En plena recta hacia los comicios, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva viajó al sur del país para pedir el voto en territorio opositor. En ese contexto, el mandatario profundizó la disputa por la reelección y llamó a “darle una zurra” electoral a los partidarios de la extrema derecha.
A solo dos semanas de la primera vuelta, el líder del Partido de los Trabajadores remarcó el contraste entre su agenda social y la de su principal adversario, el senador ultraderechista Flávio Bolsonaro. “En vez de construir prisiones, quiero construir escuelas; en vez de aumentar las penas para menores de edad, quiero aumentar los años de escolaridad”, afirmó durante un acto en la ciudad de Florianópolis.
Duras críticas al agro y a la oposición
Durante su discurso, el mandatario abordó temas centrales como el combate contra el feminicidio y la intención de prohibir las apuestas deportivas digitales. En ese marco, apuntó directamente contra los productores rurales afines a la oposición: “¿Por qué no me votan? El problema que tienen es una cuestión de piel, es porque soy del nordeste y pobre”, aseguró tras recordar las inversiones estatales destinadas al sector agropecuario.
Por otra parte, el jefe de Estado denunció que el objetivo de su rival es liberar a su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de cárcel por intento de golpe de Estado, y remarcó su postura de mantenerlo tras las rejas.
La disputa por los bastiones electorales
El sur del territorio brasileño se mantiene como una zona clave para el voto conservador. En las elecciones de 2022, el actual mandatario alcanzó un 31 % de los sufragios en el estado de Santa Catarina, frente al 69 % obtenido por el bolsonarismo.
En simultáneo, el candidato opositor concentró sus actividades en la misma región tras visitar el nordeste, histórico bastión progresista. En el estado de Bahia, donde el oficialismo cosechó el 72 % de los votos en los comicios pasados, el referente ultra tildó al presidente de “producto cansado”.
El escenario electoral se presenta sumamente polarizado de cara a la primera vuelta del 4 de octubre, donde los últimos sondeos reflejan una intención de voto del 39 % para el oficialismo frente al 36 % de su contrincante, configurando un virtual empate técnico.


