El primer dron ruso se estrelló alrededor de las 11 de un sábado de agosto. El incendio fue tan intenso que los empleados no pudieron sofocarlo, mientras que pocos minutos después un segundo impacto obligó a todos a correr para refugiarse. El fuego ardió durante casi una semana y los ataques rusos destruyen la industria editorial en Ucrania con pérdidas materiales absolutas.
No se trataba de un depósito de armas, ni de una fábrica bélica. El sitio atacado pertenecía a Ranok Publishing, una de las mayores editoriales de libros infantiles radicada en la ciudad nororiental de Kharkov, blanco del bombardeo justo cuando preparaba libros de texto para el nuevo ciclo escolar.
El director ejecutivo de la firma, Viktor Kruglov, se encontraba en el almacén junto a unos 50 empleados que resultaron ilesos. “Es un desastre absoluto”, declaró.
En ese sentido, el directivo remarcó la intencionalidad del Kremlin. “Rusia considera que los libros son más peligrosos para ellos que el equipo militar. Dañan, borran y aniquilan deliberadamente todo lo relacionado con la cultura ucraniana”, sostuvo.
En el predio arrasado, los ocho millones de libros almacenados quedaron destruidos, incluidos 620.000 libros de texto educativos.
La ofensiva generalizada dejó un saldo alarmante a nivel nacional. En total, las bombas han destruido hasta 15 millones de libros nuevos en los últimos meses, lo que representa casi la mitad de la producción anual de Ucrania, según los registros de Artem Bidenko, director ejecutivo de la Asociación de Editores de Ucrania.
Golpe a la cultura y a la economía
Frente a este escenario, el Ministerio de Cultura de Ucrania intenta recaudar fondos para las empresas independientes y estima que la ofensiva militar ha costado a la industria editorial cerca de 40 millones de dólares.
Estos embates forman parte de una guerra aérea que obligó a las editoriales a buscar depósitos en el oeste del país, una zona menos afectada que los alrededores de Kiev.
Las tropas de Rusia intensificaron los ataques contra depósitos comerciales luego de que las fuerzas locales atacaran plataformas de comercio electrónico ruso. La destrucción perjudicó la economía general, lo que llevó al Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo a rebajar su previsión de crecimiento económico ucraniano del 2,2% al 1,5%.
Asimismo, los bombardeos afectaron cerca del 40% de la capacidad de almacenamiento moderno ucraniana y más de 60 trabajadores han perdido la vida en estos predios logísticos.
Más allá de las pérdidas materiales, las obras literarias simbolizan la resistencia cultural y el deseo de soberanía frente a Moscú. En su discurso de invasión, el presidente Vladímir Putin afirmó que el país vecino no es una nación real, pero los textos locales sostienen la identidad histórica frente a la avanzada bélica.


