Más de 100 personas recién deportadas de Estados Unidos se encontraban alojadas en un hotel cuando los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 azotaron Venezuela, lo que desencadenó una frenética búsqueda de sobrevivientes y cuerpos sepultados entre los escombros.
Un vuelo de deportación procedente de Miami aterrizó en Venezuela horas antes de los sismos del miércoles. A bordo viajaban 146 venezolanos, entre ellos 19 mujeres y siete niños, según ICE Flight Monitor, una iniciativa de Human Rights First que monitorea los vuelos de deportación. Tras su llegada, fueron trasladados a un hotel en La Guaira.
Lisbeth Portillo, de 58 años, contó que escapó de entre los escombros del hotel junto con otros 20 deportados que luego recorrieron las calles buscando ayuda. Vieron a gente corriendo, algunos desnudos y otros descalzos, al salir de entre los restos del edificio en La Guaira, una de las zonas más afectadas por los terremotos.
“Caminamos unos cinco kilómetros, y yo lloré y lloré… no había comunicación”, dijo Portillo en una entrevista telefónica desde su casa en Maracaibo, Venezuela.
Llegaron finalmente a un edificio de la Guardia Nacional, donde tuvieron la oportunidad de llamar a sus familiares.
“He vuelto a nacer; Dios me dio una segunda oportunidad”, dijo Portillo. “Estoy traumatizada”, añadió tras una pausa, entre lágrimas.
Deportaciones masivas y un regreso marcado por la tragedia
Portillo quedó atrapada en la campaña de deportaciones masivas del gobierno de Donald Trump. En mayo, el programa Flight Monitor del ICE rastreó 288 vuelos de deportación a 38 países, entre ellos Burkina Faso, Camboya, Camerún, Chile y Costa de Marfil.
Según el ICE Flight Monitor, Estados Unidos realizó 12 vuelos de deportación a Venezuela en mayo, operando tres días a la semana. Los vuelos de deportación a ese país se reanudaron en febrero de 2025 tras una pausa de 13 meses.
Portillo relató que el gobierno venezolano los llevó al Hotel Santuario La Llanada, donde se sometieron a exámenes médicos y obtuvieron documentos de identificación. Les dijeron que regresarían a sus hogares al día siguiente.
Ella se alojaba en una habitación del segundo piso con otras 16 mujeres. Salió al balcón para contemplar el mar y vio que el cielo estaba negro; hacía mucho calor. Regresó a la habitación, se tumbó en la cama y empezó a sentir que la sacudían.
“Empecé a oír ‘papá, papá, papapá’, y vi cómo las mujeres que estaban a mi lado empezaban a caer”, dijo, describiendo los sonidos del terremoto. “Todas gritaban pidiendo ayuda”.
Y casi inmediatamente, se produjo el segundo terremoto.
“Me caí y terminé enterrada y cubierta por una viga, pero el temblor movió todo a mi alrededor y pude salir”, relató Portillo, quien tiene moretones por todo el cuerpo.
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos no respondió de inmediato a la solicitud de información de la agencia AP.
Un video del gobierno venezolano publicado en redes sociales mostraba imágenes de los deportados siendo recibidos por las autoridades a su llegada al aeropuerto de Caracas el miércoles.
Testimonios de horror entre los escombros
Jenny Rodríguez, de 24 años, declaró a la cadena Telemundo que viajaba en ese vuelo y que también fue llevada al hotel.
“Quedé atrapada bajo los escombros. Un compañero que viajaba en el mismo vuelo se acercó; logré liberar mi mano de los escombros, lo agarré por los pantalones y le rogué que me ayudara”, contó. “Gracias a Dios —y a él— pude salir de allí”.
Otra mujer, Liliana Rojas, declaró a Telemundo que ha estado tratando de localizar a su pareja, de 33 años. El centro de detención donde estuvo recluido en El Paso, Texas, solo le informó que fue deportado.
“Nadie da respuesta a nada”, dijo Rojas.
“El 24 volví a nacer”
Portillo, quien cruzó la frontera entre Estados Unidos y México en noviembre de 2021 y dijo tener una solicitud de asilo pendiente, no recordaba el número de teléfono de sus hijos. Llamó entonces a su esposo en Estados Unidos.
“Le dije: ‘César, estoy viva. Ayúdame’. Y mi marido no paraba de decir: ‘No puede ser’”, contó. “‘Estoy viva, salí de entre los escombros, estoy viva’, le dije”.
Su marido llamó a sus hijos, quienes fueron a buscarla y pudieron reunirse con su madre la noche siguiente.
“Nací ese día; el 24, volví a nacer”, afirmó Portillo, quien vivió en el sur de Florida durante más de cuatro años.


