“Es uno de los mejores momentos de todos”. Así definió Lionel Scaloni a los multitudinarios asados que se convirtieron en un ritual clave de la selección argentina, donde jugadores, cuerpo técnico y dirigentes se reúnen en la previa de cada partido para compartir carne, charla y tradiciones.
En la antesala de la final de la Copa del Mundo, que enfrentará al seleccionado argentino con el español, las parrillas también se encienden en el predio de Palermo, donde la Expo Rural muestra al campo en su máxima expresión. Al igual que en la “Scaloneta”, en la Exposición el asado es motor de encuentros, historias y camaradería.
“El asado es unión”, resume Pablo Antoyan, uno de los encargados de mantener encendidos los fuegos en este fin de semana mundialista en la Expo Rural. El asador se reconoce poco ortodoxo y admite que, en su casa, suele optar por cortes chicos como entraña o banderita. Pero cuando se trata de alimentar multitudes, la lógica cambia y aparecen los secretos de oficio.
En Palermo, el fuego se enciende temprano: a las ocho y media de la mañana, con carbón y leña de espinillo. “Así la carne queda muy rica, porque le da mucho sabor a los cortes que tienen un poco de grasa”, asegura Pablo, mientras vigila las brasas.
Para calcular cuánta carne se necesita, manda la experiencia. “Con hueso, medio kilo por persona y, sin hueso, 350 gramos. Pero siempre es a ojo y hay que tener cintura”, detalla el asador, que en su trabajo cotidiano no cocina para deportistas de élite y por eso se permite incluir achuras sin culpa.
El asado soñado para la Selección
Consultado sobre qué haría si tuviera que asar para el plantel argentino, Pablo no duda. “Bife de chorizo, entraña y cortes magros”, responde de inmediato, pensando en las exigencias físicas y nutricionales de los futbolistas.
A ese menú le sumaría un sello propio: “Me gustan mucho las verduras asadas, como zapallo, batata y papa, que quedan muy ricas”, explica. Y remata que el toque final sería la sal de la casa, un condimento que prefiere no revelar en detalle.
¿Se imagina a algún jugador opinando al lado del fuego? Pablo se ríe y contesta: “A cualquiera, no tengo drama. Que me llamen para hacer el asado sería un privilegio”, comenta, entre humilde y entusiasmado ante la sola posibilidad.
Un ritual que trasciende la cancha y la Rural
Más allá de la concentración o de la exposición, hay códigos que se repiten. “El asado genera vínculos, lazos, compañerismo y amistad”, resume Antoyan, convencido de que esa ceremonia criolla es una de las tradiciones más importantes tanto para el seleccionado como para todo un país.
En tiempos de Mundial, la imagen de la Selección reunida alrededor de la parrilla y la de las familias y amigos en la Expo Rural comparten un mismo hilo conductor: el fuego, la carne y la mesa como lugar de encuentro.


