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Las tasas altas impactan en los castigados bolsillos argentinos

Después del fallido desarme de la deuda remunerada hace dos semanas, la economía real empezó a acusar el impacto que tuvo la escalada del dólar y las tasas en pesos. Las medidas posteriores que tomó el gobierno contuvieron el tipo de cambio debajo de $ 1.300 (excepto el blue) y bajaron las tasas cortas de caución al 50% en promedio, pero los economistas empiezan a ver efectos colaterales que presagian un mayor enfriamiento de la actividad y una disminución del consumo.

Los adelantos en cuenta corriente que usan las empresas para girar en descubierto (1 a 7 días) saltaron del 31% al 86% nominal anual (7% mensual) en solo 9 días, una suba de 55 puntos. Por otra parte, los préstamos personales se mantienen en julio en torno al 70% nominal anual (5,8% mensual). En ambos casos, muy por encima de la inflación del 21% proyectada por el mercado para los próximos 12 meses (1,7% mensual).

Sin intervención directa sobre el tipo de cambio por parte Banco Central, garantizar tasas altas en pesos es la forma que tiene de mantenerlo calmo y ayudar a contener la inflación. Lógicamente, al encarecerse el costo del crédito esto tiene consecuencias sobre el nivel de actividad.

En general ese tipo de estrategia es recesiva, justamente porque las tasas de interés son altas. Así es como la economía pareciera haber entrado en una nueva fase de menor crecimiento.

En rigor, la tasa de interés volvió a ser positiva contra la inflación ya en mayo y junio. Pero la situación se agravó desde el 10 de julio, cuando el Gobierno decidió abandonar las Letras de Liquidez (LEFI) y se liberaron $ 10 billones en el mercado que luego fueron absorbidos con la emisión de deuda (Lecaps) y una fuerte suba de tasas. Recién este martes empezaron a bajar ante la presunta inyección de pesos del Banco Central, algo que el ministro de Economía, Luis Caputo, negó.

En una situación casi inédita, varios bancos tuvieron que salir a desprenderse de dólares para enfrentar sus compromisos en pesos. En las últimas licitaciones del Tesoro, las entidades financieras fueron grandes compradoras de bonos, pero ante el desarme de las LEFIs no lograron obtener el fondeo habitual. Así, ante la falta de pesos, aquellos bancos que sí tenían liquidez comenzaron a prestar a una tasa cada vez mayor. Y los que no tenían los pesos, vendieron dólares.

Así todo, la situación es frágil y los bancos aguardan que el BCRA reflote los pases activos (préstamos a corto plazo), una herramienta que servía para influir en la administración de la liquidez diaria y fijar la tasa de interés, pero que el Central dejó de ofrecer.

El stock del crédito privado se frenó en junio al registrar su primera caída en términos reales en 14 meses por el aumento de las tasas. En ese escenario, los préstamos al consumo y con tarjeta de crédito son los que más se vieron afectados: los primeros pasaron de crecer un 7% mensual en enero a caer 0,9% en junio, mientras los segundos pasaron de aumentar 11,5% a subir 1,5% en igual período, de acuerdo con un informe de LCG.

Estamos en una transición y es importante que sea lo más corta para tener más definido el nuevo costo del financiamiento. De todas formas, ya existe una suba marcada en los costos para las empresas. Si se sostiene, puede impactar en menores niveles de inversión, reducción de otros costos para compensar como salarios y traslado al precio final. En el caso de la familias, disminuir el consumo, principalmente de bienes durables.

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