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Cruce de los Andes: San Martín diseñó durante meses un operativo que combinó logística, espionaje, desinformación y disciplina militar

Con apenas 5.424 hombres, el Ejército de los Andes ejecutó una operación de logística, espionaje y desinformación sin precedentes

Redacción by Redacción
17/08/2026
in Cultura
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Cruce de los Andes: San Martín diseñó durante meses un operativo que combinó logística, espionaje, desinformación y disciplina militar

La gesta del Cruce de los Andes volvió a ocupar el centro de la escena al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte del general José de San Martín, y con ella reaparece el análisis de una operación militar que combinó como pocas planificación, logística e inteligencia para atravesar la cordillera y sorprender al ejército realista.

Lejos de la épica improvisada, San Martín pasó meses diseñando un dispositivo que articuló espionaje, desinformación y disciplina militar. Su objetivo era claro: sorprender a las tropas españolas en Chile, asegurar la independencia del país trasandino y abrir el camino hacia la liberación del Perú, considerado entonces el principal bastión realista de Sudamérica.

Con apenas 5.424 hombres, el Ejército de los Andes llevó adelante una maniobra que todavía hoy se estudia en academias militares de distintos países, por la precisión de su planificación y la complejidad de su ejecución.

Cómo se armó el Ejército de los Andes

Nada quedó librado al azar. En el campamento de El Plumerillo, en Mendoza, San Martín organizó una fuerza profesional preparada para soportar semanas de marcha a más de 4.000 metros de altura, con entrenamiento específico y una estructura pensada para sostener la campaña.

El Ejército de los Andes contaba con 3.000 soldados de infantería, que constituían el núcleo de la fuerza y pertenecían principalmente a los Batallones N.º 7 y N.º 8. Gran parte de sus integrantes eran afrodescendientes libertos, quienes obtenían su libertad al incorporarse a la campaña independentista.

La caballería estaba integrada por 742 jinetes, en su mayoría del prestigioso Regimiento de Granaderos a Caballo creado por San Martín, que funcionaban como fuerza de reconocimiento y ataque rápido, capaz de explotar cualquier ventaja en el terreno.

En paralelo, 258 artilleros se encargaban de trasladar, montar y operar los cañones durante el cruce y en el campo de batalla, una tarea crítica en pasos angostos, helados y de extrema dificultad.

La estructura se completaba con 1.200 milicianos y auxiliares, en su mayoría civiles cuyanos responsables del transporte de alimentos, armas, municiones, forraje y demás suministros, sin los cuales la expedición no hubiera podido mantenerse operativa.

También se sumaban 120 zapadores o barreteros de minas, que avanzaban por delante de las columnas principales despejando senderos, ensanchando pasos estrechos, retirando rocas, rompiendo hielo y construyendo puentes provisorios, para que el grueso del ejército pudiera avanzar en condiciones mínimamente seguras.

El dispositivo incluía además 50 médicos y enfermeros, que integraban el cuerpo sanitario dirigido por el médico inglés Diego Paroissien, equipado con instrumental quirúrgico, botiquines y camillas especialmente adaptadas para ser transportadas sobre mulas, en un intento inédito por la época de reducir las bajas por enfermedad y accidente.

Logística extrema: animales, alimentos y frío

La magnitud del operativo se reflejó también en los recursos movilizados. Para cruzar la cordillera se utilizaron 10.600 mulas, de las cuales unas 9.300 eran de carga, y 1.600 caballos, pero el terreno fue tan exigente que menos de la mitad de las mulas sobrevivió al descenso.

La alimentación fue otro capítulo clave de la planificación. Los soldados consumían el denominado Valdiviano, una preparación a base de charqui, grasa, cebolla y ají que solo requería agua caliente para convertirse en un alimento energético, ideal para una campaña prolongada y en altura.

Cada combatiente llevaba además ajo y cebolla para aliviar los efectos del “soroche” o mal de altura, mientras que el vino y el aguardiente se administraban bajo estricto control, como recurso para soportar las bajas temperaturas sin afectar la disciplina.

La estrategia secreta: la Guerra de Zapa

Aunque la resistencia física fue extraordinaria, el verdadero triunfo comenzó mucho antes de poner un pie en la cordillera. San Martín sabía que enfrentaría a un enemigo superior en número y por eso diseñó una sofisticada operación de inteligencia y desinformación, conocida como Guerra de Zapa, para confundir al mando realista y desviar su atención del objetivo principal.

Uno de los protagonistas de esa trama fue el ingeniero José Antonio Álvarez Condarco, quien viajó a Santiago de Chile con la excusa de entregar una copia de la Declaración de la Independencia al gobernador español Casimiro Marcó del Pont. Expulsado casi de inmediato, regresó a Mendoza atravesando otro paso cordillerano y, gracias a su extraordinaria memoria, dibujó los mapas que luego utilizaría el Ejército de los Andes.

Al mismo tiempo, San Martín convirtió al sacerdote español Francisco López, descubierto enviando información a los realistas, en un agente doble. En lugar de castigarlo, le entregaba cartas con datos falsos sobre supuestos motines y rutas de invasión inexistentes para que fueran enviadas al enemigo.

La maniobra culminó con la división del ejército en seis columnas simultáneas distribuidas a lo largo de unos 800 kilómetros de cordillera. Cuatro de ellas, integradas por pequeños destacamentos, realizaron ataques y movimientos de distracción, obligando a los españoles a dispersar sus tropas y a perder claridad sobre el eje real de la ofensiva.

Mientras tanto, las dos columnas principales, comandadas por San Martín y Juan Gregorio de Las Heras, avanzaron por los pasos de Los Patos y Uspallata, logrando concentrar cerca de 4.000 soldados en el valle del Aconcagua, sin encontrar una resistencia decisiva en el punto clave de la campaña.

Cuando Marcó del Pont comprendió cuál era el verdadero objetivo de la ofensiva, ya era demasiado tarde. El 12 de febrero de 1817, la victoria en la Batalla de Chacabuco confirmó el éxito de una campaña que permitió liberar Chile y consolidó a José de San Martín como uno de los estrategas militares más brillantes de la historia de América.

Tags: Batalla de ChacabucoCruce de los AndesEjército de los Andes
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