El descontento social con el rumbo del Gobierno nacional comenzó a instalar serias dudas sobre el futuro electoral y la reelección de Javier Milei, en un contexto donde los números macroeconómicos no logran derramar en la economía diaria.
El presidente Javier Milei mantiene el convencimiento sobre su programa de ajuste, a pesar de que los estudios de opinión pública exhiben un marcado deterioro social. En los últimos 33 meses, el superávit comercial llegó a u$s50.000 millones, superando registros históricos; sin embargo, la actividad, el consumo y el empleo mostraron datos desfavorables.
Desde el oficialismo intentan restarle peso al escenario adverso y apuestan a la polarización política. “Ayuda que el contrincante sea Kicillof”, sostienen en los despachos gubernamentales para minimizar las alertas sobre el desempeño electoral.
En las filas de La Libertad Avanza insisten en culpar a la oposición por anticipar la discusión comicial y responsabilizan al periodismo de tener intereses contrarios a la gestión libertaria. No obstante, la pérdida de respaldo popular se consolida y la desaprobación del Gobierno oscila entre el 52% y el 65%.
El malestar cotidiano se traduce en indicadores contundentes: hasta un 57% de los argentinos califica de forma negativa su situación económica familiar, al tiempo que el 70% de la sociedad evalúa negativamente la situación del empleo en el país.
Pese a la caída en las mediciones, el oficialismo retiene una base de apoyo de entre 41% y 42% de crédito social que aún confía en el programa técnico del mandatario para revertir la crisis.
Dureza discursiva y advertencias electorales
El tono comunicacional oficial profundiza las tensiones. Entre diversas declaraciones de la gestión, resuenan definiciones tajantes como “si fuera cierto que no llegan a fin de mes, la calle tendría que estar llena de cadáveres” y “no se puede pretender que no haya sectores que desaparezcan”.
Frente a las críticas y la pérdida de paciencia de la ciudadanía, el jefe de Estado suele redoblar la apuesta: “Si no ganamos, es porque como sociedad estamos decidiendo suicidarnos”.
En el entorno presidencial descartan cualquier giro pragmático para seducir a sectores desencantados y recuerdan la premisa libertaria de preferir “morir con las botas puestas”.
Récord externo vs. derrumbe del mercado interno
El frente externo sostiene marcas favorables, alcanzando en agosto un saldo comercial positivo de u$s2.187 millones. De este modo, el país acumuló u$s18.268 millones en lo que va del año, motorizado por la energía, las manufacturas y los mejores términos de intercambio en décadas.
En contrapartida, la economía doméstica muestra signos de alarma: en el segundo trimestre, el consumo privado se retrajo 2,4%, registrando su retroceso más pronunciado desde finales de 2023.
La inversión productiva tampoco encuentra piso y profundizó su declive con una caída interanual de 11,1%, pasando a representar apenas el 16,5% del PBI.
El panorama laboral sumó tensiones tras confirmarse que el desempleo subió a 7,9%, con una tasa de informalidad que trepó al 45% de los trabajadores.
El deterioro de los ingresos golpea de lleno a los hogares: el 65% de los argentinos se queda sin ingresos antes del día 20, obligando a que el 76% de los endeudados tome crédito para pagar comida, salud y tarifas.
Como siempre, para un negacionista nato, lindante con la obsesión por echar culpas a otros, los grandes responsables de cómo le va a la Argentina, además, son los periodistas que – como mínimo- son ignorantes, de acuerdo con el pensamiento oficial que los considera personas con intereses opuestos a un Gobierno “que está transformando al país”.
Sin embargo, la falta de comprensión o paciencia de un porcentaje significativo de argentinos es una realidad. Y aquellas agendas, consultoras, encuestadoras que impactaron con sus presagios en el 2023, hoy evidencian con trabajos de campo fundamentados estadísticamente, que a Milei solo lo salva la fragmentada y débil oposición que hasta hoy no cuenta con un o una líder 100% creíble o que al menos genere esperanzas de recuperar un Gobierno al menos más empático con el Pueblo.



Frigerio arrancó con Busti y él le enseñó como callar al periodismo. Montiel y Moine se ganaron muchos enemigos en la prensa y así terminaron. Pero Frigerio lo está haciendo demasiado evidente yendo siempre a los mismos canales, a los mismos programas o saliendo por las mismas radios. Está muy mal asesorado y no entiende que lo van a traicionar como traicionaron al pato, a Bordet o a beto.
Cuando viajes a Francia con Frigerio decile que disimule un poco los sobres y pauta que le da a ciertos canales, a radios amigas, a algunos periodistas y a medios digitales que antes vivían de los gobiernos de Busti, Urribarri o Bordet.