El represor Christian von Wernich, ex capellán de la Policía bonaerense que cumple prisión perpetua por su participación en torturas y crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura, le solicitó formalmente al obispo de Nueve de Julio que autorice su traslado para presenciar la visita del Papa en la cárcel de Devoto.
En ese sentido, argumentó que a sus 89 años y con un cuadro de discapacidad motriz, el gesto “representaría un bálsamo de misericordia y paz espiritual en este tramo final” de su vida.
A través de una carta enviada al obispo Ariel Torrado Mosconi, el sacerdote solicitó que la Iglesia interceda ante la Justicia. El objetivo puntual apunta a participar el 11 de noviembre en el penal porteño del encuentro pautado con los reclusos para recibir la bendición papal.
La agenda pastoral prevé la llegada a Villa Devoto a las 8:30 de esa jornada de cierre. La actividad se extendería durante casi una hora e incluirá testimonios directos de internos y el mensaje a los reclusos.
El reclamo formal y la intervención eclesiástica
El documento trascendió mediante el Foro Argentino de la Defensa, entidad integrada por ex militares que manifestó su expectativa de que “la Justicia lo contemple con la misericordia que el Papa viene a llevar a las cárceles argentinas”.
En su escrito, el condenado justificó el pedido “con profunda humildad y confianza filial” en su condición de sacerdote diocesano, remarcando su situación tras “cumpliendo ya 23 largos años de privación de la libertad en el ámbito del Servicio Penitenciario Federal”.
Respecto a la jornada, afirmó que “con todo el fervor de mi vocación sacerdotal en la cual he servido en el pasado como capellán, mi más hondo anhelo espiritual es poder estar presente en ese encuentro único con el Sucesor de Pedro para recibir su bendición tras la prolongada cruz que estoy viviendo”.
Bajo esa línea, reclamó una “intervención directa” ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata dentro de la causa judicial correspondiente para habilitar el traslado extraordinario.
Asimismo, detalló que su intención se limita a “poder estar presente solamente durante el tiempo que dure la presencia del Santo Padre en esa Unidad Penitenciaria”.
En otro de los pasajes de la misiva, apeló a la jerarquía religiosa: “Su voz paternal y su autoridad moral tienen el peso indispensable para que la justicia contemple este pedido”, expresó.
Y acotó: “Dada mi avanzada edad, mi actual condición de discapacidad motriz y los rigores acumulados de tantos años de encierro, le ruego con el corazón en la mano que encabece esta gestión”.
En el plano operativo, recordó que tanto la Unidad 34 de Campo de Mayo como el penal de Villa Devoto integran el Servicio Penitenciario Federal, por lo que un traslado temporario por unas horas resulta viable técnicamente.
Hacia el final, reiteró que la gestión significaría “un bálsamo de misericordia y paz espiritual en este tramo final de mi vida terrenal y de mi ministerio sacerdotal”.
La condena por delitos de lesa humanidad
En octubre de 2007, el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, que encabezaba el juez Carlos Rozanski, sentenció a von Wernich a prisión perpetua tras hallarlo culpable de múltiples delitos.
En los fundamentos del fallo judicial, los magistrados determinaron que el sacerdote “formaba parte de torturadores itinerantes” que operaban en los centros clandestinos de detención de la provincia de Buenos Aires.
Durante la lectura de la sentencia histórica, Rozanski remarcó el rol del ex capellán en el aparato represivo: “Un sacerdote que se maneja con autoridad ante los carceleros, entrando y saliendo a su antojo de las celdas, no es un torturador cualquiera, es uno calificado”, sentenció.


