Los recientes números oficiales e informes de mercado dejaron al descubierto los hilos del modelo económico de Milei en materia cambiaria y laboral. La estrategia oficial mantiene el tipo de cambio contenido mientras los precios internos avanzan: la inflación acumulada llegó al 21%, pero la divisa apenas subió 3,5%.
La cotización oficial cerró a $ 1.530 en el Banco Nación, casi sin variaciones respecto al cierre previo y con un avance marginal frente a los $ 1.480 de fines del período anterior.
Esa marcada diferencia de ritmos se refleja en cómo se alejó el techo estimado de la banda cambiaria respecto al valor real. Actualmente, ese tope se ubica en $ 1.894, marcando una brecha del 25% con el mayorista.
Esta disparidad profundizó los reclamos del sector productivo. Los costos internos se disparan, la competitividad exportadora se resiente y los productos locales pierden terreno frente a las importaciones, mientras el Ejecutivo utiliza la divisa como ancla mediante ventas de bonos y operaciones de futuros.
“En lo que va del año, el tipo de cambio solo ha subido 3,5% —con bajas nominales hasta marzo y un deslizamiento mayor desde abril—, mientras que la inflación ha sido de 21% durante ese período. En términos reales, el dólar cayó 9%”, explicaron; advirtiendo que, si bien existe un saldo comercial favorable de US$ 16.000 millones en siete meses, estos ingresos dependen fuertemente de picos transitorios en los precios internacionales del petróleo y materias primas.
El mapa de la crisis laboral
El segundo factor crítico del programa económico radica en el mercado de trabajo. La creación de nuevos puestos formales se limita casi con exclusividad a provincias vinculadas a sectores extractivos como la minería y el petróleo.
De acuerdo con los registros de la Secretaría de Trabajo, el balance nacional es alarmante: “3 jurisdicciones registraron aumentos en el nivel de empleo y 21 mostraron variaciones negativas”, precisó el informe oficial.
Las únicas tres provincias con saldo positivo fueron Neuquén con 5,2%, Río Negro con 3,6% y San Juan con 1,4%.
En la vereda opuesta, el desplome laboral afectó duramente a Tierra del Fuego (13,1%), Misiones (5,7%), Formosa (5,1%), Corrientes (4,2%), Chaco (3,8%) y Mendoza (3,8%).
El saldo neto evidencia un grave desequilibrio estructural. De los 120.000 empleos registrados perdidos, 48.000 correspondieron a la provincia de Buenos Aires y 23.000 a la Capital Federal, mientras que las provincias que crecieron apenas sumaron 12.000 puestos en conjunto.


