En una actualidad signada por la evolución tecnológica, Google prepara el lanzamiento de un satélite experimental que pondrá a prueba sus propios chips de IA en el espacio.
El proyecto, denominado Suncatcher, apunta a investigar si el espacio puede convertirse en una infraestructura para ejecutar cargas de trabajo de inteligencia artificial utilizando energía solar. La primera misión será todavía una prueba tecnológica y no un centro de datos espacial operativo.
El lanzamiento está previsto para el 1 de octubre de 2026, durante la misión Transporter-18 de SpaceX, según el cronograma actualmente informado para esa misión.
El objetivo estará enfocado en evaluar cómo las Unidades de Procesamiento Tensorial (TPU) soportan el estrés físico del vuelo espacial y las condiciones de radiación y temperatura que existen fuera de la atmósfera.
La compañía confirmó que sus primeros TPU serán enviados al espacio como parte de esta prueba, aunque las fechas de lanzamiento pueden modificarse por cuestiones operativas.
El proyecto fue desarrollado junto con Planet, y representa el primer ensayo en órbita de esta investigación. La empresa había anunciado la iniciativa en noviembre de 2025 como un plan de largo plazo para estudiar infraestructura de aprendizaje automático.
Los desafíos técnicos del hardware fuera de la atmósfera
Antes del lanzamiento previsto para el primer día del décimo mes del año, se sometió el hardware a diferentes pruebas para evaluar su nivel de resistencia.
Durante un viaje a órbita, una nave puede enfrentar vibraciones intensas y aceleraciones de hasta 10 veces la fuerza de gravedad, mientras que algunos componentes pueden recibir fuerzas todavía mayores.
La radiación espacial es otro de los principales desafíos para los componentes electrónicos. En ese marco, se probaron los TPU Trillium con haces de protones en el Laboratorio Nuclear Crocker de la Universidad de California en Davis, con resultados iniciales positivos.
La refrigeración también representa un problema específico porque en el vacío no existe circulación de aire.
La compañía trabaja con una combinación de tubos de calor y radiadores para disipar la energía térmica generada por los chips y ya realizó ensayos en cámaras que simulan las condiciones espaciales.
La proyección a largo plazo de la computación orbital
El proyecto plantea una arquitectura mucho más grande que este primer prototipo, estudiando la posibilidad de utilizar satélites alimentados por energía solar y conectarlos entre sí para procesar datos a mayor escala.
Se sostiene que los dispositivos en órbita terrestre baja pueden acceder a luz casi constante y generar hasta ocho veces más energía solar que en la Tierra, fundamento por el cual se analiza esta alternativa de computación.
Para que una futura red pueda funcionar, los satélites deberán comunicarse con un ancho de banda elevado y mantener una precisión muy alta mientras se desplazan.
En ese sentido, se planea probar la interconectividad mediante láseres en 2027, cuando se coloquen dos satélites en órbita.
El lanzamiento actual será un paso inicial para determinar aciertos y fallas antes de avanzar hacia sistemas de mayor envergadura.
En este contexto, la firma remarca que convertir el espacio en una infraestructura escalable requerirá nuevas pruebas y años de desarrollo.


