Autoridades sanitarias de Entre Ríos y el Colegio de Médicos Veterinarios encendieron las alertas por nuevos casos de Fiebre Q en zonas rurales del norte provincial, con al menos cinco personas infectadas en cercanías de Chajarí.
Se trata de una enfermedad zoonótica poco frecuente, pero de alta transmisibilidad en ámbitos vinculados a la actividad ganadera, lo que vuelve a poner en foco la bioseguridad y el riesgo ocupacional.
Los casos corresponden mayormente a trabajadores rurales y profesionales veterinarios que tuvieron contacto directo con animales.
Algunos pacientes requirieron internación, aunque presentan una evolución clínica favorable, según informaron las autoridades sanitarias.
Desde el Colegio de Médicos Veterinarios de Entre Ríos (CMVER), presidido por la médica veterinaria Carolina Lell, se emitió una advertencia específica al sector, tras registrarse incluso el contagio de una profesional durante una intervención a campo.
Una enfermedad silenciosa pero de alto potencial de dispersión
La Fiebre Q es causada por la bacteria Coxiella burnetii, un agente con alta resistencia en el ambiente y distribución global.
Afecta principalmente a bovinos, ovinos y caprinos, que en la mayoría de los casos no presentan síntomas, lo que dificulta su detección en los establecimientos productivos.
No obstante, los animales pueden eliminar la bacteria a través de fluidos de parto, placentas, leche, orina y heces, convirtiéndose en una fuente de contagio para los humanos.
Esta característica la transforma en una enfermedad silenciosa, pero con alto potencial de dispersión en los sistemas productivos rurales.
Vías de transmisión y exposición en el ámbito rural
La principal vía de contagio es la inhalación de partículas contaminadas en el aire, especialmente en entornos donde se manipulan animales o materiales biológicos.
Situaciones como partos, abortos, cesáreas a campo o tareas en frigoríficos representan momentos de alto riesgo de exposición para el personal.
Un aspecto relevante es que la transmisión entre personas es extremadamente rara, por lo que el foco de prevención está puesto en el vínculo con el ambiente productivo y los animales.
Manifestaciones clínicas y subdiagnóstico
En humanos, la enfermedad puede presentarse de forma aguda con fiebre alta, dolor de cabeza intenso, fatiga y cuadros respiratorios similares a una neumonía atípica.
En algunos casos puede evolucionar hacia complicaciones como hepatitis o, en su forma crónica, endocarditis, lo que exige un seguimiento médico adecuado.
Los especialistas advierten que hasta el 50% de los casos pueden ser asintomáticos, lo que complica su detección y favorece la subnotificación, especialmente en zonas rurales.
Riesgo ocupacional y recomendaciones de prevención
El brote registrado en el norte entrerriano pone en evidencia el riesgo ocupacional en actividades agropecuarias.
Los grupos más expuestos incluyen a veterinarios, trabajadores rurales, operarios de frigoríficos y técnicos vinculados a la producción animal, que mantienen contacto frecuente con ganado y materiales biológicos.
Desde el CMVER se insiste en la necesidad de extremar las medidas de bioseguridad, con énfasis en el uso de elementos de protección personal, el manejo adecuado de residuos biológicos y la desinfección rigurosa de instalaciones y equipos.
También se recomienda minimizar la exposición a polvo en ambientes potencialmente contaminados, considerando que la bacteria puede sobrevivir largos períodos en el ambiente y dispersarse por el viento.




