Con la Feria del Libro Paraná Lee ya consolidada como marca registrada, la XI edición volvió a afianzarse como uno de los eventos culturales más importantes de la región, con una agenda que cruzó literatura, memoria histórica y políticas públicas para el libro.
Del viernes 14 al lunes 17 de agosto, miles de personas, paranaenses y visitantes, recorrieron la propuesta en Sala Mayo, que reunió a editoriales, librerías, charlas y conversatorios con autores locales y nacionales, en un clima de participación sostenida durante las cuatro jornadas.
Un cierre atravesado por el bicentenario de Paraná
En el cierre del lunes, la actividad comenzó con la presentación del libro “Paraná, 200 años de historia 1826-2026”, una obra que recupera memoria colectiva, lugares y personajes emblemáticos en el marco de la conmemoración del bicentenario de la ciudad, eje que atravesó buena parte de la programación.
Pese al clima adverso, cientos de personas visitaron nuevamente la Sala Mayo y participaron de las distintas charlas con escritores y de las presentaciones de libros, ratificando a la Feria del Libro Paraná Lee como un punto de encuentro masivo para la comunidad lectora.
“Es un libro identitario, porque habla de los 200 años de Paraná como ciudad. Vale la pena contar con este libro para conocer un poco más de las ricas historias de esta ciudad donde transitamos todos los días, por eso creo que es una buena oportunidad para que lo lean los paranaenses”, señaló la intendenta Rosario Romero durante la presentación en la última jornada de la XIV edición de la Feria del Libro Paraná Lee en Sala Mayo.
Martín Kohan y el umbral del amor
Otro de los momentos destacados de la jornada fue el conversatorio «¿Hay un umbral donde el amor termina?», a cargo del escritor y docente universitario Martín Kohan, que volvió a poner en primer plano el cruce entre literatura, pensamiento crítico y experiencia lectora compartida.
“Esta feria ha movido cantidad de gente y en el conversatorio hubo mucho público, cosa a la cual estoy acostumbrado porque por la docencia expongo ante 100, 120, 150 estudiantes. Estas Ferias del Libro, como Paraná Lee, abren el espacio para inquietudes, curiosidad, intereses, ganas de escuchar, ganas de participar, ganas de acercarse, compartir un mismo espacio donde hablar de libros, donde poner en juego ideas, donde proponer líneas de lectura e intercambiar unos con otros, tiene un enorme valor y se disfruta muchísimo”, destacó Kohan.
En esa línea, el autor subrayó el rol del Estado y la continuidad de la Feria del Libro Paraná Lee como política cultural. “El mantenimiento de la Feria como una política pública es exactamente lo que hay que buscar para dar espacio a la expresión local y dar espacio a expresiones que no son las locales. La dinámica de las ferias es extraordinaria porque justamente puede hacer ese juego entre distintas capas y distintas dimensiones. Y los que venimos de otro lado, no se trata solo de lo que traemos viniendo de otro lado. Se trata, por lo pronto para mí, de lo que uno aprende, de lo que uno incorpora por haber estado en este lugar”, acotó tras el conversatorio centrado en su novela “La Separación”.
Santa Fe, invitada especial y un puente sobre el río
La XIV Feria del Libro Paraná Lee tuvo además la participación especial de la Ciudad de Santa Fe, que sumó un stand dentro de Sala Mayo y una Mesa de escritores santafesinos organizada por la Secretaría de Cultura de Santa Fe y Ediciones UNL, reforzando el vínculo cultural entre ambas orillas.
“Entre Ríos y Santa Fe tenemos una amistad, desde Saer (Juan José) o Juan L en adelante. Y las voces santas vecinas y entrerrianas tienen una entonación común, podemos hacer desde el canto hasta los temas, nos atraviesa el mismo río, entonces hay temáticas y hay una comunidad de amistad”, valoró la escritora y docente santafesina Analía Giordanino.
En cuanto al lugar del libro en tiempos de pantallas, Giordanino defendió su vigencia. “Creo en el libro como un objeto de cultura, como un objeto de aprendizaje y también como un lugar donde uno puede encontrar otras realidades. Hace un ratito charlábamos haciendo referencia a las pantallas, los libros y demás, pero para mí la primera opción siempre fue un libro. Podemos trabajar con fantasías parecidas y la escritura a veces recoge esa simbología, el símbolo de cómo se cuenta una historia”, sostuvo.
Por su parte, Juanjo Conti profundizó esa mirada sobre la lectura. “Es un objeto que nos permite vivir la vida de forma más rica, no solo quedarnos con la realidad que tenemos ante los ojos, sino que permite tener múltiples experiencias amén de conocer nuevas personas y demás. Es una puerta a nuevas experiencias”, opinó.
El mate como costumbre y como reflexión
Entre los conversatorios temáticos, se destacó «Una costumbre ubicua: reflexiones en torno al mate», donde la escritora Carmen Cáceres, autora de “Al borde de la boca. 10 intuiciones en torno al mate”, puso el foco en la dimensión cultural de esta práctica cotidiana.
“Me parece hermoso no solo que el Estado sostenga, y promueva este tipo de espacios como la Feria del Libro, sino que vea cómo eso tiene sentido. Es impresionante el nivel de compromiso que hay para ofrecer una gran cantidad de propuestas, de editoriales, de librerías. Es importante que se sostenga porque la va instalando a nivel nacional, generar espacios de encuentro es cada vez más importante. Pensamos que la virtualidad podría acabar con estas cosas, pero no”, sostuvo Cáceres.
Historietas, ríos y soberanía
Otra de las presentaciones fue «Nuestra vida son los ríos. La historia de Luis “Cosita” Romero», historieta del Colectivo Aguará que cruza biografía, militancia ambiental y defensa de los ecosistemas ribereños, con ilustraciones del artista paranaense Jaimo.
“En la historieta, del Colectivo Aguará, resumimos en la vida de Cosita la historia de un montón de personas que luchan por nuestra soberanía, por nuestros ecosistemas. En este caso es la historia de Luis ‘Cosita’ Romero”, comentó Pablo Russo, al destacar que el proyecto fue uno de los elegidos en el marco de FEICAC 2025.
El propio Luis “Cosita” Romero subrayó el carácter pedagógico de la obra. “Cuenta la historia de mi vida, pero también hay una cantidad de herramientas que sirven de información para saber cómo defender nuestros recursos naturales, cómo defender nuestros ríos. Hoy las escuelas en los primeros niveles están interesándose muy fuertemente sobre lo que nos sucede en nuestro entorno con esos retazos de la naturaleza que van quedando. Agradecido a estas personas que hicieron un trabajo muy importante con este libro”, señaló.
Memoria cultural y gestión: “La Ventana”
En la misma línea de rescate de memorias locales, se presentó «La Ventana. De la intuición a la gestión cultural», un libro que reconstruye procesos culturales y artísticos de la ciudad y que también fue posible gracias a políticas públicas de fomento.
“Estamos muy contentos porque nos interesa que la gente de Paraná conozca la historia local vinculada al proceso cultural y artístico que se viene desarrollando desde hace mucho tiempo. Estas historias hay que contarlas, si uno no las cuenta, se pierden en el tiempo y ese es uno de los motivos por lo que hicimos el libro”, sostuvo Gerardo Dayub.
La autora Lucrecia Pérez Campos remarcó el rol del FEICAC en la concreción del proyecto. “Este libro fue producido con el auspicio del FEICAC, una política pública que nos permitió imprimirlo y recopilar la memoria de aquellos años. No nos definimos como escritores, sino como gestores culturales, como parte de una memoria cultural de hace mucho tiempo, pero que seguimos participando activamente en la cultura de nuestra ciudad, por eso es un honor ser parte de la Feria del Libro”, señaló.
El libro frente a las pantallas
En el conversatorio «El umbral en que mutamos», el escritor Tomás Downey puso el foco en la vigencia de la lectura en papel en tiempos de hiperconexión digital y consumo fragmentado de contenidos.
“Está bueno seguir apostando por el libro, para mí es hermoso leer y me parece que lo analógico hoy se revitaliza y se revalora. Creo que todos queremos algo que nos saque del celular y las pantallas. En el libro tenemos un universo entero con el que vas a conectar de una manera muy particular”, opinó Downey.
En el conversatorio «La promesa de lo eterno», Carmen Cáceres volvió a destacar la experiencia íntima de la lectura. “La feria está muy linda, todo muy pensado, es muy recomendable que la visiten. Cada vez va a ser más importante encontrar un espacio de soledad en donde dejar libre la imaginación de uno sin ser esclavo de la imagen y de las opiniones de otro. El libro una vez más va a resistir más allá que cada tanto, cíclicamente, se anuncia la muerte del libro y yo creo que cada vez será más difícil matarlo”, señaló.
Docencia, crítica y ferias del libro
En otro tramo del conversatorio «¿Hay un umbral donde el amor termina?», Martín Kohan destacó la convocatoria y explicó que su experiencia como docente fue clave para desenvolverse ante un público numeroso, articulando su rol de crítico y narrador.
“Prefiero definirme como docente y como crítico literario, y también escribo ficción”, señaló, al diferenciar la práctica de la escritura, que definió como “silenciosa, solitaria y retraída”, de la docencia, que lo acostumbró a exponerse y compartir ideas frente a auditorios amplios.
El escritor también valoró especialmente el sentido de las ferias del libro como espacios de encuentro. “El valor enorme que tienen ferias como esta es que abren el espacio para inquietudes, curiosidad, intereses, ganas de escuchar, ganas de participar y ganas de acercarse y compartir un mismo espacio donde hablar de libros, donde poner en juego ideas, donde proponer líneas de lectura e intercambiar unos con otros”, sostuvo. Y concluyó: “Tiene un enorme valor y se disfruta muchísimo, y yo lo he disfrutado mucho también”.








