La relación salarios desempleo bajo el gobierno de Javier Milei luce muy distinta a la que el propio presidente describe en sus discursos. Mientras insiste en negar cualquier crisis de ingresos, los datos oficiales muestran más desocupación y caída del poder adquisitivo.
“No aumentó el desempleo. Tampoco cayeron los salarios”, afirmó textualmente el jefe de Estado la semana pasada, ante el llamado círculo rojo en el Consejo de las Américas. En ese marco, volvió a desplegar el tono negacionista que repite desde hace meses y que ahora también aplica al consumo, al sostener que no se está registrando una baja en las compras de los hogares.
El desempleo en alza con Milei
Más allá del relato presidencial, las propias estadísticas oficiales exhiben otra realidad. El último informe del Indec sobre mercado de trabajo precisó que la desocupación se ubicó en 7,8% en el primer trimestre de 2026, apenas por debajo del 7,9% del mismo trimestre del año previo, el máximo alcanzado bajo la actual gestión libertaria.
La tendencia de mediano plazo refuerza ese diagnóstico. Con Milei, la desocupación había tocado un mínimo de 6,4% en el cuarto trimestre de 2024, pero luego escaló a 7,5% en el mismo tramo de 2025. En otras palabras, la mejora en el empleo se frenó al mismo tiempo que se desaceleró el crecimiento de la actividad económica.
La comparación con el final del gobierno de Alberto Fernández resulta aún más incómoda para la Casa Rosada. En el último trimestre de 2023, el desempleo era de 5,7%, equivalente a unos 800.000 desocupados. Frente a eso, el 7,8% actual implica alrededor de 1,1 millones de personas sin trabajo, es decir, unos 300.000 desocupados más bajo la presidencia de Milei.
Para una lectura más rigurosa, los especialistas recomiendan comparar datos interanuales. En el primer trimestre de 2023 la desocupación era de 6,9%, lo que supone que hoy hay aproximadamente 100.000 personas desocupadas adicionales. De hecho, en ningún trimestre de 2023 el desempleo fue mayor que en el mismo trimestre de 2025 o 2026.
La foto empeora cuando se mira solo el trabajo registrado. Datos oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), analizados por el CEPA, muestran que a mayo pasado había 411.000 puestos formales menos que en noviembre de 2023. Es decir, el ajuste también se traduce en un fuerte retroceso del empleo con aportes y cobertura social.
La pérdida total de empleo es menor porque una parte fue compensada por nuevos puestos en el sector informal o cuentapropista. En criollo: con Javier Milei crecieron al mismo tiempo el desempleo y el empleo de peor calidad, sin protección ni estabilidad.
No sorprende el resultado si se observa qué sectores sufrieron más el freno económico. Industria, comercio y construcción –tres grandes motores de empleo– se cuentan entre las actividades más golpeadas. Según la SRT, la industria manufacturera encabeza las pérdidas a mayo, con 97.000 puestos netos menos respecto de noviembre de 2023. Le sigue la construcción con 80.000 empleos menos, luego transporte y administración pública, ambos con 72.000 puestos menos, servicios profesionales con 27.000, y comercio con 24.000 puestos menos, lo que describe un ajuste extendido sobre ramas que sostienen buena parte del trabajo urbano.
Del otro lado del mostrador, solo unas pocas actividades crearon empleo neto en ese período: minería (3.600 puestos), salud (14.000) y agro (22.000). Ni siquiera los sectores con actividad en alza, como intermediación financiera o energía, se tradujeron en una mejora significativa del empleo formal.
Salarios en caída: el ajuste por ingresos
La pata salarial de esta relación salarios desempleo también desmiente el discurso oficial. El recorte de los sueldos públicos nacionales es tan profundo que casi no requiere demostración. En el mismo mensaje al Consejo de las Américas, el Presidente admitió con crudeza: “Si yo ajusté el Estado, ¿qué tenía que pasar con los salarios públicos? Caer”, enfatizó el jueves pasado.
Esa poda no afecta solo a los tantas veces denostados empleados administrativos. También alcanza a Fuerzas de Seguridad, Fuerzas Armadas, médicos, docentes y científicos, es decir, a áreas clave para el funcionamiento del Estado y la vida cotidiana.
De acuerdo con el Indec, los salarios públicos nacionales aumentaron apenas un 23% en el último año a junio, unos 10 puntos por debajo de la inflación del período. Estimaciones del CIFRA de la CTA de los Trabajadores señalan que los ingresos estatales cayeron 16,6% en términos reales frente a noviembre de 2023, cifra que se hunde a -37% cuando se observa solo a los salarios de la administración nacional, lo que confirma un recorte inédito en tan pocos meses.
El panorama del salario privado registrado luce, a primera vista, algo menos crítico. Datos de la Secretaría de Trabajo vía SIPA indican que, a mayo pasado, esos sueldos se ubicaban dos décimas por encima de su nivel de noviembre de 2023, aunque ya con una curva descendente. Sin embargo, esa aparente estabilidad se relativiza cuando se corrige el indicador con otra metodología.
La explicación pasa por cómo se mide. “Desde hace unos meses que la Secretaría de Trabajo desestacionaliza la inflación, por lo que no deflactan por el IPC puro”, señaló Luis Campos, experto en mercado laboral del IEF de la CTA Autónoma. Y agregó que, si en cambio se sigue el camino tradicional de restar al salario nominal el IPC de cada mes, “SIPA da una leve caída contra noviembre de 2023”, explicó.
En la misma línea, Mariana González, economista del CIFRA, advirtió que el dato del SIPA “es un promedio, y puede estar influido por cambios en los salarios o por cambios en la composición del empleo”. En cambio, puntualizó que el índice de salarios del Indec “mantiene una estructura fija y solo refleja cambios de salarios”, por lo que constituye un termómetro más adecuado de la pérdida o recuperación del poder de compra.
Tomando ese indicador, el CIFRA detalla que el sector privado registrado muestra una baja real del 3,2% frente a noviembre de 2023. El cuadro empeora si se utiliza un IPC actualizado con la canasta 2017-2018, cuya publicación el organismo estadístico canceló en febrero último. En ese caso, los salarios privados registrados caen 8,5% y los públicos 20,8% respecto del último mes previo a Milei, según los cálculos del propio CIFRA.
Campos, además, alerta que “no tomar al sector público no tiene ningún sentido”, porque en muchos hogares el ingreso total proviene de fuentes mixtas, tanto públicas como privadas. Por eso, al incluir ambos universos, “la caída acumulada es de casi el 10% en términos reales contra noviembre de 2023”, advirtió.
Ingresos informales y estadísticas bajo la lupa
El capítulo de los ingresos informales también requiere una lectura fina. El Indec registra una supuestamente impresionante variación interanual del 59% para el “sector privado no registrado” entre junio de 2025 y junio de 2026, casi el doble de la inflación del período. Aunque el dato luce espectacular, difícilmente refleje la realidad cotidiana de quienes trabajan en negro o a destajo.
En la calle se percibe otra cosa: los trabajadores informales y de changas aparecen como los más golpeados y con mayores dificultades para llegar a fin de mes. Por eso, la cifra del Indec está fuertemente condicionada por cuestiones metodológicas. Primero, por un rezago de cinco meses en la medición, lo que tiende a sobredimensionar los aumentos en contextos de aceleración inflacionaria.
En segundo término, González advierte que “hay un problema en el período de Milei con la información sobre ingresos proveniente de EPH porque se ha visto que cambió significativamente la tasa de subdeclaración”. Ya el año pasado, la UCA había alertado que un cambio en el cuestionario del Indec implicaba una mejor captación de ingresos informales respecto de la etapa previa a 2024, lo que distorsiona la serie histórica y tiende a sobredimensionar los aumentos posteriores, además de exagerar la caída de la pobreza y la indigencia.
En síntesis, mientras el relato oficial insiste en negar la crisis, los propios datos del Estado muestran más desempleo, salarios reales en retroceso y un avance del trabajo precario, una combinación que vuelve insostenible la idea de que “no aumentó el desempleo” ni “cayeron los salarios”.


