Aerolíneas Argentinas decidió dar de baja los vuelos especiales al Mundial que iban a partir desde el 8 de junio próximo desde Córdoba, Rosario y Tucumán con destino a Miami, a menos de 20 días del inicio de la Copa del Mundo que tendrá a Estados Unidos como una de las tres sedes organizadoras.
Según explicaron desde la compañía, la medida se tomó por un combo de factores: un aumento cercano al 50% en los precios de los combustibles por el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente y una demanda local que nunca llegó a despegar, en buena parte por el valor de las entradas a los partidos.
Operación concentrada en Buenos Aires y apuesta por la rentabilidad
Con los costos operativos en alza, la aerolínea de bandera optó por priorizar la rentabilidad y centralizar toda su operación en Buenos Aires, cancelando el plan original de operar frecuencias semanales con escala técnica en Punta Cana a partir del 8 de junio.
Desde la empresa admitieron que esperaban un repunte de ventas de último momento que jamás ocurrió, ni siquiera tras el lanzamiento de tarifas especiales, lo que terminó de confirmar que los hinchas del interior deberán canalizar sus viajes a través de los 20 vuelos semanales que se mantienen desde el Aeropuerto de Ezeiza.
Este escenario, remarcan, expone la fragilidad de los bolsillos de los hinchas argentinos, que no resisten el peso del costo total de los paquetes de viaje, pese a que, según los últimos reportes de la FIFA, Argentina se mantiene firmemente en el top 10 de países que más tickets compró para la Copa del Mundo.
Vuelos a Dallas y Kansas City siguen en pie
Aerolíneas Argentinas confirmó, en tanto, que los vuelos especiales directos hacia Dallas y Kansas City —ciudades clave en el fixture del equipo nacional— se mantienen sin modificaciones y con altos niveles de ocupación.
Del mismo modo, aclararon que, si la Selección supera las distintas etapas del Mundial y la demanda lo requiere, se podrá analizar el relanzamiento de algunas de las rutas que hoy se dieron de baja o la apertura de nuevas rutas especiales para acompañar el recorrido del conjunto argentino.
Entradas primero, logística después
La fiebre por ver al equipo campeón del mundo hizo que miles de argentinos priorizaran la compra de los pases oficiales a los partidos, una inversión que consideran única, con la esperanza de resolver más adelante la logística del traslado y el alojamiento o de encontrar alternativas individuales más económicas.
Sin embargo, al momento de cotizar el viaje completo, la realidad económica se impuso con dureza: los elevados costos asociados al transporte y la estadía se volvieron prohibitivos para muchos hinchas.
Al encarecimiento de los pasajes aéreos internacionales se sumaron la devaluación y la pérdida de poder adquisitivo, transformando la travesía en un lujo imposible para la mayoría de los simpatizantes.
Un enfriamiento turístico que preocupa en América del Norte
Esta falta de tracción en las reservas, de todos modos, no es un fenómeno exclusivamente argentino, sino que se alinea con una tendencia global de enfriamiento turístico que preocupa a los organizadores en América del Norte.
La Asociación Americana de Hoteles y Alojamientos (AHLA) advirtió recientemente que el nivel de reservas en casi todas las ciudades anfitrionas se encuentra muy por debajo de las proyecciones iniciales, poniendo en riesgo el impacto económico multimillonario que se había prometido para esta edición del Mundial.
El detonante de este freno generalizado fue la devolución masiva de hasta un 70% de las habitaciones de hotel que la FIFA había bloqueado inicialmente en sedes neurálgicas como Boston, Dallas, Los Ángeles, Filadelfia y Seattle.
Esta liberación tardía de plazas distorsionó por completo la percepción de la demanda real del mercado, golpeando la planificación comercial de las cadenas hoteleras, sus proyecciones de ingresos y la contratación de personal temporal.
Desde la AHLA apuntan directamente a una combinación de factores desestimulantes para los visitantes internacionales: el excesivo valor de las entradas, el elevado costo del transporte interno en Estados Unidos, una fuerte carga impositiva y el complejo contexto político actual.
En síntesis, el combo global de precios elitistas terminó por configurar un Mundial de estadios llenos pero de pasillos aéreos y hoteles llamativamente vacíos, un contraste que ya obliga a revisar estrategias comerciales y expectativas económicas en toda la región anfitriona.




