El escenario fabril muestra cambios profundos y la industria automotriz argentina atraviesa una etapa de transición marcada por cierres de ciclos productivos, nuevos proyectos y desafíos de competitividad para sostener su perfil exportador.
La oferta del sector se redujo sensiblemente de 19 a 14 vehículos y la fabricación acumulada experimentó una marcada contracción.
Las dificultades quedaron reflejadas en un 17,1% menos de fabricación interanual en agosto, mientras que las ventas mayoristas a concesionarios retrocedieron un 24,8%.
En materia de comercio exterior, las exportaciones alcanzaron 174.859 unidades con un leve incremento del 0,9%, lo que implicó que casi dos de cada tres vehículos producidos se despacharon fuera del país.
La merma productiva obedeció al final de ciclo de modelos emblemáticos como Renault Logan, Sandero, Stepway y los utilitarios Peugeot Partner y Citroën Berlingo, sumado a la salida de Nissan del esquema fabril local y la adecuación de plantas para nuevos proyectos.
Frente a este panorama, un referente del sector remarcó: “En algunos análisis se toma una fotografía de la transición y se la presenta como si fuera el destino definitivo de la industria”, evaluó.
El nuevo mapa de las terminales
En el caso de Renault, su planta de Santa Isabel quedó transitoriamente dedicada a Kangoo mientras alista el lanzamiento de la pickup Niagara con un desembolso cercano a los US$400 millones.
Por su parte, Volkswagen concluyó la etapa de Taos y focaliza su esquema en Amarok, manteniendo una inversión de US$580 millones para producir desde 2027 una nueva generación con variante electrificada.
En tanto, Ford destinó US$700 millones a la transformación de su planta de Pacheco para la Ranger, elevando su capacidad a 80.000 unidades anuales y preparando una versión híbrida enchufable para 2027.
Asimismo, Toyota alista en Zárate la renovación de la Hilux con versiones diésel, híbrida y enchufable de cara a 2027, afianzando un modelo orientado masivamente al mercado externo.
A su turno, el grupo Stellantis invirtió US$385 millones para producir Fiat Titano, RAM Dakota y motores en Córdoba, además de US$270 millones en El Palomar para el Peugeot 2008, mientras la planta de Virrey del Pino recuperó volumen con la Mercedes Benz Sprinter mediante Prestige Auto.
No obstante, la maduración de los proyectos es dispar: Titano y Dakota aún buscan su volumen óptimo, y General Motors sostiene la producción de Tracker en Alvear con un único turno de seis horas.
La actividad en El Palomar se encuentra supeditada al ritmo del mercado de Brasil, en un contexto donde las decisiones globales y el avance tecnológico desafían la permanencia fabril a largo plazo.
Pese a las oscilaciones, las casas matrices ratifican apuestas en el país. “El futuro de la industria no se define con pronósticos, sino con capacidades reales”, subrayó un directivo automotriz.
Especialización en utilitarios y presiones estructurales
La matriz productiva argentina dejó atrás la variedad de autos para volcarse a utilitarios y camionetas: 8 de los 13 modelos actuales pertenecen a este segmento, trepando a nueve sobre 14 con la llegada de Niagara.
Modelos como Hilux, Ranger y Amarok funcionan como plataformas regionales que abastecen a más de 20 mercados, apalancadas en la alta demanda regional ligada al agro, la minería, la energía y la logística.
La cadena de valor impulsa mejoras en productividad y automatización, aunque advierten que estas iniciativas colisionan con limitantes del entorno macroeconómico.
En ese sentido, desde las terminales manifestaron: “La discusión no debería ser cómo cerrar fábricas, sino cómo volverlas más competitivas”, reclamaron apuntando a la presión impositiva, la infraestructura y los costos logísticos.
El debate de fondo involucra el impacto de los aranceles, los cupos con Brasil y los incentivos fiscales frente a la urgencia de corregir asimetrías estructurales.
El mayor riesgo radica en el debilitamiento de los autopartistas locales, lo que impulsa un ensamblado con menor integración nacional y mayor sustitución de piezas importadas.
El sector de componentes acumuló un saldo negativo de US$3928 millones en el primer semestre, condicionado por la apertura comercial y la competencia externa.


