Este domingo 30 de noviembre se celebra el Día del Mate en honor a una infusión que es emblemática en el país, ya que se trata un ícono de su cultura e identidad. Esta efeméride posee un telón de fondo histórico y legislativo que busca, a la vez, preservar el legado histórico de las culturas originarias y reconocer a una figura clave en la historia argentina: el comandante Andrés Guacurarí y Artigas, más conocido como Andresito.
Andresito fue un caudillo de origen guaraní y militar misionero adoptado por José Gervasio Artigas, libertador de la entonces Banda Oriental (ahora Uruguay) y uno de los próceres de la independencia en el Río de la Plata en la década de 1810.
El Comandante Andresito fue uno de los principales impulsores de la producción de yerba mate y su consumo. El Día del Mate se debe a su natalicio.
La elección del 30 de noviembre como Día del Mate se estableció mediante la Ley 27.117, sancionada en diciembre de 2014 y promulgada al año siguiente.
La fecha en cuestión corresponde al natalicio del comandante Andresito, quien fue el único gobernador indígena en la historia argentina, y un firme defensor e impulsor de la producción, cultivo y distribución de la yerba mate en la provincia que gobernó durante los álgidos años de la revolución independentista ante la Corona española: la “Provincia Grande las Misiones”.
La yerba mate se remonta incluso más allá en el tiempo, ya que era un cultivo desarrollado por la cultura guaraní desde antes de la conquista, y lo consideraban ‘un regalo de los dioses’, pues se utilizaba con fines rituales, medicinales y alimenticios.
Los conquistadores y colonizadores españoles adoptaron la costumbre y con el tiempo, el consumo del mate se extendió por todo el Virreinato del Río de la Plata.
Las misiones jesuíticas incorporadas al territorio del Litoral fomentaron su producción y comercialización hasta que luego fueron expulsadas por la Corona. Sin embargo, ello no detuvo la elaboración y consumo de yerba.
La transformación del mate a lo largo de los siglos lo llevó de ser una práctica nativa a convertirse en un elemento de resistencia en las luchas independentistas y, finalmente, en la bebida social por excelencia.
La infusión está presente en el 90% de los hogares argentinos, con un consumo promedio anual de más de 6,4 kilos por habitante.
Lo que distingue al consumo de mate de otras infusiones es su uso como forma de socialización, ya que se trata de un brebaje que se consume de forma colectiva y no solo individual como el café o el té: ya sea entre amigos, familiares, aunque también funge como compañía individual durante el trabajo y el estudio, para generar reservas de energía ante el cansancio.




