El crítico estado de contaminación en el arroyo Las Tunas expone el severo impacto socioambiental que sufren los cursos de agua del área metropolitana, donde la desidia estatal y la falta de obras estructurales convierten al cauce en una verdadera amenaza sanitaria para el Gran Paraná.
Estudios científicos de la Universidad Nacional del Litoral y el Conicet demostraron que el cauce principal funciona como una “bomba biológica”, cuyos vertidos terminan aguas arriba de la toma de agua de la capital entrerriana. La gravedad del panorama quedó expuesta en diversos informes internacionales que alertaron sobre riesgos extremos que llegan al punto de provocar malformaciones en la fauna analizada.
A este escenario se suma la responsabilidad directa de la gestión local por las descargas de las cloacas del Parque Industrial General Manuel Belgrano de Paraná, que junto a los efluentes de Colonia Avellaneda y San Benito, se vierten sin tratamiento alguno en las nacientes de la cuenca, colaborando en los pulsos tóxicos que genera cada lluvia sobre la región.
Relevamiento técnico y obras paralizadas
Frente a este cuadro, la Dirección General de Hidráulica y Obras Sanitarias elaboró el informe técnico número 10/2026 de 26 carillas, tras un pedido formal impulsado por el Comité de Cuenca Arroyo Las Tunas, donde se detallan severas obstrucciones y la alarmante mezcla de residuos cloacales con el escurrimiento pluvial.
El documento oficial advierte que “se observa una coloración blanquecina en el agua circulante, compatible con la presencia de aportes líquidos correspondientes a efluentes industriales o sanitarios sin tratamiento adecuado”, según se constató en el arroyo Los Zorzales.
En ese marco, el reporte técnico firmado por Ramón Gastón Saavedra remarcó la urgencia de “separar hidráulicamente los aportes correspondientes al drenaje pluvial de aquellos correspondientes al sistema cloacal”, para impedir que los desechos sigan desembocando de forma directa en el curso de agua.
Pese a la magnitud de la crisis ambiental, la reactivación de la infraestructura permanece estancada. El propio ingeniero Carlos Ciocca admitió en el expediente que la recuperación de las lagunas de tratamiento “se encuentra neutralizada desde enero de 2024, estando a la fecha su reinicio en tramitación administrativa”.
Desidia urbana y respuestas insuficientes
La falta de previsión e infraestructura básica también deterioró la trama vial: sobre la avenida Churruarín Bis se constataron derrumbes que cortaron el tránsito, dejando a Colonia Avellaneda prácticamente desvinculada de Paraná por esa vía interna.
Asimismo, los técnicos desaconsejaron rectificar los meandros naturales del arroyo para evitar impactos mayores aguas abajo y recomendaron elevar el terraplén de contención a una cota de 35 metros, superando el nivel histórico proyectado de 34 metros, con el fin de proteger las piletas sanitarias ante eventuales desbordes.
Mientras la intendenta de Paraná, Rosario Romero, transmitió al comité que en un viaje a los Estados Unidos le sugirieron que estas intervenciones pueden ejecutarse por etapas, los vecinos ribereños debieron autogestionar fondos para construir un puente peatonal que llevará el nombre del científico Florencio Aceñolaza, buscando conectar a las comunidades ante la pasividad de las administraciones locales.


