La crisis en economías regionales golpea con dureza al sector primario nacional, afectando de manera crítica a actividades clave como la vitivinicultura y la yerba mate. Dos motores productivos centrales de Cuyo y el NEA que generan cuantiosa mano de obra hoy atraviesan un escenario alarmante, con precios pagados a los productores que no alcanzan a cubrir los costos productivos desde hace tres años.
El último relevamiento elaborado por Coninagro sobre las 19 principales actividades agropecuarias encendió las alertas. Según el informe, ambas producciones se encuentran en rojo dentro del semáforo sectorial, al punto de que los precios percibidos por el eslabón primario se ubican “muy por debajo de sus niveles históricos”.
En el sector de vino y mosto, el precio promedio abonado en julio fue de $261 por litro, lo que significó una baja interanual del 7%. No obstante, al cotejar la serie a precios constantes, el valor promedio histórico rondaba los $777 por litro.
El panorama para la hoja verde replica la misma gravedad: en julio el productor cobró cerca de $260.000 por tonelada, sufriendo una caída real del 13% frente a 2023, cuando el promedio de los últimos cinco años a valores constantes se ubicaba en torno a los $620.000.
Causas de un retroceso estructural
El economista de Coninagro, David Miazzo, explicó el origen del fenómeno: “En los dos casos se presentó un exceso de oferta por buenos años climáticos, algo que se vio más claramente en la yerba, lo cual se combina con una demanda que viene débil por cuestiones de poder adquisitivo”. Respecto al vino, añadió que existe un descenso sostenido del consumo a nivel mundial.
Ante este desbalance de mercado, Miazzo remarcó la descapitalización que sufren los productores tras una década de inestabilidad: “Es una crisis crónica”, advirtió.
El reclamo de los yerbateros
Desde la Asociación de Productores y Tareferos del Alto Uruguay, su titular Antonio Franza apuntó contra la pérdida de facultades del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) para fijar valores de referencia. “Esto impide que el directorio haga una grilla de un costo mínimo que se tendría que pagar al productor y, en consecuencia, la industria está pagando lo que se le antoja, muy por debajo del costo de producción”, denunció Franza.
El dirigente detalló que se abonan entre $240 y $260 por kilo frente a costos que llegan a $500, por lo que se necesitaría un valor de $800 para lograr rentabilidad. “En mi caso, hace dos años que no cosecho y creería ya de que vamos por un tercer año. Si tengo que hacer la poda, la dejo nomás en el suelo, porque no es conveniente procesarla”, sentenció.
Alerta máxima en los viñedos
La situación en Mendoza no muestra un mejor cariz. El presidente de la Unión de Viñateros Mendocinos (UVM), Eduardo Córdoba, alertó sobre una situación terminal frente a los aumentos de tarifas, combustibles y mano de obra. “Para colmo, este año gran cantidad de bodegas han extendido sus plazos de pago. Antes podía ser al contado y en tres cuotas, pero las han extendido de seis a doce y sin ajustes”, manifestó Córdoba.
En sintonía, el secretario de la entidad, Matías Manzanares, detalló que las bodegas entregan entre 50 y 52 litros por quintal en lugar de los habituales 62, recortando el valor del vino maquila de $700 a $400 el litro. Para las uvas criollas el panorama es idéntico: con costos de $230 el kilo, se liquidan apenas a $150 al contado o $180 en cuotas.
A raíz de esta coyuntura, la cosecha global nacional cayó con fuerza. “Los 24 millones de kilos de cosecha en Argentina no existen más. Hoy estamos entre 17 y 19 millones y ese es uno de los efectos de la descapitalización de los productores, que ya no invierten. Hoy la producción primaria de la provincia está fundida”, concluyó Manzanares.


