La ciudad de Reconquista quedó en estado de máxima alerta tras confirmarse que el frigorífico Friar puso en marcha un plan de retiros voluntarios y avanzó con el despido de 30 trabajadores en sus áreas administrativas.
El fuerte ajuste impacta de lleno en la economía local debido a que la compañía representa el mayor motor de empleo formal en esa localidad santafesina.
Desde la Municipalidad de Reconquista observan con preocupación el escenario, donde ya se confirmaron al menos seis retiros voluntarios y se proyectan recortes más profundos en la plantilla.
Una crisis que se acelera
La decisión patronal profundiza un deterioro operativo que la empresa arrastra desde hace dos años y medio.
Durante este período, la firma implementó un régimen de garantía horaria que redujo la jornada laboral, pero eliminó de cuajo los adicionales por producción y exportación que engrosaban los sueldos.
Como consecuencia directa del recorte horario y los conceptos suprimidos, los ingresos mensuales de los operarios cayeron casi al 50% de sus registros habituales.
Frente a esto, la Federación de Sindicatos de Trabajadores de la Carne y Afines de la República Argentina (Fesitcara) denunció que el último aumento paritario apenas alcanzó para costear un kilo de carne en el bolsillo de estos operarios.
En sintonía, desde la obra social sindical advirtieron que la recaudación de aportes patronales y salariales se volvió insuficiente para garantizar la cobertura médica de los grupos familiares.
El retroceso fabril también es elocuente en los corrales: sobre una capacidad instalada para faenar 850 animales por día, la planta opera actualmente a un ritmo de apenas 500 cabezas diarias.
Esta merma superior al 40% en la capacidad de procesamiento productivo bloquea cualquier negociación de mejora salarial en el corto plazo.
Impacto nacional en la industria cárnica
El secretario general de Fesitcara, Leonardo Escobar, remarcó que el conflicto no es un caso aislado y que responde a un quebranto extendido en el sector cárnico argentino.
En ese sentido, el dirigente explicó que el desplome del consumo popular y el freno de las ventas internas ya provocaron cierres de plantas y cesantías masivas en la provincia de Buenos Aires.
Las estadísticas privadas convalidan el diagnóstico gremial: durante los primeros ocho meses del año, la ingesta de carne vacuna cayó un 11,3% interanual, situándose en 46 kilos anuales por habitante.
El dato representa el piso de consumo más bajo de los últimos 110 años, igualando el piso histórico registrado en el país en 1920.
Asimismo, el sector acusó un salto inflacionario del 51,2% en los cortes vacunos, mientras las ventas externas apenas crecieron un 6,5% gracias a las exportaciones hacia Estados Unidos.
Fuente: Gestión Sindical.-


