

Dicho de una manera menos académica: en muchos hogares argentinos ya no alcanza con que trabaje una sola persona.

Y eso empuja hacia el mercado laboral a personas que, en otra situación económica, quizá no estarían buscando un empleo.

La discusión sobre ingresos, empleo y consumo forma parte del interrogante más amplio sobre si la mejora que descuentan los mercados puede sostenerse cuando la economía real sigue mostrando dificultades, especialmente en actividades intensivas en mano de obra.

La economía crece, pero los empleos formales no aparecen

El informe de Banco Provincia deja planteado un interrogante incómodo para el programa económico vigente.

La discusión ya no puede limitarse a si el PBI crece o cae: también importa qué clase de crecimiento tiene la Argentina y cuántos empleos privados formales es capaz de generar.

Porque los datos muestran dos fenómenos ocurriendo al mismo tiempo.

Por un lado, la economía recuperó actividad.

Por el otro, desaparecieron 235.000 empleos privados registrados, aumentó el cuentapropismo y la informalidad llegó a máximos de dos décadas.

Es una de las grandes tensiones del actual programa económico: mientras petróleo, minería y agro pueden crecer con fuerza, la industria pierde puestos de trabajo y enfrenta una competencia importada cada vez mayor.

No es un dato menor en momentos en que el Gobierno intenta consolidar un nuevo esquema económico y avanzar con cambios estructurales, entre ellos la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y el debate sobre el financiamiento de la economía productiva.

El mercado laboral aparece así como una de las caras más incómodas de la recuperación.

Y deja flotando una pregunta que probablemente será central durante los próximos meses: si la economía crece pero el trabajo en blanco sigue desapareciendo, ¿cuándo empieza a sentirse realmente la recuperación en la calle?

Tags: Banco ProvinciaLuis CaputoMartín Tetazmercado laboral argentino
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