En un escenario de estancamiento sostenido, la Argentina registró una fuerte caída en su nivel de complejidad económica durante la última década. De acuerdo con un informe del Growth Lab, dependiente de la Universidad de Harvard, el país redujo su capacidad para diversificar su producción y exportaciones, quedando rezagado frente a otros mercados de América Latina.
El estudio sostiene que el desarrollo económico está estrechamente vinculado con el conocimiento productivo acumulado y con la capacidad de aplicarlo para fabricar una amplia variedad de bienes sofisticados. Esa aptitud se sintetiza en el Índice de Complejidad Económica (ECI), que combina la diversidad de la canasta exportadora con la presencia de esos productos en otros mercados internacionales.
Según el ranking elaborado por Growth Lab, las economías que logran exportar una gama amplia de bienes avanzados tienden a obtener mejores resultados, reflejando una estructura productiva más profunda.
Retroceso en el ranking global
Entre 2014 y 2024, la Argentina descendió 30 posiciones en el listado global: pasó del puesto 54 al 84 entre 145 economías evaluadas. De esta manera, dejó de integrar el grupo de países con mayor complejidad relativa para ubicarse entre los de desempeño más bajo.
En la región, el panorama también muestra deterioros, aunque con diferencias: Brasil ocupa el puesto 56; Uruguay, el 73; Chile, el 85; Colombia, el 68; Perú, el 102; Ecuador, el 109; Bolivia, el 123; y Venezuela, el 133. Paraguay, en cambio, logró escalar 12 lugares y se posiciona en el puesto 80.
Growth Lab describió que la Argentina exhibe un patrón estático de crecimiento exportador, donde el mayor aporte provino de productos de complejidad moderada, especialmente combustibles minerales, aceites y ceras, y grasas de origen animal o vegetal.
Falta de transformación estructural
El informe advierte que el país “aún no ha iniciado el proceso tradicional de transformación estructural”, clave para reasignar recursos desde sectores de baja productividad hacia otros de mayor productividad, como textiles, electrónica o maquinaria.
En la última década, la participación argentina en el mercado textil global se mantuvo sin avances relevantes, mientras que la electrónica y la maquinaria no lograron consolidarse, limitando la generación de ingresos.
Durante los últimos cinco años, la dinámica exportadora estuvo impulsada principalmente por el agro. Sin embargo, la comercialización agrícola cayó recientemente, lo que, según el estudio, resulta “preocupante” al tratarse de un sector que además enfrenta retrocesos.
Los investigadores señalaron que el conocimiento productivo existente ofrece oportunidades moderadas de diversificación, aunque recomendaron una estrategia de “política industrial parsimoniosa”, enfocada en remover cuellos de botella que permitan avanzar hacia nuevos productos. Entre los sectores con mayor potencial mencionaron la maquinaria industrial y el hierro y acero.
Proyección de bajo crecimiento
El informe concluye que la Argentina es “menos compleja de lo esperado para su nivel de ingresos”, por lo que proyecta que su economía crecerá apenas 0,4% anual hasta 2034, ubicándose en la mitad inferior del desempeño global.
Señales mixtas desde el IIEP
Por su parte, el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), dependiente de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, observó que en 2025 las exportaciones de bienes diferenciados crecieron 4,3%, marcando el segundo año consecutivo en alza.
No obstante, el ritmo se desaceleró en la segunda mitad del año debido a la reestructuración del sector automotor hacia vehículos utilitarios, lo que redujo temporalmente los envíos. Excluyendo ese rubro, el incremento fue del 11%.
Se destacaron las exportaciones de carne y pesca en envases preparados para consumo final, que avanzaron 33%, impulsadas por mayores ventas de carne vacuna a Estados Unidos. También crecieron el sector químico (12% interanual), especialmente productos farmacéuticos, y el rubro de maquinaria y equipo, donde sobresalen hilos y cables.
Federico Bernini, economista del IIEP, consideró que el desempeño de 2025 no implica necesariamente un cambio estructural en términos de complejidad exportadora, aunque destacó señales alentadoras. Entre ellas, mencionó el aumento en la cantidad de combinaciones de productos y destinos atendidos por la Argentina, un factor que suele asociarse con mayor dinamismo exportador.
Además, subrayó que el crecimiento de los bienes diferenciados se distribuye de manera amplia y no se concentra en un único sector. En cuanto a la industria automotriz —principal motor del segmento—, atraviesa una transición hacia la fabricación de vehículos utilitarios. Si bien esto genera una caída transitoria en los despachos, se prevé una recuperación de las exportaciones a partir de 2027, una vez que los nuevos modelos estén plenamente disponibles.




