Las autoridades de Arabia Saudita activaron durante la madrugada una alerta aérea en Riad tras registrarse fuertes explosiones en la capital y detectarse columnas de humo en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional Rey Khalid, en un episodio que elevó al máximo la tensión regional.
La terminal aérea de la capital experimentó importantes perturbaciones operativas, con vuelos cancelados y demorados mientras se evaluaba el impacto del ataque. Minutos antes de las 03:00, los residentes recibieron notificaciones de emergencia en sus teléfonos móviles y escucharon dos detonaciones, hasta que la defensa civil levantó la advertencia 30 minutos más tarde.
Varios testigos confirmaron la presencia de fuego y humo negro en un perímetro próximo a la terminal. Un joven de 27 años relató que sus ventanas “temblaron” tras la alarma oficial, al tiempo que otro vecino calificó la situación de “aterrador”, advirtiendo sobre el pánico generalizado ante la demora en confirmarse la señal de cese de peligro.
Escalada militar y control marítimo
El incidente se enmarca en la reanudación del conflicto en Yemen, donde los rebeldes hutíes —respaldados por Irán— avanzaron sobre amplias zonas territoriales y aseguraron el dominio de la costa del mar Rojo, lo que les otorgó control sobre el estratégico estrecho de Bab al-Mandab.
A raíz de esta situación, los envíos marítimos de crudo saudí a través de ese paso clave disminuyeron a partir de julio, en un contexto de serios riesgos logísticos para el comercio internacional.
En ese marco, el gobierno saudí acusó formalmente a la milicia rebelde de intentar atacar la ciudad sagrada de La Meca, calificando el episodio como un “cobarde ataque terrorista”. En contraposición, los insurgentes rechazaron el señalamiento y lo catalogaron como una “mentira gastada”.
Asimismo, trascendió que los rebeldes consolidaron la instalación de radares y túneles en las zonas costeras bajo su control, mientras que miembros de la Guardia Revolucionaria de Irán visitaron las posiciones operativas en los últimos días.
Respaldo armamentístico y crisis humanitaria
Pese a que la respuesta bélica de Riad incluyó decenas de bombardeos sobre territorio yemení, las incursiones no lograron frenar el avance insurgente. En esa línea, la monarquía solicitó asistencia militar directa a Estados Unidos, pero Washington rechazó intervenir directamente en bombardeos contra los rebeldes.
Sin embargo, el Departamento de Estado de Estados Unidos aprobó la venta de 48 cazas F-35 por una suma de USD 24.300 millones a la corona saudí, con el objetivo de afianzar su sistema defensivo en un escenario regional marcado por las hostilidades con Teherán.
Por su parte, la ONU constató que la reactivación de las hostilidades provocó el desplazamiento forzado de más de 112.000 personas y forzó a casi 3.000 yemeníes a refugiarse por vía marítima en Djibouti, agravando el cuadro humanitario.
La ofensiva sobre la capital saudí evidencia que la guerra yemení vuelve a golpear infraestructuras clave, aumentando la presión internacional para contener el conflicto en las inmediaciones del Golfo.


