Las fuerzas armadas intensificaron sus operaciones de defensa aérea. En ese escenario, Arabia Saudita neutralizó una ofensiva tras interceptar un dron dirigido a La Meca en plena escalada bélica en Medio Oriente, aunque los rebeldes hutíes desmintieron haber ordenado dicha maniobra.
El conflicto regional arrastró a Yemen tras años de relativa calma, en un contexto reactivado a finales de febrero a partir de la ofensiva militar desplegada por Estados Unidos e Israel contra Irán.
Los insurgentes proiraníes, que combaten al gobierno respaldado por la monarquía saudí, tomaron el control de la costa yemení sobre el mar Rojo, reforzando su dominio estratégico sobre el estrecho de Bab el Mandeb.
Frente a este avance, la defensa saudita reportó la destrucción de “un dron hostil lanzado por la milicia terrorista hutí antes de que ingresara al espacio aéreo restringido de la capital sagrada” del islam.
Y desde la coalición que interviene en el territorio yemenita remarcaron la gravedad del episodio: “La seguridad de las dos mezquitas sagradas y de sus visitantes constituye una línea roja”, advirtió el mando militar.
La reacción diplomática no tardó en llegar. La Organización para la Cooperación Islámica repudió lo acontecido al denunciar “ataques atroces que profanan la santidad de los lugares sagrados y hieren los sentimientos de los musulmanes de todo el mundo”.
En la misma sintonía, el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, condenó “en los términos más enérgicos posibles el cobarde y abominable ataque contra La Meca”.
Impacto directo en los mercados globales
La tensión bélica volvió a presionar sobre las cotizaciones internacionales de la energía. El barril de crudo Brent cotizó a 108,5 dólares en los mercados asiáticos, ubicándose cerca de un 80% por encima de los valores previos al inicio de las hostilidades.
En contraposición, la dirigencia rebelde desestimó las acusaciones oficiales. A través de la red social X, el referente Hazm al Asad calificó las denuncias de Riad como “una mentira trillada”.
Pese a la desmentida, el gobierno saudí activó una alerta aérea formal sobre la ciudad santa, marcando un precedente inédito para el centro de peregrinación religiosa.
Ante el recrudecimiento de la violencia, la Embajada de Estados Unidos en Riad emitió un comunicado oficial donde recomendó a sus ciudadanos reconsiderar cualquier viaje al país y evitar las zonas fronterizas con Yemen.
Disputa por las rutas de navegación
En el plano diplomático, el príncipe heredero Mohamed bin Salmán y el mandatario egipcio Abdel Fatah al Sisi mantuvieron una cumbre en El Cairo con el objetivo de “garantizar la libertad y la seguridad de la navegación marítima” en los pasos clave de la región.
La ruta comercial que conecta Europa y Asia mediante el canal de Suez cobró vital relevancia luego de que Irán bloqueara el paso por el estrecho de Ormuz. Respecto a un eventual corte total en el mar Rojo, desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de Catar catalogaron el panorama como un escenario de consecuencias “catastróficas”.
Mientras los insurgentes sostienen que el tránsito civil no corre peligro excepto para las embarcaciones saudíes, el grupo afirmó haber derribado un avión militar de la coalición y denunció más de 450 bombardeos saudíes durante la última semana.
A estos incidentes se sumó la interrupción del oleoducto Este-Oeste tras sufrir impactos de aeronaves no tripuladas lanzadas desde territorio iraquí, según precisaron fuentes gubernamentales.
La crisis humanitaria continúa agravándose de forma paralela al frente militar: el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados confirmó que al menos 100.000 personas fueron desplazadas desde el reinicio de los combates armados.


