El sector arrocero argentino atraviesa una de sus peores crisis en décadas. Aunque el precio internacional del arroz volvió a los valores históricos, los costos internos se dispararon, dejando a gran parte de los productores trabajando a pérdida. “Estamos cobrando la mitad que el año pasado”, señaló Jorge Paoloni, productor entrerriano, ex presidente de Fedenar y actual integrante del directorio de Proarroz.
Tras varios años de precios altos, el arroz regresó a su valor histórico, pero los gastos de producción se duplicaron. El incremento del gasoil, la energía eléctrica y los alquileres rurales volvió inviable la actividad para los pequeños y medianos establecimientos, que en muchos casos optan por pasarse a la ganadería o abandonar el cultivo. Según estimaciones, la superficie sembrada podría caer entre 15% y 20%, mientras el negocio se concentra en grandes empresas.
El arroz figura entre las economías regionales en rojo dentro del “Semáforo de Coninagro”. “El arroz paddy siempre valió entre 180 y 220 dólares por tonelada, igual que en Brasil o Uruguay. El problema es que acá el combustible y la energía son carísimos, y la economía está desordenada. El sector está en rojo”, describió Paoloni.
El año pasado los productores llegaron a cobrar entre US$380 y US$400 por tonelada; hoy reciben alrededor de US$200, un valor que no cubre los costos de producción. Esa suba anterior fue producto de una coyuntura excepcional por la caída de la producción en India, EE.UU. y América Central, lo que disparó los precios globales. “Hoy los valores internacionales se normalizaron, pero en Argentina producir cuesta el doble”, advirtió.
Producir una hectárea de arroz cuesta entre US$1800 y US$2200, y el 35% del gasto corresponde al gasoil. “Antes, con dos kilos de arroz comprabas un litro de gasoil; hoy necesitás cinco o seis. El costo energético se triplicó”, explicó. Además, los productores que riegan con energía eléctrica enfrentan tarifas fijas altísimas, aunque el gobierno provincial decidió reducirlas al 10%, como medida de alivio parcial.
A los costos energéticos se suman los insumos agrícolas —herbicidas, fertilizantes y mantenimiento— y los alquileres de campos, que se pagan en dólares o quintales. “El productor chico no puede seguir sembrando. El de 200 o 300 hectáreas está fuera del sistema”, lamentó Paoloni.
Según la Bolsa de Cereales de Entre Ríos, la superficie nacional de arroz caería cerca del 10% respecto de las 232.600 hectáreas del ciclo anterior, y en Entre Ríos el descenso sería del 13%, con 59.000 hectáreas sembradas frente a 68.000 del año pasado. La provincia es la segunda productora del país, detrás de Corrientes, y ambas concentran más del 80% de la producción nacional.
Paoloni advirtió que la crisis está concentrando el negocio: “Van a quedar solo las grandes, las que tienen industria o exportan”. En San Salvador, epicentro arrocero entrerriano, el impacto social es profundo. “San Salvador vive del arroz. Si desaparece el pequeño productor, desaparece la base de toda la economía local”, remarcó.
El dirigente valoró la reducción del cargo fijo eléctrico dispuesta por el Gobierno de Entre Ríos, aunque advirtió que no existen líneas de crédito ni programas de financiamiento, lo que agrava el panorama.




