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Lamentable rasgo político profundiza división social

ESPECIAL (por Francisco Pancho Calderón).- Es triste admitirlo, en la Argentina se profundiza hora tras hora una división social y más grave aun es que se ahonde o se robustezca  el famoso contrapunto teórico del adversario enemigo. Una pena que desde el propio Gobierno nacional no se apueste mas al diálogo y evitar la polarización. Esa fractura tajante es una barrera muy peligrosa.

 

Hay que observar con mucho cuidado, con cautela, el desenvolvimiento político, tanto del gobierno como de la oposición en tiempos en los cuales la gente pide seguridad, justicia, que se respete la Constitución, que se termine la corrupción.

 

Un momento en el que se cuestiona ácidamente a funcionarios nacionales como el vicepresidente Amado Boudou, a Guillermo Moreno, Julio De Vido y Juan Manuel Abal Medina, o a legisladores como Agustín Rossi, Aníbal Fernández, Miguel Ángel Pichetto, Edgardo Depetri, y Carlos Kunkel, mientras que  la Justicia -ante distintas coyunturas- sigue sin adoptar ninguna resolución que dé la pauta del funcionamiento correcto e independiente de los poderes de la Nación. El aroma a corrupción es cada vez más fuerte, y NADIE actúa con la contundencia imprescindible.

 

No puede soslayarse el harto elocuente descontento social en crecimiento diario, pero por ello es neurálgico el seguir apoyando la democracia, defendiendo la dignidad y honor de las personas, ejercitando la tolerancia con mesura, sin apasionamientos o gestos sanguíneos, evitando la oposición por la oposición misma y sí ofreciendo ALTERNATIVAS, pero procediendo drásticamente contra una corruptela creciente.

 

No olvidemos momentos históricos de profunda división como en 1954 con el peronismo y el antiperonismo que desencadenó la revolución de 1955. Recién en el ‘73 volvió el peronismo al poder y ahí hubo otra división dentro del mismo peronismo que influyó negativamente en la democracia y en la institucionalidad, marcando el camino hacia el nefasto golpe del ‘76 que fue francamente devastador.

 

Argentina atraviesa un tiempo de degradación de la política, donde crece angustiosamente la antinomia amigo – enemigo, y que engloba también a la dirigencia social y empresarial, a periodistas y medios de prensa, como en una gran confrontación donde pareciera que sólo hay que elegir en que bando se está pugnando por el poder sin ocultar intereses espurios.

 

Dentro de la cultura política y jurídica moderna se distinguen dos grandes modelos de convivencia civil y de organización social. Por un lado, la dialéctica amigo-enemigo, propia de una cultura bélica, de destrucción del adversario, con el que sólo cabe el exterminio desde el odio y desde la imposibilidad de la reconciliación. Es el modelo totalitario del enemigo sustancial.

 

Por el otro, la de las sociedades liberales, democráticas y sociales basadas en la cultura de respeto a la dignidad humana, a la tolerancia, a los valores, principios y los derechos, al sufragio universal, a la constitución y a la ley.

 

Parecen constituirse en dos modelos confrontados, incompatibles, desde visiones del individuo y de la sociedad, contradictorias.

 

Carl Schmitt es el autor que explicita la idea amigo-enemigo y la teoriza en 1932, en su obra El concepto de lo político, en el período donde aparece la defensa del pensamiento nazi. Para esta doctrina el insulto personal, el desprestigio, la injuria y la calumnia son armas apropiadas para doblegar al enemigo sustancial.

A esta estrategia destructiva no es ajeno ni el gobierno, ni algunos sectores de la oposición, ni periodistas, intelectuales y empresarios de este país.

 

En Argentina estamos cayendo sin darnos cuenta en un régimen de creciente intolerancia respecto a aquello con lo cual no estamos de acuerdo o diferimos en el punto de vista. El concepto de enemigo se utiliza para negar a todo aquel o aquello que se atreva a lanzar una critica sobre la realidad y condenar cualquier pensamiento independiente. Mientras, la corrupción avanza.

 

Duele la extrema filosofía maniquea, que hoy rige a los argentinos. Postura ante los eventos y  acontecimientos, que lleva a una mitad a creer en todo, y a la otra a no creer en nada. Amigos o enemigos. Paraíso o infierno. Somos los mejores o son los peores. Facho o zurdo. Negro o blanco. Kirchnerista o antikirchnerista.

 

No hay posibilidades aparentes, de poder estar en el medio, o simplemente ser indiferente o mantenerse al margen de toda esta locura. Todo aquel que critica al gobierno nacional es considerado “gorila”, “facho” ,”enemigo del pueblo”, “antipatriota” y…”destituyente”. Aggiornamiento desopilante y bizarro de la vetusta mitología peronista de derecha, que sostenía que los gorilas eran de izquierda.

 

Estamos a tiempo de evitar que la por ahora incipiente crisis social cobre una dimensión estratosférica. La recién naciente tensión y la crispación pueden tornarse insoportable, y la pobreza, la desocupación y la indigencia emularán viejos tiempos, como ya es NEFASTAMENTE costumbre.

 

Toda persona que pretenda contribuir con el país debe estar a la altura de las circunstancias que este tiempo exige. No pedimos un imposible, sólo que crean en el valor de sus ideas y que sean leales a los cauces de una nueva democracia que aún merece respeto y lealtad.

 

Hace mucho que en este país solo importa el relato dogmático, y no los hechos. Estar en el medio de los extremos no es ser “TIBIO”. Es simplemente CREER que podemos reconstruir la Nación SIN POSTURAS IRREDUCTIBLES, SIN SOBERBIA, SIN NECEDAD, SIN OBSTINACIÓN, SIN ODIO, SIN RENCOR, SIN REVANCHA, SIN AGRESIÓN, SIN MENTIRAS, SIN DIFAMACIÓN, SIN CORRUPCIÓN.