El presunto desvío de $16.500 millones en Frigorífico General Pico puso en el centro de la escena judicial a la familia Lowenstein, históricos dueños de la planta y creadores de la marca de hamburguesas Paty.
Según la investigación, esos $16.500 millones habrían sido transferidos a una empresa vinculada al negocio equino y controlada por la familia Lowenstein, anteriores propietarios y administradores del frigorífico, mientras la firma acumulaba deudas y reclamaba capital para comprar hacienda, pagar salarios y sostener la producción.
Las operaciones bajo la lupa ocurrieron antes de que la compañía pidiera su concurso preventivo en marzo de este año. En ese contexto, la causa penal apunta a determinar cómo parte de los recursos del frigorífico habría terminado en otro negocio controlado por los mismos dueños, en plena crisis financiera.
La situación derivó en una investigación por presunta administración fraudulenta y balance falso. La Justicia ya realizó un allanamiento en la planta de Trenel y secuestró documentación clave, procedimiento que se concretó, según reconstruyen en los tribunales, para trazar el recorrido del dinero que salió de las cuentas en los momentos más críticos para la empresa.
Mientras tanto, las declaraciones testimoniales comenzaron a acumularse. Los investigadores buscan reconstruir el destino exacto de esos millones desviados y determinar si los movimientos configuraron un vaciamiento patrimonial en perjuicio de Frigorífico General Pico.
Movimientos societarios, balance cuestionado y salida de los Lowenstein
El presunto desvío de $16.500 millones quedó bajo la lupa en medio de una serie de movimientos societarios que involucraron a la familia Lowenstein, anterior propietaria y administradora de Frigorífico General Pico, lo que alimenta las sospechas sobre la administración de la firma.
De acuerdo con la investigación, los fondos habrían sido transferidos a una empresa equina vinculada y controlada por los Lowenstein, cuando el frigorífico transitaba una situación financiera crítica y necesitaba capital de trabajo para seguir faenando, pagar sueldos y mantener la producción.
Las operaciones cuestionadas se habrían concretado antes de que la compañía solicitara la apertura del concurso preventivo, en marzo de este año. Ahora, la Justicia busca reconstruir el recorrido del dinero y determinar si existió un esquema deliberado de administración fraudulenta en perjuicio de la propia empresa.
En paralelo, durante julio de 2026, la familia Lowenstein resolvió desprenderse de la totalidad de su participación en el capital social de Frigorífico General Pico. El paquete accionario fue transferido a un tercero y los integrantes del clan empresario dejaron la conducción ejecutiva de la firma en el momento más delicado de la crisis.
La operación se concretó en el tramo más crítico de la situación financiera. Apenas 14 días después de formalizar la cesión de las acciones, Alan Lowenstein, uno de los principales administradores del frigorífico, pidió la apertura de su propio concurso preventivo personal, sumando otro foco de alerta sobre la real situación patrimonial del grupo.
La cercanía temporal entre la venta de las acciones y el concurso individual de Alan forma parte de los elementos que se analizan para establecer cuál era la verdadera salud patrimonial de las partes al momento de las transacciones.
El cambio de mando también quedó reflejado en la Asamblea Ordinaria de Accionistas, donde los socios rechazaron el balance general correspondiente al ejercicio económico cerrado el 30 de junio de 2025. Los accionistas señalaron inconsistencias en el registro de activos, pasivos y operaciones con empresas vinculadas.
En la misma asamblea, los socios rechazaron la gestión del Directorio encabezado por la administración anterior. Además, la desaprobación del balance y de la memoria anual impidió la asignación y distribución de aproximadamente $2.000 millones que se habían presupuestado en concepto de honorarios para los directores salientes, dejando congelado un pago millonario en plena investigación.
La causa penal y el allanamiento en Trenel
En paralelo al frente comercial, la Justicia penal avanza con una causa por presunta administración fraudulenta y balance falso, que tiene como eje central el manejo de los fondos de la compañía y sus vínculos con otras sociedades del grupo.
La investigación busca determinar, entre otros aspectos, qué ocurrió con los fondos que salieron de las cuentas del frigorífico y cuál fue su destino final, analizando si esos movimientos estuvieron vinculados con empresas relacionadas con los anteriores propietarios.
En ese marco, se tomaron declaraciones testimoniales y se realizó un allanamiento en la planta de Trenel, donde se secuestró documentación contable que será sometida a peritajes, con el objetivo de reconstruir el circuito del dinero que habría sido desviado.
El objetivo final de la pesquisa es recomponer el destino de los $16.500 millones y determinar si las operaciones cuestionadas provocaron un perjuicio patrimonial directo para Frigorífico General Pico.
Aunque la Asamblea de Accionistas resolvió remover a la conducción anterior y designar un nuevo equipo directivo para intentar reactivar la planta y preservar las fuentes de trabajo, las nuevas autoridades aún no lograron tomar posesión efectiva de la empresa en el terreno.
La situación genera incertidumbre en el fuero comercial. La reunión en la que se votó el recambio de conducción contó con la presencia de un escribano público, inspectores de Personas Jurídicas de La Pampa y una veedora judicial designada por el juez Iglesias, pero ni esa formalidad alcanzó para destrabar el traspaso operativo.
El cambio de mando continúa pendiente mientras la investigación penal incorpora nuevos elementos sobre las operaciones realizadas entre sociedades vinculadas, lo que prolonga la parálisis y profundiza la crisis del frigorífico.
Propuestas rechazadas y una oferta millonaria que quedó en la nada
Según explicó la compañía en sus comunicaciones, se presentaron múltiples alternativas para salvar la operación, entre ellas propuestas para la explotación de la planta en el largo plazo por parte de otras empresas del sector, pero ninguna logró prosperar.
Una de las ofertas más importantes fue por u$s40 millones, mediante un esquema de leasing a ocho años. Ese mecanismo implicaba vender la planta a un inversor y alquilársela simultáneamente por un plazo acordado, permitiendo al frigorífico obtener capital inmediato sin perder el uso de sus instalaciones.
De esa manera, la empresa habría accedido a liquidez urgente para sostener su operación. El esquema es habitual en compañías con tensiones financieras que necesitan caja para seguir funcionando, sin resignar el control operativo de sus activos productivos.
En un comunicado, los Lowenstein denunciaron: “Ninguna de estas propuestas fue aceptada por dicho grupo, que tampoco presentó alternativas superadoras”, en alusión a los socios que bloquearon las alternativas de salida.
El bloqueo sistemático a las opciones que se pusieron sobre la mesa fue reduciendo las chances de una solución privada sin intervención judicial, hasta que finalmente la firma terminó presentando el pedido de concurso preventivo ante los tribunales.
La investigación penal avanza en paralelo al proceso concursal. La Justicia analiza si hubo un vaciamiento intencional y si los balances reflejaban o no la real situación patrimonial de la empresa al mismo tiempo que, según la hipótesis, se desviaban millones hacia otros destinos.
Quiénes son los Lowenstein y su peso en el negocio de la carne
Frigorífico General Pico es una compañía de capitales nacionales fundada por la familia Lowenstein. Sus principales referentes eran Ernesto “Tito” Lowenstein y su hijo Alan, quienes ocupaban los cargos de presidente y vicepresidente, hasta que la crisis y las sospechas sobre la administración precipitaron su salida.
“Tito” Lowenstein, de 86 años, es un histórico empresario del sector cárnico argentino. Fundó Paty junto a Luis Juan Bameule y José Moché, la marca de hamburguesas que marcó una época en el país y lo convirtió en un referente ineludible del negocio.
Esa marca se desarrolló bajo la compañía Quickfood, que con el tiempo fue adquirida por el grupo brasileño Marfrig. El éxito de Paty consolidó el nombre de Lowenstein en la industria, al punto de asociarlo durante décadas con la expansión del consumo de hamburguesas en la Argentina.
En la década del ’80, “Tito” también fue uno de los impulsores del centro de esquí Las Leñas, en Mendoza. Sin embargo, con los años decidió retirarse de ese proyecto para concentrarse en otros negocios, entre ellos el desarrollo y expansión del frigorífico que hoy está bajo investigación.
Su hermano Alfredo Lowenstein también dejó huella en el rubro gastronómico. Creó la cadena de hamburgueserías Pumper Nic, otro ícono de la fast food argentina que compitió con marcas internacionales, cerrando así un entramado familiar profundamente ligado al negocio de la carne y la comida rápida.


