En una resolución sobre el cura argentino Carlos Buela, el Vaticano ratificó que el sacerdote, fundador de dos órdenes religiosas y fallecido en 2023, fue culpable de los delitos de abusos sexuales y violencia contra varias personas por los que fue apartado.
Esta conclusión fue comunicada formalmente a los delegados de las dos instituciones creadas por él e intervenidas por la Santa Sede: Clara Echarte Oñate, de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, y José Antonio Satué Huerto, del Instituto del Verbo Encarnado.
A través de un comunicado emitido este martes, ambos delegados detallaron que el pasado 14 de septiembre reunieron en Roma a los superiores y superioras de ambas entidades. En dicho encuentro estuvo presente la prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Simona Brambilla.
Durante esa reunión se notificó formalmente a los integrantes de las congregaciones que tanto el Tribunal Penal Especial como el de Apelación de la Iglesia determinaron que su fundador era culpable.
Detalles del fallo canónico
En el dictamen eclesiástico se precisó que “alcanzaron la certeza moral sobre la responsabilidad” del sacerdote por violar el Sexto Mandamiento en un hecho “perpetrado con violencia contra varias personas”.
Asimismo, el documento recordó que el artículo 1.395 del Código de Derecho Canónico castiga al clérigo en estas condiciones con “la suspensión” y hasta la expulsión del estado clerical.
Nacido en Buenos Aires en 1941 y fallecido en Génova en 2023, el sacerdote creó en 1984 el Instituto del Verbo Encarnado y luego su rama femenina, pero terminó apartado de sus funciones tras las denuncias presentadas por una veintena de seminaristas.
Con la difusión de esta resolución, la Santa Sede busca “contribuir a restablecer la verdad como un acto de justicia hacia las personas que se han visto perjudicadas por el comportamiento del sacerdote Carlos Miguel Buela”, remarcó el texto oficial.
La comunicación oficial persigue también aportar “la debida información” a las comunidades religiosas involucradas en su “camino de relectura del carisma y de revisión, renovación y purificación de la espiritualidad”.
Por último, desde el organismo vaticano señalaron la necesidad de diferenciar “el don del Espíritu concedido para la edificación e la iglesia” en dichas órdenes respecto de “las limitaciones o actuaciones personales de su fundador”.


