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El Montecito de los Canichones llora la muerte de “El Polaco” Groh Riemersma

El rescatista de perros murió en un accidente de moto a los 49 años en Santiago del Estero

Redacción by Redacción
28/08/2026
in Nacionales
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El Montecito de los Canichones llora la muerte de “El Polaco” Groh Riemersma

La historia de El Montecito de los Canichones quedó atravesada por la tragedia: Eduardo “El Polaco” Groh Riemersma murió este jueves 27 de agosto, a los 49 años, tras sufrir un accidente de moto en Santiago del Estero.

El siniestro vial ocurrió cerca de las 15.40, cuando Groh Riemersma circulaba en una KTM 990 Adventure por avenida Alsina, en sentido este-oeste. Al llegar a la rotonda de Ramón Gómez Cornet perdió el control de la moto y derrapó, por causas que todavía son materia de investigación.

Su muerte provocó una fuerte conmoción en Santiago del Estero y, especialmente, entre proteccionistas y las miles de personas que durante años acompañaron su trabajo. Detrás de “El Polaco” había una historia de vida tan singular como contundente.

Del mundo empresarial al monte santiagueño

Licenciado en Marketing, con empresa propia de servicios y un pasado laboral junto al magnate húngaro-estadounidense George Soros, Groh Riemersma había conocido de cerca el confort. Ganaba bien, disfrutaba de la buena vida, las fiestas electrónicas, los autos de lujo y los viajes en primera clase.

Sobre aquella primera etapa solía ser tajante: “Vivía dentro de la Matrix”, resumía.

Desde chico había amado a los perros, aunque reconocía que, en ese entonces, prestaba casi toda su atención a los de raza y pedigree.

Beethoven, el callejero que le cambió la vida

En 2003, después de la muerte de Brunilda, su dogo, el padre de una exnovia le regaló un cachorro que supuestamente era un Siberiano. Con el paso de los meses, el animal comenzó a mostrar su verdadera procedencia. “Beethoven de Siberiano no tenía nada. Se le estiró el hocico, se le bajaron las orejas y se le cayeron los pelos. Beto, mi amigo, mi hermano, mi todo, era un perro de la calle, un callejerito”, recordaba.

Tiempo después supo la historia completa. Beethoven era uno de los nueve cachorros de una perra abandonada mientras estaba preñada: un camión atropelló a la madre y a sus crías, y solo él sobrevivió.

Algo se activó en su rutina. “Desde el día que supe de dónde venía Beethoven empecé a bajar los vidrios de la camioneta para ver si me cruzaba otros perros abandonados en el camino”, contó.

La música electrónica empezó a sonar más bajo. Necesitaba escuchar si había ladridos o algún animal llorando al costado de la ruta, y los perros comenzaron a subir a su camioneta mientras su antigua vida se iba desdibujando.

Sobre ese giro íntimo, no tenía dudas: “Beethoven me salvó. Me hizo frenar, apagar la música electrónica”, decía.

Nace El Montecito de los Canichones

Los primeros animales rescatados fueron alojados en un predio de una hectárea perteneciente a su empresa. Cuando ya eran alrededor de 30 perros entendió que el lugar no era seguro, porque allí circulaban permanentemente camiones y maquinaria pesada.

El Polaco tomó entonces una decisión difícil de imaginar unos años antes: vendió su empresa y destinó parte del dinero a crear El Montecito de los Canichones.

Desde 2005, el refugio funciona a unos 35 kilómetros del centro de Santiago del Estero, en un predio de 50.000 metros cuadrados en medio del monte. Cuando fue entrevistado en 2023, estimaba que allí vivían unos 600 perros rescatados.

Con el tiempo se especializó en los casos que casi nadie quería tomar. Los llamaba “rescates traumáticos”: perros desnutridos, quemados, mutilados, abichados, discapacitados o muy viejos.

Su compromiso no se limitó a los caninos. Por sus manos pasaron también caballos, lechuzas, zarigüeyas, osos hormigueros, un puma bebé y hasta una boa constrictora.

La metamorfosis personal fue tan profunda como visible. “Me convertí en los perros sarnosos que rescataba. Nunca voy a olvidar con el asco que me miraban los que me conocían de mi antigua vida cuando llegaba a una veterinaria con un perro sarnoso en brazos”, contó alguna vez.

No todos los perros se quedaban en El Montecito. El refugio desarrolló un sistema de adopciones, con evaluación previa de las familias y seguimiento posterior para saber cómo estaba cada animal.

Educación, “canichones patiruedas” y una misión más amplia

Pero para El Polaco rescatar no era suficiente. Empezó a visitar jardines de infantes y escuelas acompañado por algunos de sus perros, incluidos animales ciegos, amputados o que necesitaban carritos para caminar.

A esos perros que usaban carritos los había bautizado con ternura y humor: “canichones patiruedas”.

En ese marco, su mensaje era siempre directo. “La educación es el rol primario que nadie ve. La historia no es sacar perros de la calle, sino educar a los chicos para que no los abandonen”, explicaba.

Un accidente previo y la idea de una segunda oportunidad

Hay otro episodio clave para entender el rumbo que eligió. El 5 de mayo de 1998, cuando tenía 24 años, sufrió un gravísimo accidente de tránsito: una camioneta de gran porte impactó contra el auto en el que se encontraba y debió ser reanimado tras dos paros cardiorrespiratorios.

Estuvo en coma y pasó por una rehabilitación que se extendió aproximadamente durante un año. Años después diría que, cuando recuperó plenamente la conciencia, pasó horas agradeciendo estar vivo.

Sentía que había sobrevivido a algo de lo que difícilmente debería haber salido con vida y que, de alguna manera, tenía que hacer algo significativo con esa segunda oportunidad.

Durante un tiempo buscó esa respuesta en distintas causas. Después llegó Beethoven, también un sobreviviente de un accidente, y el rumbo quedó definitivamente marcado.

Un refugio sostenido por miles de padrinos y madrinas

En 2023, El Montecito se sostenía mediante donaciones, cursos, talleres y una comunidad de alrededor de 15.000 padrinos y madrinas que respaldaban su labor diaria.

El refugio también tenía un activo sistema de adopciones. Evaluaba a las familias interesadas y realizaba un seguimiento posterior de los animales entregados en adopción, para garantizar su bienestar.

Despedidas, reconocimiento y la preocupación por el futuro

Tras conocerse su muerte, las redes sociales se llenaron de despedidas. Amigos, proteccionistas, personas que habían adoptado animales y seguidores comenzaron a compartir fotos, videos y recuerdos.

Entre las figuras públicas que lamentaron su partida se contaron Nicole Neumann y Evelyn Von Brocke, mientras su nombre llegó a convertirse en tendencia en X, la red social antes conocida como Twitter.

Desde El Campito Refugio lo homenajearon con una definición que se repitió entre quienes lo conocieron: lo recordaron como “el papá, el refugio y la esperanza” de cientos de perros y destacaron que había puesto “el cuerpo, el corazón y el alma” por sus canichones.

En Santiago del Estero, su amigo Martín Cabral lo despidió con afecto brutalmente honesto. Lo llamó “hermano loco soñador” y escribió: “Hoy se fue el ángel de los perros”.

También lo despidió Bandera, la ciudad santiagueña donde había nacido. El municipio lo definió como “un revolucionario de la empatía” y cerró su mensaje con un “Hasta siempre, Polaco. Tu ciudad te despide con gratitud eterna”.

La gran incógnita es qué ocurrirá con los perros de El Montecito sin el hombre que durante más de 20 años estuvo detrás de cada rescate. La preocupación ya empezó a aparecer entre quienes seguían su trabajo y se preguntan cómo sostener su legado.

En ese contexto, una seguidora del refugio propuso un gesto concreto y emotivo: “Si cada uno de nosotros adoptamos un perro del refugio. No sólo ayudaremos. Si no que tendremos un pedacito del corazón del Polaco”, escribió.

Años antes, cuando le preguntaron qué podía hacer alguien que quisiera ayudar sin tener un refugio, Groh Riemersma había simplificado todo a una idea poderosa. “Si cada uno ayuda a un perrito callejero, se termina el problema. No es necesario que tengan 600 como yo, solo uno”, había dicho.


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Tags: Eduardo Groh RiemersmaEl Montecito de los CanichonesSantiago del Estero
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