El consumo de productos lácteos básicos volvió a mostrar en abril señales alarmantes de retroceso en el mercado interno, con caídas tanto mensuales como interanuales y un deterioro sostenido en lo que va del año. Los datos reflejan el impacto del ajuste de los ingresos frente a la suba de precios y consolidan una tendencia negativa para todo el sector.
De acuerdo con el último relevamiento del Observatorio de la Cadena Láctea, la demanda medida en litros equivalentes se desplomó en abril un 4,7% respecto de marzo, tomando el volumen total de lácteos comercializados.
La situación luce aún más crítica cuando se observa la medición en litros de leche equivalente, el indicador que refleja la materia prima total utilizada para elaborar todos los productos del rubro: ese parámetro registró una caída mensual del 5,8%, profundizando el deterioro del consumo interno.
La comparación a largo plazo confirma que no se trata de un fenómeno estacional. Al contrastar abril de 2026 con el mismo mes de 2025, el volumen de productos lácteos retrocedió un 1,9%, mientras que la pérdida medida en litros equivalentes fue del 2,9%.
Con este escenario, el balance acumulado del primer cuatrimestre del año muestra una baja del 1,5% en volumen físico y del 2,1% en litros de leche equivalentes, consolidando una tendencia contractiva que golpea a toda la cadena.
El sachet en retirada y el avance de los sustitutos económicos
El informe sectorial advierte sobre un cambio estructural en las pautas de consumo que se arrastra desde hace una década. Los registros muestran un descenso sostenido en las ventas de leches fluidas, históricamente asociadas al clásico sachet en la mesa familiar.
En paralelo, las familias reorientaron sus elecciones por motivos estrictamente presupuestarios. Las leches no refrigeradas (larga vida) volvieron a ganar participación de mercado en detrimento de las leches refrigeradas tradicionales, revirtiendo la leve recuperación que este último segmento había mostrado entre 2024 y 2025.
Los especialistas señalan además que la estadística formal —que captura el 79,6% de las ventas de empresas medianas y grandes— no alcanza a reflejar plenamente el fenómeno emergente que provoca la crisis económica.
Ante la imposibilidad de afrontar los costos de las primeras marcas, se expande la comercialización por canales informales y crece con fuerza la oferta de productos sucedáneos de menor valor. El consumo de alimentos lácteos genuinos comenzó a ser reemplazado masivamente por alternativas más baratas.
Entre esos sustitutos se destacan “alimentos a base de queso rallado”, bebidas lácteas alternativas, margarinas y productos similares, que ganan espacio en las góndolas y en las compras cotidianas, desplazando a los lácteos tradicionales.
Radiografía por rubros: quesos sostenidos por promociones y yogures en baja
El comportamiento del sector lácteo durante el primer cuatrimestre del año se movió a dos velocidades según el tipo de producto, con ganadores y perdedores bien definidos.
En primer lugar, los quesos fueron el único grupo que logró mostrar subas interanuales tanto en la medición mensual como en la acumulada. Su desempeño es clave, ya que absorben alrededor del 50% del destino total de la leche en el país y constituyen el principal motor de las pymes industriales del rubro.
En contraste, los yogures y postres lácteos sufrieron de lleno el recorte en los presupuestos familiares, con una caída del 2,3% en el primer cuatrimestre, lo que refleja la postergación de consumos considerados menos esenciales.
Un caso particular es el de las leches saborizadas y chocolatadas, que exhibieron un fuerte crecimiento del 30,1% interanual. Sin embargo, el propio sector aclara que este salto responde principalmente a un efecto estadístico, dado que la base de comparación quedó muy baja tras el desplome del 45% registrado en 2024.
Precios sacrificados, segundas marcas al frente y ofertas agresivas
Para sostener el nivel de actividad y evitar una acumulación crítica de stock, las empresas lácteas se vieron obligadas a modificar su estrategia comercial y resignar márgenes de ganancia, en especial en el segmento de quesos.
Según datos del sector, la colocación de mayores volúmenes de quesos se logró fundamentalmente a expensas de sacrificar rentabilidad, en un contexto de consumidores hiper sensibles al precio.
Las cadenas de supermercados y los comercios minoristas se inundaron de ofertas agresivas y promociones cruzadas, con descuentos por cantidad y combos especiales. Hoy el consumidor prioriza casi exclusivamente el precio, lo que empuja la venta de productos fraccionados “al peso” y de variedades tipo commodity —como el queso cremoso, la barra de tybo y los quesos duros “frescos”— por sobre las especialidades gourmet.
El fenómeno llegó al extremo de registrarse situaciones comerciales atípicas: en algunos momentos, los valores de góndola de primeras marcas quedaron por debajo de los productos de segundas o terceras líneas, con el único objetivo de acelerar la rotación de la mercadería y evitar que el stock se acumule en las cámaras.




