El escenario laboral encendió alertas en el sur del país luego de que Río Gallegos alcanzó un 8,8% de desocupación durante el segundo trimestre del año. Con este registro, la capital de Santa Cruz se posicionó por encima del promedio general del país y quedó como el segundo aglomerado con mayor índice de desempleo en toda la Patagonia.
La medición oficial elaborada por el INDEC dio cuenta de que más de 6.000 personas se encuentran sin empleo en el distrito santacruceño. En el ámbito regional, el registro solo resultó superado por el conglomerado Comodoro Rivadavia-Rada Tilly, que marcó un 9,2%.
A nivel federal, el relevamiento de la Encuesta Permanente de Hogares estimó la desocupación en 7,9% para los 31 aglomerados urbanos. Dicha tasa representó a 1,164 millones de personas desocupadas, lo que significó el nivel nacional más alto para un segundo trimestre desde 2021.
En ese marco, la capital santacruceña quedó 0,9 puntos porcentuales por encima de la media nacional y superó por 2,5 puntos el promedio patagónico del 6,3%. El mapa regional expuso marcadas diferencias: Ushuaia-Río Grande registró un 8,1%; Rawson-Trelew, un 7,7%; Neuquén-Plottier, un 3,2%; y la zona de Viedma-Carmen de Patagones marcó apenas un 0,7%.
Crisis en el sector comercial y hotelero
La caída en los puestos de trabajo coincidió con un panorama complejo para el rubro gastronómico y hotelero local. El referente y expresidente de la asociación sectorial, Ricardo López, advirtió que el nivel de consumo actual se posicionó por debajo de etapas críticas como la pandemia y el año 2001, al tiempo que alertó sobre cierres continuos y endeudamiento.
En ese sentido, el dirigente empresarial explicó que la recesión se vincula directamente con el desplome del turismo corporativo, el freno en las derivaciones médicas y los atrasos en los pagos de las obras sociales, factores que agravaron el deterioro de la actividad comercial.
Fragilidad e informalidad en el mercado laboral
El reporte estadístico reflejó además otras tensiones estructurales a escala país. La tasa de informalidad trepó al 45% entre las personas ocupadas, mientras que el 37,9% de los trabajadores asalariados no contó con descuento jubilatorio.
Por su parte, la presión global sobre el mercado de trabajo —que engloba a desocupados, subocupados y ocupados demandantes de empleo— alcanzó un alarmante 30,8%.
Asimismo, los tiempos de inserción laboral mostraron un deterioro significativo: el 30,9% de los desempleados lleva más de un año en la búsqueda activa, una prolongada dificultad que profundiza el impacto social de la crisis.


