
Especial por Ezequiel Re
Estamos jugando dos Mundiales de Fútbol. El Mundial en sí, hablando del deporte. Y el Mundial emocional. Sensibles, la emoción flor de piel, la alegría, las lágrimas. Ya se advirtió con Cabo Verde y mucho más ante Egipto pasando a cuartos de final.
¿Qué nos pasa? ¿Qué llevamos todos adentro que nos hace sentir así? Gritamos los goles como en la final de Qatar 2022.
Nos abrazamos, salimos a la calle, gritamos. Y en realidad no tiene explicación. O sí si la buscamos porque somos de carne, hueso y mucho corazón. El sentimiento explota. Mucho más que en otros lados, porque así sentimos el fútbol y la Selección. Será que Messi nos emociona. El tipo ganó todo y no le falta nada. Podría perder tranquilamente e irse a la casa que nadie podría reclamarle nada. Sin embargo, pelea hasta la última pelota, se repone de su propia adversidad de un penal marrado y lleva adelante a un equipo que parecía noqueado al altar de la victoria. Llora y lloramos todos.
Y está el Mundial futbolístico. Ahí está Argentina. Tambalea en defensa a veces, no recupera en el medio y la presión alta es tímida. Tiene control de pelota, pero a veces no es potente. Pero se ata a su propia voluntad. El sacrificio es la bandera y Paredes el maestro mayor de obras. La jugada del gol final es al revés. Asiste un delantero. Gol de un volante.
Panzeri siempre lo dijo. Lo adelanto en los 60. El fútbol es dinámica de lo impensado. Tenemos preocupaciones, la cosa no está fácil en el país. Mucha gente la pasa mal. Eso acaso también tiene que ver con la carga emocional.
No es de ahora. Es de siempre o casi siempre para los más optimistas. Somos un país difícil. Me gustaría que sea algo mas equitativo.
Pero el fútbol nos descoloca. A la mierda todo. Juega Argentina. Estos muchachos, muchos en sus últimos juegos, empezaron en potreros, gambeteando el hambre. Otros jamás se entregaron. Sus padres hicieron grandes esfuerzos para que cumplan su sueño. No llegaron por casualidad. Podrían estar tranquilos por lo que lograron en Qatar. Van por más. Y personalmente me dan ganas a mí. Me motivan mucho más. Entonces me quedo con la emoción personal, las lágrimas íntimas y el deseo de que sea sábado. Para volver a sentir lo mismo. Más argentino que nunca.


