El balance del terremoto en Colombia del pasado 10 de agosto, de magnitud 7,4, deja hasta ahora 329 fallecidos, 4.600 heridos y 247 desaparecidos, según el último corte de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres. La cifra de personas afectadas asciende a 314.751, pertenecientes a 154.014 familias, en 481 municipios de 16 de los 32 departamentos del país.
Los registros de daños materiales también se han disparado: se reportan 171.273 viviendas averiadas, 31.183 destruidas y 553 edificios colapsados, principalmente en Cali y Pereira, las dos ciudades más golpeadas por el movimiento telúrico.
El impacto se extiende sobre infraestructura clave: hay afectaciones en 367 centros de salud, 3.710 establecimientos educativos, 5.584 centros comunitarios y 427 carreteras, mientras que el número de personas rescatadas con vida se mantiene en 364, sin nuevos hallazgos en las últimas jornadas.
Un conteo que cambia día a día
Las cifras han variado de manera considerable entre los sucesivos informes del organismo. El 12 de agosto, el balance registraba 239 fallecidos y 49.214 personas afectadas; el 16 de agosto subió a 289 muertos y 185.016 afectados; y el corte del viernes llegó a 329 fallecidos y 314.751 personas afectadas.
Los desaparecidos han oscilado entre 143 y 379 personas según la jornada, y los edificios colapsados pasaron de 66 en el corte del 14 de agosto a 553 el viernes, lo que dimensiona la magnitud de la destrucción a medida que se consolidan los reportes.
La entidad atribuye estas variaciones a tres factores clave. El primero es el cotejo de los reportes iniciales, en su mayoría verbales, con los registros oficiales de la Fiscalía General y de Medicina Legal, con el fin de eliminar duplicados y depurar el listado de víctimas.
El segundo factor es la incorporación progresiva de los censos elaborados por las alcaldías: el salto del 16 de agosto respondió sobre todo a la integración de los datos de Pereira, lo que engrosó de forma abrupta el número de personas afectadas y de edificaciones dañadas.
El tercer elemento es la evaluación presencial de cada inmueble por parte de equipos de ingeniería, un trabajo que avanza sobre el terreno y que corrige en ambas direcciones el conteo de viviendas y estructuras, reclasificando daños leves como graves y viceversa.
El sismo más fuerte del siglo en el país
El epicentro se localizó en San José del Palmar, en el departamento de Chocó, uno de los que registran los mayores índices de pobreza de Colombia, lo que agrava el impacto social y económico del desastre sobre las comunidades más vulnerables.
Los departamentos más afectados son Valle del Cauca, Risaralda, Caldas y Quindío, que concentran buena parte de los daños humanos y materiales y afrontan un escenario de crisis prolongada por la destrucción de viviendas, servicios básicos e infraestructura productiva.
El Servicio Geológico Colombiano describió el terremoto como el evento sísmico de mayor magnitud registrada en Colombia en el siglo XXI y contabilizaba 325 réplicas al cumplirse una semana del sismo, un enjambre que mantiene en alerta a la población y complica las labores de evaluación y reconstrucción.
De la búsqueda de sobrevivientes a la reconstrucción
Las labores de búsqueda dieron paso el fin de semana pasado a la recuperación de cuerpos y a la remoción de escombros, tras varios días sin rescates con vida y con la esperanza de hallar sobrevivientes prácticamente agotada.
En respuesta a la catástrofe, el presidente Abelardo de la Espriella declaró el 12 de agosto la emergencia económica, un mecanismo constitucional sujeto a revisión de la Corte Constitucional que faculta al Poder Ejecutivo para expedir decretos con fuerza de ley.
En ese marco, el mandatario anunció la creación de un fondo destinado a canalizar los recursos de la reconstrucción, con el objetivo de ordenar las partidas, coordinar la asistencia y acelerar la recuperación de las zonas más devastadas por el terremoto.


