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Estamos en sus manos… El FMI prefiere tasas altas

Ahora el país tiene un veedor internacional, que sigue de cerca la evolución de variables clave. Una de ellas es el costo del dinero. En las negociaciones, funcionarios del BCRA se llevaron un “reto” por un par de decisiones tomadas en el pasado. ¿Por qué Sturzenegger festeja?

 

La economía argentina post acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) traerá muchas novedades y algunas confirmaciones sobre el plan de acción que debe llevar a cabo el Banco Central.

Durante un buen tiempo, uno de los aspectos más resistidos por el “ala política” del Gobierno fue -y seguramente seguirá siendo- la utilización de las tasas súper altas, como las que se observan hoy en día.

 

El Banco Central, ya con plena libertad para enfocarse en la batalla contra la inflación, no tiene en sus planes inmediatos reducir el costo del dinero, ahora en el 40%.

Incluso, ha tenido un inesperado aliado en su cruzada por mantener los elevados tipos de interés: el mismísimo FMI.

 

Este tema fue abordado en varias de las reuniones que se llevaron a cabo en Washington entre los emisarios del BCRA y los técnicos del organismo. También claro está, fue uno de los ejes centrales de la negociación.

 

“Mano dura”

 

Si bien no hubo ningún pedido explícito por parte del Fondo (de hecho, no es un tema que esté en la letra chica del entendimiento), los funcionarios de Christine Lagarde sugirieron mantener la “mano dura” hasta que la inflación no baje en forma contundente.

Por cierto, esto fue música para los oídos de Federico Sturzenegger, quien siempre se mostró proclive a insistir en esta postura.

 

En las conversaciones con Ricardo Cardarelli, jefe de la misión del Fondo para la Argentina, los funcionarios del BCRA hasta se llevaron un “reto” por haber reducido las tasas en el pasado sin la constatación fehaciente de que el índice de precios había sido domado y estaba “condenado” a caer.

“Ustedes bajaron la tasa dos veces cuando la inflación corría al 17% anual. Una fue a mitad del 2016, la otra durante el tercer cuatrimestre del 2017. Finalmente, ambas decisiones se volvieron en su contra”, recordaron.

 

“Demuestran empeño en bajar la inflación y hasta han sido efectivos en eso, pero después no se han mantenido firmes. Tienen que ser más consistentes con las políticas que adoptan”, les hizo saber el Fondo.

“En general, los bancos centrales fijan la tasa de interés y hasta que no está clarísimo que el índice de precios cae, no la mueven”, insistió el organismo.

 

La chicana de los integrantes del FMI a los funcionarios del Banco Central, lejos de condicionar una futura reducción del costo del dinero, reafirmó la idea oficial de que la actual referencia del 40% debe ser mantenida en ese nivel por un tiempo incluso más prolongado de lo que algunos pensaban.

El organismo de crédito puso como ejemplo el caso de México en 1995, país que mostró suma lentitud en bajar el costo del dinero para así poder contener el alza de los precios.

 

Si bien el tema de las altas tasas no es una meta, lo cierto es que las autoridades del Central se llevaron la clara señal de que el Fondo avala completamente la dureza monetaria que imparte Sturzenegger.

El número uno del BCRA cree que hay que dar señales muy contundentes para poder domar los precios. Y suele repetir que hasta que no decrezca la inflación esperada no hay que aflojar en mantener la política monetaria.

 

Es cierto que su plan no dio los resultados esperados (el índice rondaría el 27% este año, según el promedio tomado entre más de 50 consultoras y economistas relevados en el REM). Pero también es verdad que tras el firme apoyo del FMI intentará que esta vez sí tenga el efecto deseado.

Para el Central, su política de “mano dura” funciona. De hecho, recuerda que los precios subieron 8% durante todo el segundo semestre del 2016.

 

Pero lo que le está exigiendo el FMI es que tenga una mayor consistencia. Es decir, en mantenerlas elevadas todo el tiempo que haga falta.

 

Revisiones trimestrales

 

En el BCRA creen que la baja del déficit ayuda para reducir el índice de precios, pero están convencidos de que –por encima de ello- el manejo de la tasa es una herramienta mucho más contundente.

De hecho, desde la entidad afirman que es el instrumento “número uno”, el más importante y el que pueden controlar plenamente.

 

Se verá si, como creen entonces el Fondo y el Central, una política dura y persistente en el tiempo es capaz de doblegar la alta inflación.

Una forma de medir esto será la revisión trimestral de las metas que se han pactado en las negociaciones.

 

El organismo revisará la marcha cada tres meses para ir monitoreando si se encamina hacia los objetivos anuales: 17%, 13% y 9% para 2019, 2018 y 2020 respectivamente.

Esto quiere decir que el FMI evaluará sobre fines de junio, septiembre, diciembre y marzo las metas trimestrales interanuales.

 

Esta noticia (que no aún es pública) quedará reflejada en el memorándum que firmó el país y que tendrá efectos inmediatos.

De hecho, hacia fines del mes en curso el Fondo evaluará cómo están los precios en la Argentina.

 

Sturzenegger adelantó en la conferencia de prensa compartida con Nicolás Dujovne que la inflación interanual de junio debería ser del 22%.

Como el Fondo tomará examen trimestralmente, y sabiendo que puede haber desvíos en las metas (los números exactos no trascendieron), le permitirá al país la fijación de “bandas” para minimizar el margen de error.

 

En otras palabras, le brindará cierta “protección” en caso de que la inflación sea mayor. Habrá una “banda interna” y una “externa”.

– Si el desvío del índice de precios queda en la banda interna, el Gobierno tendrá que comunicarle al Fondo porqué resultó más elevado y qué hará para corregirlo.

 

– En caso de que meta trimestral se haya ido muy lejos y quedado en la banda externa, el Central tendrá que ir a Washington para reunirse con el directorio del Fondo y explicarles qué fue lo que ocurrió.

 

Como el Gobierno ya enterró las metas de inflación 2018, inicialmente en un 15%, el organismo de crédito, para evaluar el cumplimiento de las metas trimestrales este año, se basará en el REM (relevamiento de mercado que hace el mismo Central).

Es decir, la nueva “meta” a la que le apuntará el Central para cumplir el target que pide el Fondo es lo que surge de esa consulta al mercado. Algo así como el 2016 cuando el BCRA tampoco tuvo cifras explícitas.

 

De todas formas, estas revisiones trimestrales están encapsuladas en lo que se denominan cláusulas consultivas (y no cualitativas).

Esto significa que si se incumplen, no peligran los desembolsos al país del organismo de crédito.

Fuente: Leandro Gabin – iProfesional.-