La crisis de la vitivinicultura mendocina sumó un nuevo capítulo con la presentación en concurso preventivo de Casir Dos Santos S.R.L., la firma que desde 2014 opera la histórica bodega Viña Maipú, con un pasivo que ya trepa a $384,2 millones.
La empresa, que gestiona una de las bodegas más antiguas de Mendoza, había encarado en los últimos años un agresivo plan de inversiones. Hasta 2023 destinó fuertes recursos a la modernización de la planta y a la compra de tecnología para ampliar su capacidad productiva.
Un plan de expansión que parecía imparable
Tras la adquisición por parte de Gustavo Casir y Alan Dos Santos, la compañía incorporó un nuevo socio en 2016 y profundizó su estrategia de crecimiento. Sumó personal, abrió nuevos mercados y llegó a vender vinos en 20 países, combinando elaboración para sus propias etiquetas y para terceros.
El desarrollo no se limitó a la bodega. Viña Maipú consolidó su base productiva con viñedos propios y profesionales de renombre enológicos. Cuenta con 15 hectáreas de Malbec en Lunlunta, además de viñedos en Gualtallary y Agrelo, donde produce Cabernet Sauvignon y explota una finca ubicada a unos 950 metros sobre el nivel del mar.
Del boom a la asfixia financiera
El escenario comenzó a torcerse en los últimos años. Según un estudio de IERAL, las exportaciones de vinos varietales fraccionados cayeron un 36% en Mendoza en el primer semestre de 2026, a lo que se sumó una fuerte retracción del consumo interno que golpeó de lleno a la firma.
En ese contexto, el pasado 29 de mayo Casir Dos Santos formalizó ante la Justicia su pedido de apertura de concurso preventivo. La decisión respondió a un marcado deterioro de la liquidez, producto del corte en la cadena de pagos de sus clientes, la escalada de costos y las restricciones para acceder al crédito, todos factores que dejaron a la empresa al borde del ahogo financiero.
Al momento de la presentación judicial, el pasivo ascendía a $384,2 millones con cinco entidades financieras y figuraban 21 cheques rechazados por más de $74 millones, un volumen que encendió todas las alarmas en el sistema bancario.
El pedido desesperado para no quedarse sin luz
Ante ese cuadro, los dueños de la bodega formularon dos pedidos centrales al Juzgado interviniente. Solicitaron que la distribuidora EDEMSA se abstenga de cortar el suministro eléctrico, clave para mantener en pie el funcionamiento de la planta.
El segundo pedido apuntó al corazón operativo del negocio: reclamaron que las entidades financieras mantengan abiertas las cuentas de la empresa, condición indispensable para seguir operando en el mercado mientras avanza el proceso concursal.
La Justicia concedió ambos planteos, aunque con límites. Autorizó el mantenimiento del servicio de energía y de las cuentas bancarias, pero estableció que para determinadas operaciones financieras la firma deberá solicitar autorización expresa del Juzgado.
Un síntoma de la crisis vitivinícola argentina
El caso de Viña Maipú no es aislado en el mapa bodeguero argentino. En los últimos meses, Bodegas Norton también pidió su concurso de acreedores, mientras que Bodegas Bianchi encaró una profunda reestructuración financiera.
En este último caso, la tradicional casa mendocina tuvo que refinanciar su pasivo y firmar un acuerdo de tregua financiera con bancos y acreedores, en una muestra más de cómo la volatilidad económica y la caída del consumo están presionando al límite a la industria del vino.


