La producción de arroz en Entre Ríos inicia la campaña 2025/26 en un escenario adverso. Según el Sistema de Información de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos (SIBER), la intención de siembra se ubicaría en 59.000 hectáreas, marcando una baja interanual del 13 % respecto al ciclo pasado, cuando se sembraron 67.850 hectáreas.
Este retroceso se atribuye principalmente al derrumbe en el precio del arroz tipo largo fino, el más cultivado en la provincia, que cayó de 400.000 a 200.000 pesos por tonelada en el último año. A ello se suma una estructura de costos creciente, que eleva el rendimiento de indiferencia a niveles difíciles de alcanzar.
La energía, un cuello de botella
La situación es particularmente crítica en las zonas donde el riego depende de pozos profundos, afectados por el alto costo energético. En estos casos, el rendimiento de indiferencia supera los 9.000 kg/ha, muy por encima del promedio provincial. El SIBER estima que esto derivará en una retracción del 20 % en estas áreas, que históricamente concentran dos tercios del arroz entrerriano.
Las otras zonas productivas incluyen:
- Represas, que aportaron el 22 % del área la campaña pasada (unas 15.000 ha).
- El norte de La Paz, irrigado por tomas de los ríos Paraná y Guayquiraró, que representó el 12 % del total (unas 8.000 ha).
Si bien los modelos climáticos anticipan un verano con condiciones neutras favorables, la exigencia de rendimiento mínimo sigue siendo alta, con un piso cercano a los 8.800 kg/ha para obtener rentabilidad.
Largo fino en crisis, largo ancho más competitivo
El arroz largo fino, que representa el 78 % del área sembrada, es el más perjudicado por el contexto. Aun con un rendimiento récord de 8.300 kg/ha, la rentabilidad resultaría negativa para productores arrendatarios o con riego por pozo, ya sea eléctrico o a combustión. En esos casos, las pérdidas podrían alcanzar el 25 %. Incluso en campos propios, los márgenes son escasos o nulos.
En contraste, el arroz largo ancho muestra una mejor estabilidad de precios (de 550.000 a 350.000 $/t), lo que permite proyecciones más alentadoras. En campos propios con riego por represa, los beneficios podrían rondar el 20 %. Sin embargo, en campos arrendados, las pérdidas serían de entre el 10 % y el 12 %, dependiendo del sistema de riego.
Costos al alza, márgenes al límite
Otro factor de peso es la estructura de costos, que roza los $2.000.000 por hectárea en campos arrendados, sin contar gastos de transporte y secado. Entre los principales incrementos interanuales, el SIBER destaca:
- Electricidad para riego: +103 %
- Gasoil: +21 %
- Herbicidas: +38 %
- Fertilizantes: +37 %
A esta dinámica interna se suma una tendencia internacional a la baja: el precio global del arroz viene retrocediendo desde comienzos de 2024, lo que repercute negativamente en el mercado local.
El arroz entrerriano, ante una de sus peores campañas
El informe del SIBER deja claro que la campaña 2025/26 será una de las más complejas de la última década. La baja en la intención de siembra refleja una pérdida de confianza y una lógica económica contundente: ni siquiera los rendimientos más altos garantizan rentabilidad.
“El comportamiento de los precios será determinante para la rentabilidad del productor”, advierte la Bolsa de Cereales. Por el momento, el sector arrocero mira con preocupación un horizonte lleno de nubarrones.




