A poco más de un mes de su visita a la Argentina, el papa León XIV recurrió a su cuenta de X para expresar su postura sobre la inteligencia artificial durante este viernes por la mañana.
“En esta era de la inteligencia artificial, se vuelve urgente distinguir el arte humano de lo que producen las máquinas -advirtió-. Existe una diferencia ontológica, incluso antes que una estética, entre el arte y lo que una máquina puede generar mediante cálculos estadísticos basados en millones de imágenes creadas por otros. Los algoritmos carecen de la chispa de la humanidad. Por esta razón, la Iglesia desea renovar una alianza con artistas e instituciones culturales para salvaguardar nuestra humanidad.”
In this era of artificial intelligence, it is becoming urgent to distinguish human art from what machines produce. There is an ontological difference, even before an aesthetic one, between art and what a machine can generate through statistical calculation based on millions of…
— Pope Leo XIV (@Pontifex) October 2, 2026
El comentario del Pontífice se inscribe en una visión que expresó en Magnifica Humanitas, la encíclica papal que publicó en mayo último, y en la que analiza el impacto que está teniendo la tecnología en la sociedad moderna, y en su ausencia (o carencia) de “humanidad”.
Mientras la industria tecnológica global celebra la capacidad de procesar terabytes de datos para replicar estilos artísticos con una simple instrucción, la máxima autoridad de la Iglesia Católica advierte que existe un abismo insalvable entre el arte genuino y lo que una máquina genera mediante un cálculo estadístico basado en millones de obras creadas previamente por seres humanos.
Diferencias con la creación artística
Uno de los conceptos básicos está en la comparación entre los motores de búsqueda y la creación artística. Según León XIV, mientras que un sistema automatizado opera mediante la clasificación de contenido y la respuesta inmediata sin interpretación real, el arte auténtico no funciona ordenando archivos, sino formulando interrogantes incómodos. El arte no se conforma con acumular hechos o datos; indaga en lo profundo de la condición humana, en sus heridas y en sus tensiones interiores.
La tecnología es capaz de simular rostros, voces, empatía y conocimiento, pero esa simulación esconde un vacío fundamental: la máquina no posee un cuerpo, no conoce el dolor, la alegría, el fracaso ni la fragilidad de la experiencia vivida. Carece de un rostro y de una voz propia que asuma la responsabilidad moral o el riesgo de exponerse ante el mundo. Cuando un artista crea, pone en juego su biografía, su deseo y su finitud; la IA, en cambio, no arriesga nada ni responde ante nadie.
En Magnifica Humanitas el Papa advierte contra el “síndrome de Babel”, ese paradigma tecnocrático que pretende traducirlo todo a métricas de rendimiento, datos y valor comercial.
Riesgos culturales y controles democráticos
El líder religioso señala que en nuestra época el principal peligro ya no es solo la censura tradicional, sino la homogeneización y uniformización cultural impuesta por los algoritmos. Al ofrecer respuestas inmediatas y personalizadas hechas a nuestra medida, el sistema amenaza con adormecer el “esfuerzo del pensamiento”. El verdadero acto creativo no nace de la eficiencia ni del confort, sino de la resistencia, la duda prolongada y la posibilidad real de errar. Delegar ese proceso vital implica enterrar los talentos dados para crecer como personas.
Así, el Sumo Pontífice apela a “desarmar” la herramienta tecnológica. Esto no significa rechazar la tecnología con nostalgia analógica, sino desvincularla de las lógicas de competencia militar o mercantil y someterla a controles democráticos, transparencia e interés común.
Para León XIV la misión más urgente del arte en el siglo XXI no es competir en perfección ni en velocidad contra la máquina, sino custodiar la imperfección, la fragilidad, la singularidad y el alma irreductible de la experiencia humana.


