El fuerte crecimiento de la morosidad se consolidó como la contracara del crédito, con 57.045 empresas en situación irregular, lo que abarca a casi el 12% de las cerca de 480.000 firmas activas y representa una suba interanual de 56,5% tras trepar un 18,7% entre enero y junio de 2026.
En el detalle de los sectores afectados, Servicios y Comercio concentran el 71,9% de la morosidad empresarial total. Los mayores incrementos interanuales se observaron en Comercio con un 78%, Manufactura con 76,3% y el sector Agropecuario con 65,6%.
Cadena de pagos
A este complejo panorama se añade un volumen de cheques rechazados en torno a 80.000 por mes. De hecho, en los primeros ocho meses de 2026 se igualó la cantidad de rechazos acumulada durante los doce meses de 2025.
El cruce entre la mora, los cheques rebotados y las trabas crediticias impacta directamente sobre la cadena de pagos de todo el entramado productivo.
Cuando una compañía posterga sus compromisos traslada el problema a sus proveedores habituales, multiplicando el riesgo si comparten sector o ciclo de demanda.
Proveedores y tasas
Al analizar este escenario, advirtieron que la selección comercial requiere cautela: “Hoy en día, la elección de un proveedor no solo debe incluir aspectos de calidad en el producto o servicio, equipo de profesionales o tecnología implementada, sino también solidez financiera para no estar incorporando un problema a futuro en la cadena de producción de quien hace la contratación”, explican desde Fidelitas.
El elevado costo del financiamiento frena la reactivación: en agosto, la brecha entre la tasa efectiva anual de préstamos personales (88,86%) y depósitos (23,40%) alcanzó 65,46 puntos porcentuales.
Capital de trabajo
El deterioro golpea fuertemente al capital de trabajo, ya que demorar cobranzas obliga a financiar por más tiempo salarios, mercaderías e impuestos. En ese marco, si el margen comercial no cubre el costo, vender más puede empeorar la posición de caja.
La facturación pierde efecto al quedar atrapada en cuentas a cobrar o sobrestocks, sumado a la presión de los costos empresariales medidos en dólares.
Competitividad
El encarecimiento en dólares sin ganancias de productividad comprime la rentabilidad y deteriora la competitividad, volviendo indispensable elevar inversiones, eficiencia y generación de divisas.
Bajo estas condiciones, la baja inflacionaria del 1,7% en agosto y el comercio exterior positivo resultan insuficientes para compensar la debilidad del mercado interno y el deterioro del crédito.
Riesgo elevado
Sobre las perspectivas de la actividad, remarcaron: “La economía muestra señales de estabilización, pero todavía no de recuperación generalizada. Con el indicador en la categoría “Riesgo Elevado”, no es posible anticipar grandes saltos de evolución en el corto plazo, dado que la mayor severidad continúa concentrada en el frente crediticio”, explican desde Fidelitas.
La mora generalizada, las altas tasas reales, los rechazos de cheques y el freno productivo obligan a extremar el control de riesgos, en paralelo a más deudas previsionales impagas.


