El alineamiento geopolítico entre la administración de Javier Milei y el gobierno norteamericano sumó un nuevo foco de tensión política tras confirmarse el desarrollo de ejercicios militares de Estados Unidos en Tierra del Fuego en conjunto con la Armada Argentina.
Las maniobras operativas en territorio patagónico tomaron rápida trascendencia pública a través de redes sociales, en sintonía con el objetivo oficial de reforzar el despliegue militar en el Atlántico Sur.
Base Naval y presencia extranjera
El operativo conjunto se dio en paralelo al avance del proyecto de la Base Naval Integrada, un enclave estratégico que fue supervisado recientemente por el ministro de Defensa, Carlos Presti, el canciller Pablo Quirno y los jefes del Estado Mayor Conjunto, Marcelo Dalle Nogare, y de la Armada, Carlos Romay.
El despliegue encendió las alertas en el ámbito local y el intendente de Río Grande, Martín Pérez, salió al cruce del Ejecutivo. “La presencia de personal militar de una potencia extranjera en Tierra del Fuego es preocupante. ¿Tienen aprobación del Congreso como exige nuestra Constitución Nacional? El Poder Ejecutivo Nacional debe informar con precisión la situación denunciada por el medio Agenda Malvinas”, cuestionó.
Las prácticas de adiestramiento fueron autorizadas directamente por decretos de necesidad y urgencia emitidos por la Casa Rosada, evitando así un debate adverso en el Congreso de la Nación.
Esta cooperación territorial se acopla a las compras bélicas gestionadas con Estados Unidos, como los 24 aviones F-16 adquiridos a Dinamarca, de los cuales ya arribaron seis unidades al país. En carpeta continúan los planes para sumar blindados, helicópteros Black Hawk y fusiles provistos por Israel.
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