Una jornada de luto sacudió el noroeste del país asiático tras un brutal atentado terrorista en Pakistán que dejó al menos 16 personas fallecidas, entre ellas cinco policías, luego de que un vehículo repleto de explosivos impactara contra una mezquita durante las oraciones del viernes.
El hecho desencadenó un violento enfrentamiento armado en el distrito de Kohat, ubicado en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, donde las fuerzas de seguridad mantuvieron un intenso tiroteo contra los agresores.
En el marco del operativo desplegado, fuentes policiales confirmaron que uno de los atacantes fue abatido mientras se activaban las tareas de auxilio y traslado de las víctimas.
Tras el violento episodio, el presidente Asif Ali Zardari emitió un comunicado oficial expresando “sus mejores deseos para la pronta recuperación de los heridos en la explosión”, lamentó.
Por su parte, el inspector general jefe policial de la región, Zulfikar Hameed, calificó de manera concluyente el hecho como un “ataque suicida”, precisó.
A pesar de la magnitud de la tragedia, ninguna organización armada se atribuyó la autoría inmediata de la agresión.
En tanto, el primer ministro Muhammad Shehbaz Sharif repudió enérgicamente el accionar criminal.
La escalada de violencia en las regiones limítrofes creció de manera exponencial durante los últimos meses, con una seguidilla de ofensivas dirigidas directamente hacia el ejército y la policía.
Tensión fronteriza y el avance insurgente
Diversas organizaciones armadas operan en las áreas fronterizas pakistaníes, con foco principal en las provincias de Khyber Pakhtunkhwa y Beluchistán.
Entre estas facciones destaca el movimiento insurgente yihadista Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), identificado comúnmente como los talibanes pakistaníes.
Esta organización, considerada la más activa del territorio, mantiene afinidad doctrinaria con los talibanes de Afganistán, aunque opera de manera autónoma con la meta de derrocar al gobierno e imponer su régimen.
Las tentativas de pacificación y los ceses al fuego previos fracasaron rotundamente, lo que derivó en una reactivación masiva de ataques contra destacamentos e instituciones de seguridad.
Desde Islamabad denuncian que las células armadas utilizan territorio afgano como base de operaciones y entrenamiento, mientras que las autoridades talibanas de Kabul niegan cualquier complicidad y sostienen que se trata de un conflicto interno.


