En la economía argentina, Ricardo Arriazu describió una tensión inédita entre el frente cambiario y el mercado laboral, con un diagnóstico que combina oportunidad histórica y una distorsión sin antecedentes en su experiencia profesional.
El economista, uno de los más escuchados por el presidente Javier Milei, expuso su mirada sobre el momento actual y habló de una paradoja que, según explicó, nunca había observado en su larga trayectoria.
Al describir el comportamiento dispar de los distintos sectores productivos, sostuvo que “los que crecen son oferentes de divisas y poco demandantes de mano de obra, y los que decrecen son demandantes de divisas y demandantes de mano de obra”, explicó.
Esa combinación, precisó, deriva en un escenario particular: “Se da una situación de un gran excedente cambiario, con falta de empleo”, advirtió.
La frase resume su diagnóstico sobre el cambio estructural que atraviesa la Argentina, un tema que fue eje de una serie de charlas que brindó esta semana en Mendoza.
“Nunca antes vi un gran excedente de dólares con falta de empleo”, remarcó durante sus exposiciones en la provincia cuyana.
En síntesis, mientras algunos sectores acumulan divisas y aportan al superávit comercial, otros, más intensivos en empleo, muestran señales de retroceso.
Para el economista, esa asimetría explica buena parte de la dificultad que enfrenta el Gobierno para traducir los indicadores macroeconómicos favorables en una mejora sostenida de la actividad y, por extensión, en una recuperación más rápida de la confianza social.
La actividad económica, el gran misterio
Arriazu se detuvo también en la evolución reciente de la actividad económica y recordó que en marzo se había alcanzado “el nivel histórico récord absoluto”, puntualizó.
Sin embargo, señaló que después, “contra todas las expectativas, cayó en junio”, al analizar el quiebre de tendencia.
El economista relativizó las explicaciones puramente estadísticas y mencionó una hipótesis planteada por el viceministro de Economía sobre el mal funcionamiento de los desestacionalizadores en contextos de cambio estructural.
Aclaró, no obstante, que existe otro factor determinante que, a su juicio, ayuda a entender lo ocurrido.
“En una economía con capacidad ociosa, lo que define el nivel de actividad es la demanda agregada”, subrayó.
Al comparar junio contra junio, sostuvo que los términos de intercambio mejoraron, salieron menos capitales y Brasil mostró un mejor desempeño, elementos que, en teoría, deberían haber impulsado el crecimiento.
Sin embargo, identificó un cambio en la política monetaria como explicación central del freno.
“El depósito creció más que el crédito. El depósito contrae y el crédito expande”, sintetizó.
Según detalló, esa dinámica se vinculó con la decisión oficial de comprar dólares sin esterilizar en un contexto en el que la demanda de pesos no acompañó.
Eso llevó al Gobierno a financiar esas compras colocando más deuda de la que vencía, un mecanismo que, en sus palabras, retira poder de compra de la demanda interna.
Errores de concepto sobre la monetización
Ante la consulta sobre una eventual mayor monetización de la economía, Arriazu marcó lo que consideró tres errores de concepto extendidos en el debate público.
En primer lugar, sostuvo que “la monetización no la determina el Gobierno, la determina el público”, al remarcar que es la demanda de pesos la que fija cuánta emisión puede absorberse sin generar presión sobre el dólar.
En segundo término, valoró el cambio de estrategia respecto del año anterior, cuando el Banco Central decidió comprar divisas sin esterilizar.
“Gran cambio con respecto al año pasado, me pongo de pie y aplaudo, que es exactamente lo que tendría que hacer”, elogió.
El tercer punto apuntó contra la idea de que el actual esquema cambiario resulta insostenible y cuestionó los diagnósticos simplistas sobre el rol del tipo de cambio.
Arriazu citó desarrollos teóricos posteriores al enfoque de elasticidades del siglo XIX, entre ellos el enfoque de absorción y los trabajos sobre el “miedo a flotar” en economías bimonetarias, para argumentar que el tipo de cambio no explica por sí solo el comportamiento del comercio exterior.
En ese marco, fue categórico: “hay que ser un tonto para creer que moviendo el tipo de cambio voy a solucionar este problema”, disparó.
Tipo de cambio, superávit comercial y dólares
Para sostener su argumento, Arriazu repasó la evolución del saldo comercial y contrastó las cifras con las proyecciones que fue ajustando durante el año.
Señaló que el año pasado el superávit comercial fue de USD 11.500 millones, un punto de partida que luego se vio superado por la realidad.
Indicó que sus propias estimaciones pasaron de USD 13.500 millones a USD 20.000 millones, y luego a USD 25.000 millones durante una charla previa en Córdoba.
Hasta llegar a los USD 27.000 millones actuales, a los que se suma un superávit de cuenta corriente de USD 9.000 millones, puntualizó.
Con esos números como respaldo, planteó una pregunta retórica sobre el origen de una eventual presión alcista sobre el dólar, para concluir que solo un error de política podría generarla.
Programa financiero y riesgo de corrida en año electoral
A propósito del programa financiero 2026-2027 presentado por el Gobierno, Arriazu diferenció dos anuncios clave para el frente cambiario y el mercado de deuda.
Por un lado, ubicó el capítulo vinculado con el pago de la deuda y, por otro, el anuncio del Banco Central referido a la defensa del peso frente a una eventual corrida.
Sobre el primer aspecto, detalló el esquema de financiamiento que combina el uso de dólares ya comprados, el roll over de deuda en manos del sector público, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y organismos multilaterales, y colocaciones en el mercado interno.
Ese armado, según el cálculo oficial, deja un excedente estimado de USD 3.700 millones para este año, cifra que el analista económico consideró “conservadora”.
Sobre la posibilidad de una corrida cambiaria de cara a las elecciones del año próximo, sostuvo que la probabilidad es alta, al advertir sobre la sensibilidad del mercado en contextos electorales.
No obstante, remarcó que la cantidad de pesos en la economía no alcanza para superar las reservas disponibles del Banco Central, un dato que, a su juicio, acota el margen de daño potencial.
“Lo determinante no es la capacidad actual de defensa del Gobierno, sino la política que aplique la administración que asuma después de los comicios”, apuntó.
Como referencia adicional sobre el comportamiento del mercado cambiario, Arriazu mencionó la evolución de la compra de dólares por parte de particulares.
Detalló que el año pasado ese monto alcanzó los USD 41.000 millones, mientras que este año la cifra se ubica en torno a la mitad de ese valor.
Esa diferencia, según explicó, se traduce en un mayor flujo hacia la demanda interna, en un contexto en el que la economía argentina intenta procesar un cambio estructural con excedente de divisas, empleo rezagado y un calendario electoral que agrega tensión al frente cambiario.


