No es un partido más: Argentina–Inglaterra se juega este martes -desde las 16:00- con una carga emocional única, atravesada por Malvinas, Diego Maradona y la que podría ser la última gran función de Lionel Messi con la selección.
Encolumnados detrás de su capitán, que por primera vez enfrentará a los ingleses en la Mayor tras más de 21 años de carrera, el equipo de Lionel Scaloni va por una clasificación que, gane o pierda, quedará marcada en la memoria colectiva.
Un duelo que excede al fútbol
No es un partido más. Es el partido soñado. El mundo del fútbol se paralizará para ver si Leo y su Scaloneta pueden seguir escribiendo historia y agregar a su palmarés un clásico que no suma estrella, pero que, de darse el triunfo, se convertirá en sticker, bandera, tatuaje y recuerdo eterno.
Conceptualmente, es un encuentro con una carga emocional diferente a todos. Más allá de que muchos de estos jugadores (y buena parte de los hinchas) no habían nacido en 1982 y no fueron contemporáneos de la Guerra de Malvinas, sí conocen la historia. Crecieron con lo que absorbieron en casa, con lo que les explicaron sus padres, con lo que aprendieron en el colegio, con lo que ahora ven en los reels del smartphone y con lo que el propio plantel fue transmitiendo en estos últimos ocho años.
En cada canción aparecen los pibes que se quedaron en las Islas. Y hasta en este mismo torneo, cuando nadie preveía este cruce, se dio una conexión especial entre el Centro de Veteranos de Guerra de Malvinas de Río Grande y los jugadores: los excombatientes hicieron llegar su sueño de tener una camiseta autografiada para su museo, como “puente” simbólico; los muchachos que vuelven a ilusionar al país ya la firmaron y pronto estará en el Sur argentino.
Malvinas, Diego y la “última de Leo”
“Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo, Argentina quiero verte bicampeón”, dice el hit de este Mundial, ese que los jugadores convirtieron en bandera y al que incluso le inventaron una coreografía, chocando los brazos por arriba de la cabeza.
El fútbol y la geopolítica tienen pocas cosas en común, pero esos 11 tipos corriendo detrás de una pelota sí han ayudado a mantener viva una causa que deberán resolver los señores de traje que habitan la Casa Rosada o el Palacio de Buckingham.
La Scaloneta tiene casi que su último pagaré de la mano de Messi. Es injusto cargar a este equipo, que ya ganó cuatro títulos, que cortó una sequía de 28 años sin vueltas olímpicas y que logró un Mundial tras 36 años, con una deuda que no es suya ni de nadie. Pero al capitán Leo siempre se le pide una más y él está ahí, preparado para intentarlo.
“Será un partido especial, nunca los enfrenté”, contó el 10, recordando que será su primera vez ante los británicos, pese a que hace más de dos décadas que viste la celeste y blanca en la Mayor.
La semifinal y el peso de la historia
Detrás de todo el morbo, hay un encuentro concreto: un duelo que define el pase a la final del Mundial, donde espera España, con un día más de descanso. Pero, ¿quién puede pensar en el 19 de julio, en Nueva Jersey, si por delante hay un Argentina–Inglaterra?
Cada rincón del país estará prácticamente desierto entre las 16 y las 18, y solo se escucharán exclamaciones y gritos que permitirán adivinar cuán bien le está yendo a este grupo que ha acostumbrado a dejar bien parado al país en cada competencia.
El sueño del bicampeonato está a dos partidos. Sin embargo, esta Semifinal parece tener un peso específico superior al que ya de por sí tiene una instancia de este calibre. Por eso, el cuerpo técnico trabaja en la cabeza de los futbolistas: quiere que jueguen con el corazón, como siempre, aunque sin pasarse de rosca.
La idea es clara: que no se dejen arrastrar por el ritmo de la tribuna, sino que entiendan que el pase a la final se definirá por detalles, por pequeñas decisiones en los 90 minutos (o más) que durará este clásico mundialista.
Atlanta, escenario de un clásico caliente
En las calles de Atlanta ya se vive el clima. La seguridad está a la orden del día: nadie quiere desmanes ni imágenes como las que se vieron en las tribunas de México 86, justamente el único triunfo argentino en cinco duelos mundialistas ante Inglaterra.
El historial marca que los ingleses ganaron tres veces (la última en 2002), hubo un empate y una victoria argentina por penales en 1998. Cómo olvidar el mejor gol de la historia de Diego y también la Mano de Dios, para “ese barrilete cósmico” que inmortalizó el relato de Víctor Hugo Morales.
El Mercedes-Benz Stadium será una olla a presión: cerrado, refrigerado, pero con el corazón de todos latiendo a mil. El resto ya lo dirá la pelota. Vamos, Argentina. Vamos, selección.


