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¿No se puede controlar el “tráfico” de niños entre Paraná y Santa Fe?

“Hay un convenio con la gente del Túnel para evitar que pasen chiquilines”, expresó la flamante secretaria de Niñez y Adolescencia de la Provincia, Cristina Ponce, aludiendo a la indisimulable coyuntura que representa ver en las calles de nuestra ciudad a una decena de gurises santafesinos pidiendo limosna u ofreciendo distintos productos en venta.

¡Y cuánta razón tiene Cristina!… Señala que “no es nuevo” lo del cruce de chiquilines. ¡Cuánta verdad! Sin embargo, NADA ha cambiado y el tráfico de pequeños es incesante, basta solo proceder a una investigación que puede llevar menos de una semana, y verificar cómo vienen sencillamente a través de Etacer o Fluviales; acompañados por mayores que luego los utilizan para:

-abrir puertas de taxis o remises;

-ubicarlos en esquinas como Santa Fe y Alameda, Buenos Aires y Alameda, Peatonal y Urquiza; -o promover sus ingresos a bares y/o estaciones de servicio como la Esso de Buenos Aires y Cervantes, o la del ACA;

-o cargarlos de golosinas o productos de mercería, o curitas, o hasta alguna que otra chuchería tecnológica o de ferretería y hasta medias para que vendan en dependencias de la Administración Pública y puertas de bancos.

Sí, sí Cristina… NO ES NUEVO… ¡Pero qué enorme desafío tiene la nueva funcionaria!!! Buscarle la vuelta a la metodología drástica para evitar que esos chiquillos sigan deambulando entre las dos ciudades y siendo manipulados por mayores perversos, estando al límite de padecer toda clase de riesgos, entre ellos, el de bordear el ilícito.

Lo más coherente en éste desafío es crear unidades especiales para implementar inspecciones periódicas, ejecutando  acciones mediante dispositivos legales que permitan actuar apropiadamente en cada caso.

Para los efectos, el gobierno debería conformar varios equipos de profesionales, como psicólogos, sociólogos, médicos y trabajadores sociales, para ir rescatando a esos niños, y si sus padres no los pueden alimentar, serán el gobierno, y la sociedad toda, quienes tendrán que buscar soluciones urgentes y acordes con esa realidad acuciante.

No proponemos crear orfelinatos, salvo en aquellos casos de niños realmente huérfanos de padre y madre, sino de contener a sus padres en institutos de capacitación educacional, darles un subsidio y un seguimiento profesional adecuado, hasta que se consoliden como familia, luego conducirlos a una salida laboral y de estudios y recreación para los niños, para que después puedan integrarse a la sociedad como corresponde.

Si los padres se sienten incluidos en la sociedad, ellos incluirán a su hijos, por una cuestión de decantación. Hasta que no haya en Paraná mendicidad infantil cero, nadie debe dormir tranquilo en las noches. Mientras hayan niños mendigando debe dolernos el corazón.

Se gasta muchísimo dinero en trivialidades. Debería tenerse en cuenta para los futuros presupuestos provinciales una partida amplia y generosa para encarar este principio de solución creando los equipos de “reinserción social”, pero con los suficientes recursos, tanto humanos como financieros. Los legisladores deben tomar la iniciativa, si no la toma el Ejecutivo provincial.

Se dirá que ya existen las leyes y las instituciones gubernamentales que se ocupan de este problema; pero, a juzgar por los efectos, cunde la ineficacia.

No nos olvidemos ese principio fundamental de aquel ex presidente argentino : “En la Argentina, los únicos privilegiados son los niños”. ¡Y cuánta razón tenían esas palabras que poseen absoluta vigencia en la actualidad! Los niños son el futuro de la Patria y nuestra Patria nunca será grande y libre si no cuidamos a nuestros niños.

Es una obviedad, y Cristina lo sabe perfectamente, que la vida de cualquier ser humano, llámese como se llame, está marcada por la felicidad o infelicidad de su infancia. Ese estigma se proyectará con él hasta el fin de sus días. ¿Cuándo podremos decir “éste Gobierno erradicó definitivamente el abuso infantil en todas sus dimensiones”? ¿Será la Gestión Urribarri la que pueda desterrar tan execrable coyuntura? ¿Cuánto apoyo tendrá Cristina Ponce para cristalizar esa tarea?

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